Publicado el 15 de Septiembre de 2013, Domingo Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - A pocos
días del inicio del curso escolar se aviva entre las madres (que no los padres)
el debate acerca del uniforme escolar. Un debate que se mantiene en la puerta
del colegio durante los nueve meses que dura el curso académico y que fluye
paralelo a las hordas de piojos en un vaivén que se me antoja detestable.
¿Argumentos a favor del uniforme? Homogeneizar, equiparar e
igualar. La verdad, así visto, parece positivo y hasta saludable. Y en este
argumento se planta la defensa. ¿La realidad? uniformar a las personas es
despojarlas de su identidad. Creo en la diferencia y la entiendo como positiva.
Aborrezco a las personas temerosas de lo diferente porque se comportan de
manera dañina con su entorno y a través del recelo, la envidia y la crítica se
encierran, estériles, en una burbuja endogámica de la que no quieren salir
nunca. Nuestros niños y niñas serán sanos cuando crezcan rodeados de
diversidad, sólo así serán adultos/as tolerantes, empáticos, comprensivos y
respetuosos.
En una sociedad supuestamente democrática (como por ejemplo ¿la
nuestra?) la variedad, la pluralidad y la diversidad… deben ser entendidas como
valores en alza con capacidad de aportar riqueza (y futuro) a la colectividad.
Y especialmente la escuela, como estamento social de naturaleza inclusiva e
integradora, debe entender la diferencia como una oportunidad de aprendizaje
personal.
Todo ello sin atender a la superficialidad de la estética, y es
que al rancio diseño de los uniformes escolares (cuyo estilismo se rige por la
moda de los años cuarenta) hay que añadirle el componente sexista de la
(impuesta) falda del modelo femenino.
Lo raro es que el gobierno, conforme a la línea social
homogeneizadora que se ha propuesto para con nuestra sociedad, no
introduzca el uso del uniforme escolar en los centros públicos a través de su
tan renovada propuesta de reforma educativa. Me extraña que en este proceso de
uniformar a la sociedad para que nadie se salga del redil, la vestimenta haya
pasado desapercibida. ¿O no?
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