Publicado el 15 de Septiembre de 2013, Domingo Lourdes Paredes Cuellas
Opinión -
Analizando
la actual coyuntura económica que padecemos, dónde cada vez son más las
personas desempleadas que “viven” (o por desgracia han terminado), ya de lo que
cobran del “paro” o “ayuda”, me gustaría empezar mi aportación en esta
publicación con un análisis, desde un punto de vista cotidiano, de la
intervención del Estado en el mercado de trabajo, es decir, como nos afecta a
todas y todos en nuestro día a día.
Básicamente,
son dos las formas en las que el Gobierno interviene en el mercado de trabajo,
la primera indicando las políticas de
reforma del mismo (la ya conocida Reforma Laboral), determinando las
reglas básicas de funcionamiento (como por ejemplo, “abataramiento” del
despido, disminución de los salarios, etc.); y por otra parte, incentivando o
desincentivando determinadas conductas, por medio de las llamadas políticas de mercado de trabajo,
las cuales se clasifican en activas y pasivas.
Centrándonos
en estas últimas, políticas activas y pasivas de empleo, y siguiendo los
criterios marcados por la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), indicar
que la diferencia fundamental entre ellas se debe a su carácter presupuestario,
económico, considerando a las políticas pasivas como un gasto destinado al
sostenimiento de las rentas (pago de subsidios y prestaciones por desempleo,
entre otros); mientras que las activas, el gasto se dirige explícitamente a
conseguir la vuelta al empleo de las personas desempleadas (cursos, orientación
e intermediación laboral, etc.). O dicho de otra forma, las políticas pasivas
(subsidios y prestaciones por desempleo) vienen a paliar la falta de ingresos
de las personas que se encuentran en situación de desempleo; mientras que las
activas, son medidas para ayudar a éstas a encontrar un trabajo.
Por
ello, es innegable que la actual coyuntura económica que padecemos afecta a las
medidas adoptadas por las diferentes administraciones, no estando exentas de
ellas las mencionadas políticas de empleo, las pasivas, con la reducción de la
cantidad de “ayuda” o “paro” a percibir; mientras que las activas con el cierre
de Unidades de Orientación Laboral, escasez de cursos de FPE (Formación
Profesional para el Empleo), TE (Talleres de Empleo).
En
este contexto, ¿Qué pueden hacer las personas desempleadas? Desde nuestro punto
de vista, estas personas no deben esperar que sea la propia Administración
únicamente quién le proporcione trabajo, así si extrapolamos los conceptos de
políticas pasivas y activas de empleo a la actitud o forma que presentan en su
proceso de búsqueda de empleo, nos encontramos con desempleadas/os que tienen
una búsqueda totalmente pasiva, es decir, se inscriben en las Oficinas de
Empleo, bolsas y portales de empleo por Internet, etc.; mientras que las y los
buscadores de empleo activos realizan una prospección de las empresas en las
que podrían trabajar, utilizan su red de contactos, se autoanalizan y reciclan
profesionalmente, piensan en el autoempleo como una forma de inserción laboral,
conocen y utilizan de forma adecuada las herramientas de búsqueda de empleo
(tipos de curriculums y cartas de presentación), saben afrontar una entrevista
de trabajo, etc.).
Pero aún así, siguiendo con el papel que
desempeña la
Administración, ¿Tiene ésta en cuenta la actitud activa ante
el empleo? Para responder a esta pregunta, vamos a mencionar varios ejemplos
prácticos que nos indican la forma de actuar de ésta. Así, si analizamos los
procesos selectivos que llevan a cabo los distintos Servicios Públicos de
Empleo (el SAE en Andalucía, por ejemplo), éstos se basan en criterios que a
priori no benefician a las y los buscadores activos de empleo, ya que
en
igualdad de condiciones de formación y/o experiencia, entre personas
desempleadas ante una hipotética oferta de empleo, el SAE priorizará siempre a
quiénes lleven más tiempo en situación de desempleo (tiene más antigüedad) en
la demanda de empleo, que por ejemplo quién se ha quedado desempleada/o
recientemente por seguir una actitud activa ante el empleo al aceptar un
trabajo de menor cualificación profesional, o con un sueldo menor que la
prestación por desempleo que recibía.
¿Estamos
diciendo que los Servicios Públicos de Empleo, la Administración,
“perjudica” a quiénes llevan una búsqueda activa de empleo? Esta interesante
cuestión es mejor analizarla desde la óptica de cada una/o. Sin embargo, para
responderla es adecuado tener en cuenta la mencionada primera forma de
intervención del Estado en el mercado de trabajo, esto es, indicando las políticas
de reformas (la “famosa” Reforma Laboral”), la cual entre otras medidas, ha
supuesto una considerable reducción de los salarios, aspecto que incita a
desarrollar una política pasiva de empleo, al “cobrar” más estando
desempleada/o (si se percibe prestación o subsidio por desempleo) que
trabajando por un salario menor.
Otro
buen ejemplo de la actuación de la Administración es que ésta hace una distinción
muy básica entre las personas desempleadas y ocupadas, siendo éstas últimas
cualquiera que se encuentre en alta en la Seguridad Social,
es decir, si estando en búsqueda activa de empleo, aceptamos un trabajo aunque
sea de 1 hora a la semana, los Servicios de Empleo consideran que ya no estás
desempleada/o, lo que te imposibilita para acceder a ofertas de empleo
dirigidas exclusivamente a desempleadas/os o a optar a plazas para cursos de
Formación Profesional para el Empleo.
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