Publicado el 15 de Mayo de 2019, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Junto los finales y no encuentro ningún principio. Reinicio la historia sin fin y acabo por empezar de nuevo. Salto los puntos suspensivos y no alcanzo ni el punto y coma. Sigo el camino de baldosas amarillas y salgo por el sendero de vientos negros. Puertas giratorias por las que no se sabe quién entra ni por dónde se ha de salir. En el laberinto, como todos los que estáis ahí, continúo realizando operaciones matemáticas que nunca aprendí para saber cómo las regeneraciones venideras podrán intuir la forma de escapar. Una torrentera de preguntas sin respuesta aguardará a la salida, y entonces será el momento de esconderse para siempre.
Busco los zapatos y el unto de todos los días se convierte en un nuevo color para el próximo. En apenas unos minutos alguien ha dicho una verdad absoluta, otros dos se han pronunciado en contra y algún despistado se lo ha creído todo. Desde el principio se veía el final, al término de la línea que marca el límite entre el boscaje y el bosquejo. Me quejo de que nadie lo haga. Hágase la voluntad así en la guerra como en el ciego, y que nadie nos libre del mal que está por venir. Son los vaivenes del tiempo, el correlato de otro que ya no es futuro porque nunca dejó de ser pasado y reflejarse como presente. En el espejo no soy yo, ni tú, ni ellos, ni vosotras, solo una idea echada a perder, inconcebible como el propio despertar. Es el último día antes de reflexionar por qué no lo hicimos antes. Y de qué sirvió, y para qué servirá, y con qué serviría. ¿Es que hay algo más que aclarar?
La vis cómica nos salvará en el vis a vis a cara cubierta. Hay un teléfono de contacto con el enemigo y no será descolgado sin razón justificada. A los que sepan esperar el momento preciso les será concedido el don de la desesperanza cuando descubran que no son ellos los que deciden lo que avanza el reloj. Horas y horas de fungir como empleados inútiles. Siglos y siglos de extemporáneas tareas dedicadas a satisfacer necesidades peregrinas. Ver para creer. Crecer para entender. Encender para apagar. Pagar para probar. Aprobar para volar. Votar para ignorar. Añoranza de otro tiempo en el que éramos felices de vivir los unos sin los otros. Después vino la concordia, la falsa justicia de saberse iguales ante la ley. A todos nos llegó el momento de enmudecer ante tanta cobardía, de enrojecer ante tamaña bastardía, de enfurecer hasta tales fechorías. Tan ágiles como verbosos, nunca debimos callarnos del todo, pues es imposible engañar a tantos con tan poco ni alcanzar tan altas cotas con tan pocas derrotas encajadas. A horcajadas los colocamos donde están, pero no están todos los que son. Son muchos más, menos de los que debieran para hacer la cantidad justa. No, no sabemos aún que lo peor está por venir.
Escribo una reseña hagiográfica en la que los adjetivos no hablan. Recibo cartas sin remitente remitidas a un solo tema de conversación. Adjunto archivos vacíos por error o mera desgana. Tecleo un nombre al azar como quien coge el primer vuelo disponible a cualquier lugar. Deshago lo andado y desando lo deshecho. Hecho, restaurado y reeducado en las sanas costumbres del querer hacer siempre lo que no se debe. Una ópera bufa en la que el protagonista pasa de ser un apátrida empedernido a convertirse en gregario sin dios ni amo. No tener voto de castidad ni botas de calidad. Carcomidos hasta el tuétano por los remordimientos que llevamos en la cartera pero no en el corazón, dejamos de contestar los mensajes recibidos a los que echamos solo un vistazo superficial, pensando en el próximo desafuero que provoque la ira momentánea de quienes una vez vivieron puerta con puerta del mismo error. Subsanable al fin y al cabo, susceptible al fin y a la postre, soportable al fin. Seres vacíos, singulares en su unicidad y condenados a subsistir cuando los otros ya no lo soporten. Esto no es simbiosis, hermanos y hermanas. Esto es un desesperado acto de fe.
Cuando ya no haya más frases sueltas al azar a las que aferrarnos no habremos de esperar réplica alguna. Será el momento de actuar tras tanto tiempo esperando en la trinchera. Se nos habrá olvidado cómo combatir, mas la esencia y la presencia evitarán la decadencia. Qué belleza tan extraordinaria vive en cada equivocación, y cuánto deleite hallamos aún en no saber cuál es el camino correcto.
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