Publicado el 16 de Diciembre de 2016, Viernes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Así se llama, no crean, un tema de Pauline en la Playa, una canción como una puesta de sol. Sonidos que rezuman nostalgia y claridad al mismo tiempo. Describe un estado de ánimo tan delicado que por momentos parece que se va a resquebrajar, como nuestro mundo. Por eso vuelvo una y otra vez a ese álbum, porque estas últimas semanas de noviembre, parece que confirman los peores augurios.
Por un lado, la victoria de Trump auspicia un escenario incómodo para todo el planeta. Ya se verá hasta donde llega su poder. Lo que sí está claro es que el resto de la humanidad deberíamos de formar parte de las elecciones estadounidense, no en vano, nuestras vidas dependen más de su desaliñado aspecto que de las propias instituciones europeas o nacionales. Tiemblan los suyos y los ajenos, los negros, los hispanos, los europeos, los de la OTAN…, todos, menos la bolsa.
Por otro lado, en menos de 48 horas ha muerto Marcos Ana y Fidel Castro. Dos referentes de la lucha contra el fascismo y el capitalismo desde posiciones abiertamente comunistas. Dos personas que poco antes de cerrar los ojos tuvieron que ver, aunque sea de soslayo y sin fuerzas, que sus ideales de justicia social se hunden definitivamente en el mar del liberalismo trumpiano y el consumismo paradigmático del horripilante black Friday para memos y pobres.
"Así o asá, hoy voy a ponerme guapa./ Al fondo el mar, sonrían, digan patata/ que el mundo se va acabar.../ hoy no, pero acabará…" Repite Alicia Álvarez lánguidamente, mientras parece sostenernos como a un bebé en sus brazos. Hoy no acabará, pero este mundo ya está más acabado que ayer, por culpa de Trump, por ausencia de Marcos y Ana. Descansen en paz. De la otra muerta, ni una palabra, ya hemos soportado bastante desvergüenza nacional.
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