Publicado el 15 de Abril de 2014, Martes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - El café de media mañana echa humo.
En las volutas se disipa una traición aún oculta, como un ciclista con
impermeable que le pone mala cara al buen tiempo. Nadie tiene por qué saberlo,
pero entre los ciclos del tiempo se esconden ramas que alimentan a otros
árboles, lagares llenos de mosto dorado que nadie querrá probar. Tirando del
carro se podría llegar al hilo que une las conversaciones. Gente llena de
rabia, que exige antes de dar e incumple años de sequía mental. Desligados de
la realidad. Endiosados de ellos mismos. Ignorantes de todo lo demás.
Propietarios de oosferas que los harán vegetar por los siglos de los siglos.
Amén.
La telequinesia nos mantendrá unidos
cuando toda comunicación falle. Los discos duros que regirán el mundo harán que
nuestras diarias lobotomías sean menos y menos dolorosas, y que heredemos las
mismas taras que hicieron zozobrar el barco de nuestros tatarabuelos. Curioso y
doloroso aprendizaje el nuestro, rodeado de enlaces que agobian más que
aconsejan, que enturbian más que aclaran, que matan más que nacen. Renaceremos
sin ayuda. Ayudaremos sin control. Controlaremos sin recompensa.
Recompensaremos sin miedo. Temeremos sin remisión. Remitiremos cartas a la
desilusión. Desilusionaremos a nuestros hijos. Y a los hijos de nuestros hijos.
No hay remedio.
Agarro la fusta y hostigo al
oponente más feroz. En su brutalidad, el sibilante hachazo que parte en dos el
aire no parece tan definitivo. Todo es cuestión de aplicar el mismo cuento que
nos aplicaron a nosotros. He ahí la solución: ama en la misma medida que te
desamaron, desarma en tanto te desarmaron, muere de la misma forma que te
mataron, y revive con igual fuerza que vivieron los que intentaron amarte. Fin
del círculo vicioso. No hay más preguntas, señoría. En un tiempo donde la
veracidad y la voracidad se confunden, la velocidad es la forma más inteligente
de adaptación y soñar es la mejor manera de mentir. No la más feliz, pero sí la
más completa. No se trata solo de empezar el camino, sino de terminarlo como
imaginaste en vez de como lo imaginaron. Que nadie piense por nadie. El camino
estaba ya trazado y algo nos impedía andar, y sin echar anclas ni repoblar el
barbecho causado es harto complicado encontrar vegetación en la que refugiarse.
Puede ser una cuestión de efes, léase filosofía finisecular, o de des,
entiéndase ditirambos dirigidos, pero hasta llegar a las zetas la senda puede y
debe ser infinitamente peligrosa y trufada de engaños. Como debe ser.
¿Qué hacer con todo este texto antes
de tirarlo a la basura? En primer lugar, descartarlo, o más bien archivarlo. Es
un verbo que siempre me ha gustado más para zanjar una conversación que no
necesita de urgencias ni análisis concienzudos. Todas las cosas a las que damos
importancia acaban por decepcionarnos de un modo u otro, por eso es preferible
abrir el armario de los objetos perdidos de año en año y encontrarnos con un
verso sin rima, una estrofa sin sílabas o una metáfora sin frase. La métrica
del absurdo. La inercia del sinsentido. La vida, en resumen, y sus funestas consecuencias.
Resulta intrigante cuán inmenso puede resultar a los ojos de unos pocos el
océano en el que acabas de naufragar y lo minúsculo que acaban siendo tus
pensamientos cuando naufragas en él. La marejada ha sido benévola esta vez y no
arrastrará galernas en contra. Los barcos que se hunden contigo ya son otra
cuestión, y como en los asuntos de estado, no conviene removerla demasiado, el
olor podría contaminarnos aún más. Eso suponiendo que no hayamos podido
proveernos de ambientador, improvisado antídoto –o imprescindible, según lo
olisqueado- contra el mareo de la travesía. No arrojen sus propios despojos al
mar, por favor, sean clementes. Fantaseen con un mundo perfecto. Dejen sus
residuos junto a los de sus dueños. Huélanse mutuamente y excítense pensando en
las tripas del prójimo. Siempre suelen arrastrar restos de mejores digestiones.
Famélicos, turbados y dependientes,
buscamos la penúltima dosis (sí, yo soy parte de la tribu) y vendemos a una
madre por otra copa. La borrachera nos proveerá de otra resaca histórica, en
cuya broma buscaremos las preguntas a las respuestas que unos pocos siguen
dando por correctas. Concursemos para empatar. Venzamos para perder. Aplaudamos
para participar. Nadie es mejor que nadie pero todos creen haber ganado. Las
paredes hablan pero solo tenemos boca para seguir sin escucharnos ni a nosotros
mismos. Lo mejor es conversar con ellas y que nos devuelvan el eco con el que
llenaremos nuestro discurso. Permítanme mantenerme al margen, hoy no tengo
demasiados ánimos de sentirme parte de toda esta farsa.
Y si alguno vuelve hacia abajo su
pulgar para hacer caer a los gladiadores, solo les pido que recuerden una cosa:
aquí en la arena hay demasiadas garras y muchos otros dedos que juntos forman
manos que juntas forman regazos que juntos forman venas que juntas forman
corazones. Y algún día pueden unirse para tornar su dedo medio hacia arriba en
señal de hartazgo. Entonces la victoria estará mucho más cerca.
Disco del mes: Aretha Franklin –
Lady soul
“Unos se atan al amor, otros sogas a su cuello; unos repartiendo tierras,
otros comprando veneno”
‘Todos contra todos’, León Benavente (Marxophone, 2013)
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