Portada
Actualidad
Opinión
Política
Sociedad
Cultura
Entrevistas
Deportes
Humor
Psicología
Ocio
Curiosidades

Envíanos tu artículo

 
 
Pueblos
Servicios
Hemeroteca
Fotografías
Enlaces Interés
 
 
 
¿Quiénes somos?
Publicidad
Contacto
Localización
Suscripción
 
 
Diseño Web
 
 
 
 
 
Opinión
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
Félix Suárez Escobar
Alto Voltaje.
Publicado el 16 de Febrero de 2013, Sábado

Lourdes Paredes Cuellas

Opinión -

El otro día estaba hablando con un amigo, arreglando un poco España, ya saben. Se me quejaba de que hay que ver la corrupción galopante que tenemos encima y como los políticos (algunos) colocan a sus familiares, amigos y conocidos donde les da la gana y sin que nadie les pare. Servidor ni se inmutó, no porque me pareciese bien, ni mucho menos, ni porque lo considerase como algo natural y aceptable, sino porque en esta tierra nuestra es difícil estar libre del pecado del enchufismo. Este hábito está incrustado en lo más profundo de nosotros (lleva ocurriendo desde tiempos de los iberos, pasando por Roma y por la ocupación islámica), unos lo llevan a cabo y no creo que nadie (no se me suban a las paredes, no se me hagan los puritanos, sean sinceros consigo mismos) esté a salvo por lo menos de la tentación de hacerlo y más en lugares donde todo el mundo se conoce por hache o por be. Podemos poner multitud de ejemplos, pero me voy a centrar en algunos de los más comunes.

- En el trabajo.

Bastante corriente es ver como en algunos sitios, sin ser una empresa familiar, hay auténticos clanes infiltrados, esto no tendría nada de malo si no es porque normalmente los enchufados lo han sido, no por una simple recomendación y posterior entrevista, sino porque uno de los encargados de marras los ha ido metiendo y, además, suele ser bastante corriente que los enchufados, amparándose en la cortina protectora de aquél que los metió allí, tengan cierta tendencia ser unos chivatos y unos flojos. En el caso de las empresas familiares es aún peor, puesto que los jefes, que además son los dueños, la inmensa mayoría de las veces en vez de contratar a alguien competente y con un currículo en condiciones, suelen meter a los miembros de la familia que entonces se pueden escudar en papá, mamá, su marido o mujer (o en su tío no sé menos) para no dar palo, además de ser un incordio insidioso para el resto de trabajadores. Me apuesto con ustedes lo que quieran a que conocen algún ejemplo con nombre y apellidos de lo que les acabo de exponer y que están algo más que hartos, del o los personajes portadores de dichos nombres y apellidos. Pero eso no es lo más grave, lo más grave es que me temo, y no sin razón,  que si alguno de ustedes o el que les escribe  tuvieran un negocio y necesitaran mano de obra, antes contratarían a un amigo, familiar o conocido menos preparado, que a un desconocido buen conocedor de su oficio ¿Por qué? Porque tu hermana está parada y las está pasado canutas (y eso que es más floja que un “muelle guita”), tu colega no sé menos es de fiar y un tipo muy majo (aunque no sepa hacer la “o” con un canuto) o porque le tengo que devolver un favor de los gordos a fulanito de copas y no me queda más remedio que cargar con su prima segunda en la plantilla (y eso que no crea más que problemas por allí por donde pasa) o porque, más retorcidamente planteado, con gente de la familia o amistades, tengo a los que no lo son más “controladitos” (es decir amedrentados gracias a mi red de informadores de toda confianza). Como pueden ver, ninguna de estas razones para contratar a un enchufado es objetiva o positiva y el resultado final es tener a los que no lo son de mal humor y peor disposición, amén de dejar en el paro a gente mejor y más válida. También es verdad que no siempre es así, a veces el hijo/a, pariente o amigo/a de fulanito, es  “apañao”, entonces (es curioso) dejamos de calificar a meter a un pariente o conocido como enchufado para denominarlo de cualquier otra manera menos peyorativa.  Pero así somos aquí y, lo más divertido: normalmente casi nadie rechaza un enchufe, si bien en nuestras conciencias procuramos justificarlo cuando lo recibimos, para eso las excusas son variadas, al gusto del consumidor.

- En la administración pública.

Si en una empresa privada, que al fin y al cabo es propiedad de uno (o de unos pocos) esta situación es un fastidio, pero perfectamente legal, lo que es el remate es cuando la situación antes descrita se financia con el dinero de todos. Hay una serie de personas que han convertido el ocupar cargos públicos en un auténtico medio de vida y, como les va bien, procuran que sus allegados y descendientes se dediquen a lo mismo o se beneficien de ello. Hay auténticos casos sangrantes, no les voy a poner ejemplos definidos, para eso pueden poner cualquier informativo. En principio, no hay nada ilegal en ello, nada prohíbe que miembros de una misma familia estén en política o recibir un sueldo de una empresa pública, pero es que estos apellidos se perpetúan y lo malo es que cuando se crean dinastías, al final pueden acabar pensando que lo público forma parte de su patrimonio, que nadie tiene derecho a ocupar los cargos públicos más que ellos y que además, para colmo, tienen derecho a decidir quien sí o quien no tiene derecho a recibir tal o cual prebenda (al margen de lo que la ley dispone), lo que termina por degenerar en corrupción o, más grave aún, en la muerte de la democracia y del Estado como concepto colectivo, como patrimonio de todos, para ser patrimonio de una casta todopoderosa, coaligada con los grandes grupos de poder económico del sector privado. Pero ¿Les podemos culpar de ser así, si nosotros en nuestra vida diaria actuamos de forma similar, si a la primera oportunidad que tenemos enchufamos a los nuestros? ¿Sí o no? Extrapolando las situaciones, esta gente vive de la política  -porque desgraciadamente así se lo hemos permitido- igual que el que vive de un negocio (y lo ven de lo más normal), así que si nosotros veríamos más o menos natural enchufar a un allegado y hacer negocio desde nuestro puesto de trabajo, ellos también, al fin y al cabo tanto ellos como nosotros somos hijos de la misma sociedad, una sociedad donde los enchufes y las corruptelas, sean de alto o de bajo voltaje, en el sector público y en el privado, legales o ilegales, están a la orden del día. Triste ¿No creen?

Opinión : Últimas noticias

IDIOTAS

LOS AGRICULTORES COMO EJEMPLO

DE LÍDERES Y DE LOCOS

  • Comentarios de los lectores
  • No hay comentarios para esta noticia... Se el primero en comentarla!
Comenta esta noticia


Nota: los comentarios serán publicados tras ser revisados, por lo que pueden no aparecer inmediatamente tras ser enviados.
 
Portada - Contactar - Pueblos - Inscripción - Escribe tu artículo - Hemeroteca
Guadiato Información - www.publicacionesdelguadiato.com
Diseño web : azuanet