Publicado el 15 de Octubre de 2014, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Allá donde se interrumpen los destinos. En el punto exacto en que se encuentran la ida y la vuelta. Un cíclico proceder desvaría el sentido del bienestar y el estado al que nos abocaron los nuevos tiempos. Inundados de filosofía y sobrepuestos a los distintos tonos de púrpura de la lluvia que está por caer, avanzamos y dejamos atrás el árbol bajo cuyas ramas plantamos la semilla del porvenir. Todo amor que podamos sentir será en crudo, y el que recibamos a cambio será en vano. Hagámoslo todas las tardes justo antes de que se ponga el sol, con la fatuidad de los seres vacíos que se aman por obligación. Echemos más leña al fuego y avivemos las luces del salpicadero durante la parte más dura del trayecto, con las piernas abiertas y el vello de punta en blanco erizando hasta la última gota de sudor. Cambiemos los papeles y demos la vuelta al cuerpo del delito, dejando huellas dactilares en la digitalización de un acto brutal y torpe, arremolinando sentimientos y dejándolos en los huesos, tirados sin remedio en mitad de una vía muerta y con el depósito bajo cero. Muertos de frío.
La piel comienza a escarearse y los cuervos acechan. El poeta dijo que cada uno de ellos se posaría en mi puño y sería compañero de cada uno de mis segundos, picoteando en los ojos del incrédulo. Hambriento de débiles, como él mismo y como cada uno de nosotros, solo necesita un aguijón que le haga salir disparado hacia otros planetas geoides en los que no le de tiempo a agonizar. ¿Es este el tiempo y el lugar con el que soñamos o deberíamos haber nacido y muerto en otros lares con diferente derecho de pernada? El atardecer se muestra tan cruel como de costumbre, el zumbido en mis oídos se hace más y más insoportable y los pensamientos se mezclan encenizados de ansia. Lo mejor es que mañana no habrá que ir al mercado del odio a elegir tu presa diaria, ya has llenado el petate con lo necesario para pasar el día. Esa neurona precisa para llegar al hervor justo es justamente lo que ajusticiamos sin justicia alguna. Justeza y justificaciones, no hay nada como pasar por alto lo que más nos duele.
Cabe preguntarse por la próxima estrategia y cabe atar los cabos del menoscabo por el que derivamos en estos zapatos sin lazada. El embrión del poder siempre irá en contra del nacimiento del ser, no debemos olvidar nunca la prédica que escuchamos al ver la luz. Suenan las campanas de la catedral y el sapo desnortado abandona su charca para brincar por su pérdida de orientación. Él, como yo, nunca besa a princesas que pueden transformarse en ranas porque no le apetece perpetuarse en batracios que andan temiendo continuamente la disección. Todos sabemos que no hay cuento de hadas sin milagro y que en la línea de salida te dan los dorsales del revés para que encuentres la otra carretera perdida, donde no existe una meta y los corredores de fondo son patizambos sin posibilidad de cambiar sus extremidades. No hace falta que nadie grite, ya se han enterado de nuestra ineptitud y la pagan de su propio bolsillo antes de invertirla en el nuestro a plazo fijo y sin intereses. Por el interés general. Por el desinterés animal. Por el revés fatal. Por la sístole y diástole de nuestros propios pasos. Constantes vitales por encima de lo esperado, éxito total. Que se olviden de todo lo que hemos pasado para llegar hasta aquí, no hemos salido de la oscuridad para atravesar otro ojo negro y conducir por un túnel más estrecho que sus miras. Ahora es el momento, mañana tal vez será muy tarde.
Es mejor que no nos hagan ralear y nos mantengan sedados con palabras, sintagmas, frases y párrafos arrastrados sin compasión. Es mejor que no despierten al magma que pugna por arrasarnos las entrañas y cortarnos la lengua. Es mejor que nos hagan conservar el esqueleto y mirarlos con pupilas sin vida, lerdos como piedras, esperando que el cielo cambie y nos dé la señal para pasar a la acción. Preparados, listos, vuelta al principio. Ya imaginaba que no habíamos conseguido nada, era solo que no estoy habituado a proclamar las derrotas por muy duras que sean. Si gustan, este es el vino amargo en el que deberíamos bañarnos después de aprender la enésima lección de humildad. En la taxonomía original no estábamos incluidos en ningún pelotón, nos dejaron fuera de todo juicio de valor y nos dijeron que volviéramos al sitio siguiente. Se ve que no nos enteramos bien del final del cuento. O eso o que no nos gusta llevar adheridas etiquetas durante tanto tiempo solo para que cualquiera pueda identificarnos y de paso identificarse con total impunidad. Nada de eso sucederá de nuevo mientras tengamos el calcañar bien pegado al suelo y sepamos caminar con suelas prestadas de por vida. No servir, no gobernar, no retroceder sin avanzar antes o después. Saber dónde están los límites y no ser capaces de respetarlos. Volcar litros de miel en el vertedero más denigrado. Mezclar olores y sabores. Aguantar el paso hasta que alguien nos adelante por la derecha. Vomitar guardando la hiel para la próxima ocasión. Esos serán nuestros presupuestos a partir de ahora, y no nos importa que sean aceptados o no.
Disco del mes: Los Nikis 1981-1989
"Leo libros que no entiendo más que yo, oigo cintas que he grabado con mi voz"
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