Publicado el 15 de Abril de 2014, Martes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Hoy día se consideran dos derechos básicos de
la población, de hecho, así se recoge en la Constitución. No obstante son dos
derechos que se conquistaron duramente y que ahora parece que están de capa
caída para las administraciones ¿Se han preguntado por qué?
La explicación que se nos da es que estamos
en plena crisis, que el Estado ha visto mermados sus ingresos y alguna que otra
excusa más, porque son realmente eso, excusas.
Excusas para ocultar la verdadera realidad
detrás de estos dos derechos básicos. Comenzando por el de la educación, la
mayoría de nosotros hemos asistidos a centros públicos, los cuales siempre
andan faltos de medios y con ello la calidad de la enseñanza deja que desear.
Pero lo cierto es que, en realidad, la calidad y los medios son los que la
sociedad necesita. ¿Cómo? ¿Los que la sociedad necesita? Pues sí. La educación
tiene un papel asignado en el sistema económico, con lo cual la calidad de la
misma está en función de la calidad del primero. Veamos, nuestra economía está
basada en el sector servicios (turismo) y en el de la construcción, una
economía casi tercermundista en la cual hay pocas excepciones en cuanto a
sectores punteros o que necesiten una mano de obra muy formada y especializada.
¿Captan por donde voy? El sistema
económico no necesita mano de obra formada, es eso para lo que sirve la
educación: para adiestrar mano de obra en una serie de destrezas y habilidades
que le permitan producir. Si lo que producimos en España requiere un nivel bajo
de formación, no es necesario invertir mucho en ella y, mucho menos, que
gracias a ella se formen individuos conscientes y responsables que, a la larga,
intentarían cambiar el orden de las cosas, porque la verdad es que el sistema
económico y social está plagado de injusticias que se nos venden como hechos
invariables e imposibles de cambiar. La vida es así y punto, se nos viene a
decir, hecho que se ve reforzado porque en la parte de la educación dedicada a
las ciencias sociales y humanidades, las que transmiten los valores
sociales, los que se enseñan son los propios del sistema, la
crítica y las alternativas se dejan en manos de las tertulias de bar, no
conviene pagar profesores y maestros para que los trabajadores salgan
contestatarios. He aquí por qué todas las leyes, todas las reformas educativas
de los últimos veinte años han dado un resultado tan pobre: para poner
ladrillos y servir mesas a los “guiris” no hace falta ni tan siquiera saber
leer correctamente. Pero claro, también existe una educación de alta calidad,
pero de pago. Los que van a esos centros suelen ser los vástagos de los que
ahora cortan el pastel y, como sus queridos progenitores quieren que el nene o
la nena siga sus pasos, invierten en educación, al tiempo que hacen todo lo
posible para que el resto tenga una educación de mínimos en centros faltos de
medios materiales y humanos. Aunque tampoco se ven contentos con ello, porque
se han dado cuenta de que con la ecuación también se puede hacer negocio,
luego, lo suyo (y desde Bruselas ya nos están dando un toque) es privatizar eso
también y, de paso, quien pueda ir al colegio que vaya y quien no… no le hace
falta, para qué, ya ha quedado demostrado que la economía seguiría marchando
igual y con la educación privada, además, nos bajarían los impuestos, luego más
ricos aún ¿Acaso en el Tercer Mundo no es asi? Tengan en cuenta que para los ricos las cosas siempre marchan de
pelas.
En cuanto a la sanidad ¿Para qué mantenerla
pública y de calidad? La sanidad tiene por función asegurarse de que la mano de
obra está en buenas condiciones para seguir produciendo, así de simple, un
trabajador enfermo no produce o no lo hace de igual modo. Pero ¿Y si hay mano
de obra de sobra? Pues entonces da igual, se cambia un trabajador por otro y
punto, de hecho la última reforma laboral permite el despido con relativa
facilidad en caso de baja por enfermedad, la excusa que se dio es que había
“mucho cuentista” que se hacía el enfermo, pero la realidad es más bien la
otra. Así que, damas y caballeros, nuestra salud y, con ello, nuestra vida o
nuestra muerte, le da absolutamente igual al sistema, si no producimos, no
tenemos derecho a tener salud y los hechos van confirmando este truculento
supuesto, ya que se tiende a privatizar la sanidad y que ésta tenga cada vez
menos prestaciones, así que viviremos menos y, para más INRI, nuestros males
harán más ricos a los que promueven este estado de cosas: bajadas de impuestos
y negocio con la salud.
Pero es que hay un estrato de la población
que no produce y que no tiene un futuro por delante en el que puedan llegar a
producir. Son nuestros mayores. No pueden ya producir al ritmo que el sistema
quiere, es esa la razón de que sus pensiones sean por lo general bajas ¿Para
qué mantener a alguien que no genera riqueza ni la va a generar? Así que de
paso, quitamos de en medio el sistema de dependencia, de pensiones y de rebote
el sanitario ¿Qué se pensaban que los ricos iban a querer mantener a millones
de abueletes de clase media y trabajadora por puro humanitarismo? Muchas ilusiones
se hacían ustedes, así de perra es la vida.
En nuestras manos está cambiarlo y, por el bien de todos, háganme caso,
no se dejen engañar por lo que diga la tele.
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