Publicado el 15 de Abril de 2013, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Reflejo de la realidad de este país, el fallecido Carlos Cano describía una situación que había padecido la mayor parte de la población, la emigración. Era el año 1.975 cuando Carlos Cano con su canción “El Salustiano” ponía de manifiesto la problemática que se había sufrido, junto a otras diversas cuestiones que se producían y eran origen de la misma, caciquismo, corrupción, desigualdad, hambre, etc. Tantos años después y ya en el 2.013, como si este país volviese a repetir su historia, todas estas cuestiones vuelven a estar desgraciadamente en la sombra.
Estos condicionantes, que falsamente se creían como hechos del pasado, vuelven a marcar la agenda de nuestra actualidad diaria. Ante esto, los últimos datos publicados por parte del INE (Instituto Nacional de Estadística) vienen a constatar un proceso que se está desarrollando, como es el fenómeno de la emigración. Este hecho contrasta con el desarrollo económico sufrido por España a partir de 1.993, siendo este un lugar atractivo. Nuestro crecimiento económico en sectores como la agricultura, turismo, servicios y construcción con una importante necesidad de mano de obra hizo aumentar el fenómeno de la inmigración. Este fenómeno inmigratorio se puede cifrar con los siguientes datos de Eurostat, el número de inmigrantes en España es el 12,3% de la población, el doble de la media comunitaria, siendo el segundo país de la Unión Europea con mayor número de extranjeros.
La alta tasa de desempleo está produciendo un abandono de españoles del país en busca de un futuro, la posibilidad de encontrar un empleo fuera de nuestras fronteras como anteriormente hicieron generaciones anteriores y como, hasta hace tan sólo unos años, han realizado diferentes poblaciones viniendo hacia nuestro país, es un elemento más que preocupante. Las negativas consecuencias de todo este proceso migratorio pueden ser muchas, a corto plazo claramente perjudiciales pero a largo plazo desconocidas y no por ello, cargadas de dramatismo y catastróficas. Tal situación, desde importantes responsables políticos del estado como empresariales, han sido valoradas con una absoluta falta de desconocimiento sobre el fenómeno, así como también una destacada infravaloración del mismo. No digamos de una falta de sensibilidad, se trata de personas que deben de abandonar su lugar de origen, dejando sus familias, seres queridos, ciudades... y comenzar sus nuevas vidas en lugares desconocidos con dificultades culturales, sociales, lingüísticas, etc. Todos recordamos comentarios como los de mandar a los parados a “Laponia” o que la emigración respondía al “espíritu aventurero de la juventud” que reflejan este posicionamiento.
Un país que pierde a su población, que ve cómo se produce la marcha de sus jóvenes, cómo toda la inversión realizada en ellos a través de las universidades y centros educativos se va a otros países, cómo los investigadores se alejan ante la falta de proyectos, no puede permitirse que este hecho siga pasando inadvertido, “El Salustiano” de Carlos Cano podría dejar de formar parte de nuestro pasado para volver a ser de nuevo nuestra realidad.
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