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Félix Suárez Escobar. Licenciado en Historia.
LA HERENCIA DE AZNAR
Publicado el 03 de Diciembre de 2012, Lunes

Lourdes Paredes Cuellas

Opinión -

 

En el último año, el gobierno de la nación, ha venido justificando su política de recortes de prestaciones públicas amparándose en la herencia recibida. De todos es sabido la situación crítica por la que atraviesa nuestra economía en nuestra sociedad desde el inicio de la gran recesión a finales de 2007, situación vigente en el momento de las elecciones de noviembre del año pasado. Desde entonces, la situación no ha mejorado sino que ha ido a peor, y en cada ocasión en la que el actual gobierno ha tenido oportunidad, no ha dejado de achacar su política en la consabida herencia recibida. Pero, cabe preguntarse ¿realmente de dónde viene esta situación? Siendo honestos, intentando realizar un análisis lo más objetivo posible, lo justo sería remontarnos al periodo en el que José María Aznar fue presidente del gobierno, es decir entre 1996 y 2004, momento en el que se sentaron las bases de la política económica seguida por el posterior gobierno del Partido Socialista. ¿Qué ocurrió en aquellos ocho años? Se puede resumir en una sola frase: venta del patrimonio de todos los españoles para qué quedara en las manos de unas cuantas grandes fortunas. Aznar realizó una dura política de privatizaciones mediante la cual vendió las empresas públicas que eran el eje y soporte de la economía nacional. La lista es larga, encontrándose entre dichas empresas las siguientes: Endesa (primera empresa eléctrica nacional), Enagas, Telefónica, Grupo Argentaria, Repsol, Retevisión, Empresa Nacional Santa Bárbara, Inespal y un largo etcétera. Los motivos aducidos en su momento fueron los de enjugar el déficit presupuestario (sí, el déficit, ¿no les suena?) con el fin de mejorar las cuentas del Estado, salvar la minería y los astilleros (la minería que ahora quieren eliminar)  y poder entrar en la moneda única (el Euro, el dichoso Euro). Todas las empresas citadas eran empresas públicas rentables, empresas además levantadas con el sudor, los fondos y el trabajo de todos los españoles, empresas claves para controlar la economía de un país. Hoy día esas empresas sólo sirven para el enriquecimiento de una minoría, en vez de estar trabajando para todos nosotros, en vez de estar aportando para enjugar el déficit público en lugar de los brutales recortes. Pero ahí no termina la cosa. ¿Les suena el Grupo Argentaria? Era el grupo de banca pública, un grupo que durante la crisis de los años 90 no necesitó rescates, un grupo bancario que podría ser hoy un factor clave para refinanciar empresas en apuros, financiar a nuevos emprendedores o no ejecutar embargos, un instrumento para hacer esta situación que vivimos más llevadera. Pues no va a ser así, hoy el Grupo Argentaria es la “A” del BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria), en cambio tenemos de nuevo una banca pública, Bankia y una serie de entidades menores, pero una banca hundida por años de especulación inmobiliaria salvaje, una banca cuya refinanciación corre a cargo de créditos de Bruselas que todos los españoles deberemos devolver, en suma, una banca que va a hundir más aún al asalariado medio. En cuanto a Repsol, bueno pues esta empresa, estando en manos públicas, podría reducir su margen de beneficio y hacer que los combustibles fueran más asequibles, lo que redundaría muy positivamente en el bolsillo del ciudadano, bien a la hora de repostar el vehículo particular, bien abaratando el coste del transporte de los productos de consumo. Pues no señores, no va a ser así, Repsol es una empresa privada que busca única y exclusivamente el beneficio de sus accionistas, si usted no es accionista, olvídese de sacar algo positivo ¿Conoce a algún vecino suyo accionista de Repsol? Supongo que no… Sigamos. Endesa, tal vez el caso más doloroso. Esta empresa es la primera eléctrica del país, antes de su privatización era de capital mayoritariamente público, es decir, que lo que usted y yo pagábamos por la luz se podía destinar también a gasto social o a cualquier política pública de utilidad. Pues nada, a día de hoy el beneficio de Endesa no se queda ni en España, ni en manos de nuestros propios y adinerados compatriotas, va directamente a Italia, sí, a Italia, puesto que dicha empresa, en aras de la libre circulación de capital y de la libertad de mercado (la libertad de unos pocos, claro) fue vendida a Enel, una empresa sobre la que el estado de un país extranjero, Italia, mantiene cierto grado de control. ¿Va el Estado italiano a pagar nuestras cuentas públicas? No sé, ¿Ustedes que opinan? La siguiente empresa es Retevisión, empresa pública de telecomunicaciones, empresa que pasó a ser Amena, actualmente Orange, propiedad de France Telecom, sí otra empresa sobre la que un estado vecino tiene un cierto grado de control. Telefónica, cierto y verdad que sigue siendo de capital nacional, pero claro, de unos cuantos nacionales. Y si sigo, este artículo se iba a hacer demasiado largo, pero con el patrimonio de todos ha pasado, a grandes rasgos, lo que aquí les he contado: que es de unos cuantos, que en la mitad de los casos no son ni de aquí (¿Y quienes pagan impuestos en España? Adivinen) y que sólo miran por sus propios intereses. Eso sí, en nuestra Constitución se dice bien clarito que la propiedad tiene un fin social, otra cosa es que se note, claro.

