Publicado el 15 de Octubre de 2014, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - A lo largo de las cinco entregas anteriores hemos ido analizando la violencia en todos sus aspectos. Hemos visto que existe una violencia tolerada, una repudiada, la individual y la colectiva, la física y la psicológica y que existen agresores y agredidos y, finalmente, que ante una acción violenta puede haber una reacción igualmente violenta. En lo que no hemos parado a entrar es si la violencia es buena o mala y de donde viene la misma.
Estos últimos detalles son, tal vez, los más complicados de explicar. Verán ustedes, un servidor suele ser muy crítico con las acciones propias y ajenas, pero en el campo de lo humano, de lo que es el ser humano en sí, es verdaderamente imposible o, si acaso, muy difícil precisar si un acto humano es bueno o es malo, porque entonces nos acabamos metiendo en el farragoso campo de la bondad o maldad de nuestra especie. A lo largo de la Historia este último punto ha sido un verdadero quebradero de cabeza, con pensadores mucho mejores que yo que dan dos versiones distintas sobre nuestra naturaleza como especie. Para Jesús y Marx el ser humano es básicamente bueno, mientras que para Thomas Hobbes es básicamente malo, y estos tres ejemplos son una selección de los múltiples que nos podemos encontrar. Para el que suscribe, no somos no buenos ni malos, nuestros actos (y entre ellos los violentos) pueden ser beneficiosos o perjudiciales, pero eso depende del contexto y de a quien beneficien o perjudiquen. Así que, siendo sincero, yo tiro por el camino de en medio, puesto que a nivel de especie realmente nada de lo que hacemos es absolutamente bueno ni malo, es una cuestión casi de supervivencia. Digo de supervivencia porque nuestra especie se las ha ingeniado para, después de millones de años de evolución, adaptarse primero al medio y, después, modificar el medio -lo que nos rodea- para asegurarnos el pan nuestro de cada día y traer al mundo nuevas generaciones que perpetúen la estirpe humana. Luego, aunque nos pueda parecer desagradable, la violencia no es si no un instrumento más y uno muy antiguo dicho sea de paso, para desenvolvernos en la vida. Hay gente más violenta, más agresora y otra que lo es menos, pero lo cierto es que en determinadas circunstancias no hay ser humano en el planeta que no haya recurrido alguna vez a su empleo en mayor o menor grado y, por lo que parece, da buenos resultados al que la pone en práctica puesto que, sabido es, que no se hace algo que no funcione, si no lo hiciera, sería un rasgo que habría desaparecido de la condición humana hace ya bastante trecho del largo camino de nuestra evolución como especie.
No obstante, es evidente que, como somos como un duro con dos caras, como el ser humano es un ente dual, tenemos otras habilidades que nos permiten no hacer uso de la violencia si no queremos, es más, según parece progresivamente hemos ido convirtiéndonos en seres menos violentos, agudizando nuestras habilidades sociales de cooperación, diálogo y empatía para solventar los conflictos o problemas que se nos puedan plantear de manera cada vez menos violenta, por lo menos mientras no se nos plantee una situación límite.
Sí, el ser humano es violento por naturaleza, puesto que es capaz de cometer un acto de agresión de manera plenamente consciente y premeditada (por eso dije en su momento que los animales son agresivos, pero no violentos), pero igualmente, de la misma manera consciente y premeditada, puede hacer todo lo contrario. De ahí que, viendo la cantidad de violencia que hay en nuestra sociedad, siendo consciente de ello, del daño premeditado y evitable que supone su empleo, uno no deje de apelar a otros medios para entendernos, por lo menos entre aquellas personas que no disfrutamos con comportamientos de dicha índole. No dejo de apelar contra aquellos que la ejercen para conservar su posición, que disfrutan ejerciendo el poder empleando la violencia contra los que no pueden defenderse en condiciones de igualdad. No dejo de apelar contra los que trivializan la violencia y hacen negocio con ella a través de los medios de comunicación y entretenimiento. No dejo de apelar contra los que tiran de guante blanco y utilizan a sus semejantes para llevar a cabo sus propias fechorías violentas porque son unos cobardes incapaces de hacer frente a la cruda realidad que ellos mismos generan. No me cansaré de repetir que entre adultos conscientes la violencia no es solución, que el por cojones es una pérdida de tiempo que al final no genera sino más resentimiento y más violencia. No dejo de apelar a la razón, al dialogo y a la cooperación como medio ideal y desarrollado, como un paso positivo en nuestro crecimiento como especie, para solventar conflictos. Y sin embargo, por mi pobre condición humana, si me viera contra las cuerdas, si no tuviera más remedio que defenderme, si no me dejaran más recurso, yo también usaría la violencia. Por tanto me temo, señoras y señores, que ni el más pacífico de los humanos al final no tirase de violencia, somos depredadores, pero en nuestras manos está que lo seamos en mayor o menor escala, así que, si tienen en mente hacer uso de la violencia, piénselo dos veces, es como la gasolina, una vez prendida lo devora todo a su paso, no se tomen la violencia a guasa, por favor, es algo muy serio.
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