Publicado el 17 de Noviembre de 2014, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Sinteticemos opiniones,
hagamos del mundo un lugar bastardo y compartamos la algarabía de saberse
perdido por los siglos de los siglos. Halagüeño paisaje, ¿verdad? Quemado por
el sol, agobiado por la fuerza de mil ojos que miran más allá de lo imaginable y
redimido de volver a nacer en cualquier otra parte. Es lo que hay, quizá no sea
el momento de decirlo pero el sueño supera a cualquier realidad más tangible.
Cuando la isla muerta en la que se sumerge nuestra ignorancia caiga en la
cuenta de que jamás sabrá la verdad, será el momento de que los cuerpos que
entablan el necesario cara a cara en lechos de cartón piedra suden los rayos
del mediodía. Medias noches de pasión. Duras tardes de pensión. Dulces
amaneceres de prisión. Extraños estados que se extrañan de serlo. La melancolía
como antesala de la estupidez. En puridad, todo lo que somos y lo que
parecemos.
Apiádese de mí, señor juez.
Yo no quería demostrar que puedo hacerlo, simplemente lo hice. Valore lo que se
perdió sin menoscabo de aplicar la ley a ultranza de lo sabido. Escuche el
canto del cisne de quien nunca tuvo intención de entonar la mínima nota.
Adivine los pensamientos del pueblo hundido. Dispare a traición y a quemarropa.
Guárdese de responder las preguntas retóricas que usted mismo hace. Ya no es
necesario rostir huesos, empaquetar arterias y salir bailando por la puerta de
atrás, ahora lo sabe todo el mundo y ese dominio público entorpece el bienestar
privado. Privatice el tiempo muerto. Empatice con el cuento. Acromatice el
viento de cara. Pluralice el momento. Cristalice el elemento neutro. Señores
del jurado, creo que ya han elegido el tipo de interés que les interesa.
Desinteresadamente, como siempre, pero su elección significa una nueva
victoria. Loemos a los ganadores, enhorabuena a los apremiados, gloria al dios
de las alturas.
El principio de
lentificación nos aplasta y hace que pensemos aún con más espesura. Se diluyen
los ánimos, las palabras se hacen intrascendentes y el pensamiento y las
acciones ya no van de la mano. Se conocen, pero se dejaron de dirigir la
mirada. Es la crónica de una muerte denunciada por terceros, firmada ante los
poderes fácticos y manchada del ácido fórmico que se les acumula en las ingles
a siervos y potentados. Alagan la zona sin que nada les salga al paso,
desangran de rojo la piel y ascienden al nervio óptico antes de clavarse en el
mismo centro del cerebro. Es un viaje astral que no ha pasado por la placenta
ni se destinó a estado embrionario alguno, diseñado y dirigido certeramente a
la división del carril central, separando escamas y vistiendo la muda de
temporada, que no tiene nada que ver con la moda. En pleno serrallo, la
fascinación y la laxitud corren al encuentro de la carne, sin movimiento fijo
que la dirija ni gobierno que la malinterprete. Uno contra uno no empata ni
pierde. Dos contra dos no lideran ni ganan. Tres contra tres y viceversa del
primero. Números pares desparejados con su impar. Parejas de muchos en contra
de unos pocos. Cifras de dígitos innombrables en cantidades infinitas. Ha de
pasar demasiado tiempo ante nuestras narices para que ni olamos su rastro.
Cuando el final se acerque, peregrinaremos sin rumbo hacia el lugar de donde
partimos una vez. Y no pararemos hasta descansar de una vez por todas. Habremos
de sembrar de letrinas el camino, y de mirar rostros famélicos y cuerpos burdos
llenos de nudos que nos estorbarán la vista. Afinar el tiro no es necesario
sino imprescindible cuando no hay objetivo al que dirigirse. Como animales
hambrientos que muerden manzanas podridas una y otra vez, alargamos la
digestión del mal sueño con la extraña idea de que no nos afectará al intentar
dormir de nuevo. Ya se sabe, cuando las pupilas quedan encerradas tras los
párpados se suelta el libérrimo flujo de la ensoñación. No es lo mismo que dormitar
sin límite, ni debemos confundir perfiles en la travesía. Unos, los de
costumbre, vendrán a por nosotros. Los otros, los más débiles, se unirán a la
huida. Tenemos que olvidarnos del emprendizaje y emprender la dirección opuesta
que oposite a una nueva derrota, esta vez sin papeles que desacrediten el
esfuerzo. Mil horas de perdón mueren en la frontera. Cientos de manos
desgarradas se encallan en la pared. Regimientos de buitres carroñeros admiran
pacientes el espectáculo. Cada vez más hombres y mujeres dejan de sentirse con
vida. En el interior los ojos y por fuera el hígado. Traspaso de propiedades en
el trasvase de nimiedades. Mientras hay desesperanza, hay vida. ¿O era al
revés?
Disco del mes: Cass McCombs – Humor risk
“Al amarte me siento
inútil, al amarte no me siento bien”
‘Creo que te voy a
dejar (bueno, no sé)’, El Niño Gusano (Grabaciones en el mar, 1996)
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