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Cultura
Hoy es Lunes, 08 de Agosto de 2022
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 20 de Junio de 2022, Lunes

J.J. Caballero

Cultura -

Las noches en que lo furtivo suple a lo cotidiano, si es que ambas no son ya una, se cometen los verdaderos actos eximios. No importa qué ni quién ni cuánto ni cómo, ni que no haya asientos suficientes para asistir a la continuación de la fiesta, solo importa el cuándo o el dónde o el qué o el porqué. Al día siguiente, con sus respectivas noches venideras, vislumbrar un nuevo horizonte de pegamento para que las heridas no sean solo de guerra será la nueva misión a cumplir. O la vieja visión a fundir. Tanto da que cuanto te dan, y ofrecer a estas alturas es la moneda del cambio del olvidado y manido cambalache de sentimientos. Entran en juego entonces las manos ansiosas, las bocas fundidas a negro, los dientes teñidos de sangre y de deseo, los cabellos ralos y rugosos en el cuero. Un duro trabajo para los bomberos del atardecer y los plañideros del amanecer, que apagan el fuego del amor antiguo con coñac de batallas perdidas. El que se sirve a la vuelta del otro desengaño, el que se hierve a la suerte del postrer apaño. Todo lo que vendrá después.

                A resguardo del turbión me guarezco y me regodeo en el desenlace. A él se ha de llegar tras caminos de camisas de fuerza, empedrados de asco y miedo y vergüenza. Conjunciones para un apocalipsis de mentira. Atenciones para un renacimiento de segunda. Las musas son las de tercera división, entonando el ora pro nobis que nos llevará al aire. Bajo el temporal dos amantes rotos anuncian un abrazo partido en dos. Veo sus siluetas alejarse al son que marca la hierba mientras crece. Me tumbo en el suelo a oírlos llorar, despidiéndose en silencio, marcando la distancia entre la justicia y la infamia. Hay tantas cosas por las que lamentarse y tan poco tiempo de pararse a pensar en ellas que las ideas urticantes verberan en la verbena de la lluvia. A las plantas lo que es del agua y al mar lo que es del cielo. Entresuelos para hablarle a los muertos. Cortafuegos para contestarle a los vivos. Vivir ya es solo gratis para quien dejan vivir a los demás, para los que no juzgan ni quieren ser juzgados por lenguas de hiel. El amargor y la amargura. El ardor y la cordura. El sopor y la hartura. Seres dilectos contra sones predilectos. Adiós y hasta nunca.

                El cálculo se hace a ojímetro para que no quede constancia del instinto pugnaz que fuerza por salir a la luz. Cuento con la anuencia de la multitud muda, empeñada aún en reivindicar causas que ya pasaron al archivo de los males menores una madrugada sin fin ni principio. Entretanto, el pájaro de mal agüero alza el vuelo, puede que vaya a por otros como yo, o tal vez roce con sus alas las plumas de otro de perfil más bajo y honestidad más pura. Como nosotros, que nos enzarzamos en cuitas sobre planetas paralelos y desiertos por habitar. Llevamos los adminículos correctos y efundimos las sustancias adecuadas, solo falta que haya un público dispuesto a escuchar. A escudriñar y acatar. A rapiñar y atacar. La historia de la humanidad está llena de agresividades en pro y contra, de castaños que dan nueces verdes y almendros que germinan en bellotas carmesí. Un jardín multicolor en un tiempo que tiende al gris oscuro. Al oscurecer acudo ufano a recoger los seráficos bienes como recompensa a la paciencia. Que alguien nos pille confesados, porque comulgados y expulsados del paraíso ya lo fuimos una vez. Allí bebimos el aloque de nuestros santos pecados y nos quitamos de una vez por todas el bozal del miedo eterno. Del bocoy que nos prohibieron expulsaron el líquido sanador y solo tuvimos que entreabrir los labios para recibirlo enloquecidos. Nos quedaba apenas el rumiajo, que también fue desechado en el enésimo acto de constricción. Nada que objetar, señorías.

                Para la próxima comparecencia prometo mostrarme igual de languciento por demostrarme a mí mismo y a quien proceda que no lo volveré a hacer más. No es que lo sienta, ni tampoco que lo presienta, aunque a lo mejor disienta del modo en que lo pienso. Ni yo mismo, ni nadie, sé a qué atenerme cuando suenan las campanas advirtiendo de la penúltima llamada. Al casting del circo de los ciegos se presenta el sordo sin intérprete ni lengua de signos propia. Y así, sacando las cosas de quicio y adjudicando lugares equivocados a las cosas importantes, va pasando la vida. Nos limitamos a comer lo que otros han guisado y no se admite ni un mísero pestañeo como postre. Carne de cañón en la encrucijada, eso somos.

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J.J. Caballero

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