Pero Aznar, no contento con vender lo de todos a unos pocos, tuvo que liberalizar. Bueno se preguntarán que es liberalizar, tanto que se habla de liberalizaciones. Siguiendo una doctrina económica de toda la vida, es eliminar trabas a la libre circulación de bienes, servicios y capitales (principal fin de la Unión Europea, no se engañen) o lo que es lo mismo, hacer negocios sin trabas de ninguna institución, sea la que sea. En la práctica se ha traducido en impedir que el Estado controle la economía en beneficio de la gran mayoría de la población y que quienes controlen la economía sean los grandes elementos del sector privado, hablando coloquialmente, los ricos muy ricos, da igual de donde sean. Así que el gobierno del PP entre 1996 y 2004 liberalizó lo siguiente (amparándose en directivas de la UE, lo cierto es que se podían haber negado a firmar, pero…): mercado de la distribución y refino de combustibles, mercado de las telecomunicaciones, mercado del suelo (realmente nueva ley del suelo de 1999), mercado de la electricidad, mercado de los transportes por ferrocarril, transportes por carretera etc, etc. Todo esto se supone que iba a tener toda una serie de beneficios (se nos vendió así) pero en la práctica ha pasado lo siguiente: hay tres grandes grupos petroleros (BP, Repsol y Cepsa) que controlan la mayoría del mercado y fijan los precios de los combustibles (al alza si es posible), hay tres grandes compañías de telefonía móvil (Telefónica, Vodafone y Orange, dos de ellas ex propiedad del Estado) que realmente no se hacen mucho la competencia y que también controlan el mercado a su gusto, que se han dado numerosas licencias de apertura de televisiones (con la calidad televisiva y la imparcial informativa escasa que todos conocemos), la ley del suelo de 1999 (liberalizadora ella) posibilitó la burbuja inmobiliaria al poder poner ingentes cantidades de suelo en el mercado mediante recalificaciones, la ley del mercado de la electricidad con la que se suponía que gracias a la competencia iban a bajar los precios de la luz (¿Han bajado?). Bueno no sé ustedes, pero a mi la gasolina me cuesta un ojo de la cara, le temo a la factura del móvil, procuro no poner la tele de la pena que da, no me puedo acercar a una vivienda por cara y por no poder tener acceso a una hipoteca y este año me voy a tener que calentar con tres capas de ropa de abrigo por miedo a poner el brasero y a que me de un infarto con la factura de Sevillana. Bueno, pues hagan memoria ¿Todo esto no pasaba ya en 2004?

