Publicado el 16 de Diciembre de 2016, Viernes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - No habría un texto más lapidario para comenzar este artículo. La libre expresión, frase manida en la sociedad de hoy; tan manida que se prostituye, no sólo el que la pronuncia sino el que con el exceso propio de la indiferencia hace uso de ella, sin distinción o medida.
La sociedad, y la democracia en la que nos retozamos, nos permite utilizar un término como es la libertad de expresión, da igual que sea sectaria, pero como es la mía debes respetarla. A aquellos que se les llena la boca de usar dicho término, son los jueces más desprovistos de tacto social, ya que lo tuyo es vano y lo mío esencial.
Libertad de expresión es salir a la calle a una manifestación ( recogido en la Constitución en su articulo 28.2 ) desbancarte de ella y atacar a sedes de distintos partidos, libertad de expresión de crucificar hasta el más pintado en programas de televisión, libertad de expresión es hacer de una información ya sea veraz o no, una tesina propia de doctores. ¡Ay libertad de expresión¡
Con mis palabras no quiero enterrar dicho derecho tan supremo recogido en la Declaración de Derechos Humanos, como es la libertad de expresión, sino del mal uso que se tiene de ella. Los individuos que hacen mal uso de ella son los que más lecciones de moral aplican, una forma de decir derechos muchos pero deberes para los demás.
En nuestro país se entrelaza la presunción de inocencia y la libertad expresión, aquí antes eres corrupto que culpable, maltratador o asesino antes que culpable, y si el San Benito lo tienes... no te preocupes que no te lo quitarás aunque el juez diga lo contrario. Hace unos días se fue una gran alcaldesa ( así lo dijeron las urnas valencianas durante 6 legislaturas), y no se si es por el dolor de la presión mediatica o por el proceso, pero sólo cabe recordar que se hizo culpable a alguien que solo estaba investigada y tampoco se sabía si realmente era culpable, pero una cosa queda clara, que ya se habia hecho el juicio sin pasar por el juez, y ya tiene por desgracia , su propia condena.
Quiero concluir, sin olvidar que la libertad empieza donde termina la del otro ni más ni menos, que aquí nadie se queda nada de nadie, que la libertad de expresión es como un boomerang, cuidado cuando vuelve porque puedes no estar libre de pecado.
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