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Opinión
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Félix Suárez Escobar. Licenciado en Historia.
EL TREN (SEGUNDA PARTE)
Publicado el 15 de Abril de 2013, Lunes

Lourdes Paredes Cuellas

Opinión -

Exponer los males nacionales no es muy complicado, cuantas veces no nos habremos parado a hablar con alguien y nos hemos dedicado a arreglar España, como se dice coloquialmente. Motivos de queja hay infinidad, lo que les comenté respecto al AVE es sólo uno, pero bien sirve para ilustrar el principal problema del país: no todos somos iguales en derechos, obligaciones y bolsillo, especialmente porque los que menos dinero tienen, son los que más cargas soportan y menos derechos disfrutan, además somos la mayoría. Pero este desastre tiene arreglo. No es fácil, es fatigoso, requiere esfuerzo, constancia y tener las cosas claras, junto con lo más complicado: ponerse de acuerdo y actuar con unidad. Lo que les voy a dejar a continuación son una serie de ideas para que las cosas sean de otra manera, porque realmente pueden serlo. Si les gusta, bien, si no, bien también, por suerte todavía nos queda la libertad de pensamiento.

A)    Un nuevo modelo económico:

Casi todo el mundo asocia Estado con Hacienda, Seguridad Social, Guardia Civil, Ejército, Congreso, Senado y la Moncloa. También lo asocian con burócratas, papeleos interminables y la famosa frase de “pues vuelva usted mañana”. Eso sólo es la fachada, siento decepcionarles, el Estado somos usted, yo y el vecino de al lado, entre otros. Sé que suena raro, pero es así. El Estado somos todos, toda la ciudadanía española que ha decidido dotarse de una serie de instituciones y normas para regular la convivencia en común dentro del territorio nacional. Pero hay un problema: el Estado está hecho a la medida de los mil quinientos individuos que (según el Banco de España)  controlan el 80% de la riqueza nacional. Ya sé que a esto me he referido otras veces, a lo mal repartido que está el mundo, pero es la clave de todo lo demás. Hay que repartir mejor lo que hay, por muchos motivos. El primero es que exista una verdadera democracia, puesto que hoy día lo que hay es un poder económico que hace que la clase política trabaje a su favor en detrimento del resto de la ciudadanía, por tanto, sólo anulando el poder de esas grandes fortunas eliminaríamos su influencia. Hay que evitar que existan grandes grupos de poder económicos en manos privadas, por tanto tenemos que socializar y nacionalizar la riqueza de este país, más o menos como sigue:

Grandes empresas y grandes latifundios: en este caso el 50% del capital ha de estar en manos de la Administración Central del Estado y el otro 50% en manos de sus trabajadores, para garantizar un equilibro de fuerzas. En este modelo el Estado ha de coordinar, proporcionar asesoramiento, controlar las líneas maestras de funcionamiento, garantizar la distribución de lo producido y proveer de fuentes de financiación (si así fuera necesario). Mientras, los trabajadores han de gestionar el funcionamiento directo de las empresas y explotaciones e implicarse más ampliamente, no basta con comités de empresa, no basta con sindicarse, han de ser los trabajadores en asamblea los que decidan como organizar la producción y como repartir las pérdidas y los beneficios que las empresas y fundos generen (en proporción a la parte de capital en sus manos). Hay que ser responsables, la responsabilidad es la clave de la libertad individual y colectiva, si no asumimos nuestra parte de responsabilidad al final acabamos como ahora, dirigidos, anulados y explotados.

Pequeñas y medianas empresas: en este caso no basta nacionalizar por decreto, no es la mejor vía, en este caso son las administraciones públicas las que -mediante medidas financieras, fiscales y laborales- incentiven la socialización de la PYMES en el más alto grado posible y, en caso de que no sea viable la socialización o sean los propios trabajadores los que se pronuncien en su contra, no tomar ninguna medida en ese sentido. En el caso de la pequeña y media explotación agraria, eminentemente de tipo familiar, habría que fomentar que estos propietarios se integrasen en versiones ampliadas y potenciadas de las actuales cooperativas a fin de aumentar su peso específico en el mercado y que puedan defenderse de los abusos y competir más eficazmente.

En fin, dirán ustedes, ¿Qué conseguimos con que la gente sea dueña total o parcialmente de la empresa donde trabaja o la tierra que cultiva? Primero, que la riqueza esté mejor repartida; segundo, que una empresa o explotación agraria propiedad de los trabajadores está dispuesta a hacer los sacrificios que sean necesarios para seguir funcionando, con lo que se mantienen los empleos y el tejido productivo, se genera estabilidad en el empleo y además, cuando la gente tiene estabilidad, hace planes y consume, creando a su vez nuevas necesidades y nuevos empleos; tercero, que las empresas socializadas no se van a otros países en busca de mano de obra más barata, no hay deslocalización (sería ridículo cerrar tu propio negocio e irse a montarlo fuera); cuarto, que con la riqueza en poder de la mayoría hay más libertad de elegir a quien se crea conveniente para estar al frente de las instituciones, sin presiones, porque al estar el dinero en más manos, los sobornos, las comisiones ilegales, la manipulación interesada de la información, son más difíciles de llevar a cabo. Cuento con que alguno de ustedes suelte, “este tío es un rojo que cree en utopías” ¿Utopías? En absoluto, les voy a dar un ejemplo real, en España (nacionalismos aparte), concretamente en la provincia de Guipúzcoa, el territorio donde las cooperativas están más fuertemente implantadas, un lugar donde el nivel de vida es bastante mejor que aquí y donde  el paro no alcanza ni remotamente el 33% de Córdoba, tienen un paro más bajo que aquí durante los supuestos “buenos tiempos” ¿Seguro que lo que les he expuesto es una utopía? Yo creo que es un caso bien real. Eso sí, alguien o algunos deben de estar interesados en que no sea así en el resto del país, puesto que, aunque nacionalista y radical, es la izquierda la que se lleva el gato al agua electoralmente en Guipúzcoa y eso para los grandes negocios no es bueno, pero para la mayoría de la gente es más justo. Sé que me repito, pero mejor reparto de la riqueza es igual a una mejor gestión de todo lo demás. (continuará, si es posible).

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