Pero aquí no acaba la cosa, no sólo la vida ya estaba cara en 2004, sino que había otro detallito, algo que vino con la oleada de “austeridad” (hagan memoria que también hubo “ajustes”) entre 1996 y 2004: el empleo. No sé si les habrán contado alguna vez como se calcula la estadística del paro, pero se lo voy a contar yo: con que usted haya estado trabajando un día a lo largo de un mes, según los medios oficiales, ya no está parado. ¿Cuántos de ustedes desde 1996 a la fecha no se han visto en un empleo precario y mal pagado? Pero claro, como con trabajar un día en un mes usted ya no está parado, pues ahí lo tiene, había menos paro en los supuestos buenos tiempos pasados. La patronal en aquellos años gloriosos de ladrillo y pelotazo le pidió a nuestros gobernantes que flexibilizara el mercado de trabajo. Que bonita palabra, flexibilizar, que poética queda, como un junco que se dobla con el viento en una tarde de primavera. Pero no, la patronal de poesía sabe poco, cuando se refería a flexibilizar quería decir: contratar más barato, despedir más barato y pagar menos (sí, la contención salarial, que es que los españoles cobramos mucho, ¿A que se nota que nadamos en la abundancia?) Y a ello se aplicaron los ministros de trabajo de Aznar con bastante devoción, vía reformas laborales. Así que la gente cobraba menos en relación al coste real de la vida, tenía menos seguridad de permanecer en su puesto de trabajo y… pagaba más impuestos (la gente corriente, claro). Pero como los españoles cobraban demasiado y faltaba gente para el ladrillo y el campo, pese a tener un paro elevado, bueno, vamos traer gente dispuesta a cobrar lo que ofrecemos, se dijeron para sí los miembros de la patronal, y le dieron a entender al Gobierno de entonces que abriera la mano con la inmigración y ¡Zas! Pasamos de ser un país de emigrantes a tener millones de inmigrantes dentro de nuestras fronteras. Lógicamente no voy a criminalizar al que se tiene que ir de su tierra por no poder ganarse la vida, pero ni ellos han salido de pobres y nosotros tampoco, porque al tener mano de obra de sobra, se mantuvieron bajos los precios de la misma. Es decir, que lo que un empleador paga por la mano de obra, nuestros sueldos (para aquel que todavía conserve el suyo) se mantenían bajos al haber gente dispuesta a cobrar lo que ofrecieran, lo que fuese, fueran de aquí y de fuera. Pero mientras (gracias en parte a la entrada en el Euro) subían los precios de la vivienda, de los automóviles, de los alimentos, de todo, pero con salarios “contenidos”. Así que el español medio tuvo que recurrir al crédito para casi todo, fue la época dorada de la banca: créditos para la lavadora, para el coche, incluso para irse de de vacaciones y, el producto estrella, las hipotecas, esas hipotecas estupendas por las que tus padres tienen que hacer de avalistas y si no puedes pagar los embargan a ellos también, unas hipotecas concedidas a cuarenta años a personas con trabajos mal pagados y con mucha temporalidad, esas hipotecas que junto con las reformas laborales incrementaron el miedo al despido y, con ello, silenciaron a los trabajadores a fuerza de miedo a ir a la calle. Y, ya se sabe, el que no llora, no mama, así que se fueron perdiendo los derechos que tanto costó lograr. Y todo esto antes de 2004, pero como la gente iba tirando a duras penas, pues nada, se conformaba, y conformarse con ciertas cosas es malo, mucho. Llegamos a 2004 en el panorama anterior. Hay elecciones y las pierde el partido del gran reformista, liberalizador y flexibilizador (ya saben quien ¿No?) frente a un candidato que había prometido mucho (viviendas para los jóvenes, estabilidad en el empleo, futuro…), que tenía mucho talante y que nos juraba y perjuraba que todo iba a ser distinto. Pues no. La política económica fue la misma: salarios bajos, precariedad laboral, reformas laborales en perjuicio de los trabajadores, privatizaciones, ladrillo, turismo de sol y playa, hipotecas que iban a terminar en desahucios, ricos más ricos y ustedes y yo más pobres… Vamos, lo de siempre. Es decir, recapitulando, no entiendo porque el señor Mariano Rajoy Brey se queja de la herencia recibida y justifica los recortes en sanidad, educación, derechos laborales y gasto social cuando el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero en materia económica, salvo leves, muy leves matices, hizo exactamente lo mismo que el PP en tiempos de Aznar. Es de tener muy mala memoria, ¿no creen?

 

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