Publicado el 15 de Febrero de 2014, Sábado Lourdes Paredes Cuellas
Opinión -
Todavía me queda la mala costumbre de ver los
informativos a la hora del almuerzo. Digo mala porque normalmente, como habrán
podido comprobar (si hacen lo mismo) no dan casi ninguna buena noticia.
Recientemente me fijé en un par de noticias
que me van a servir para exponer la idea básica de este artículo: la
información en televisión es como un producto que hay que saber vender en
función de quien se beneficie de dicha venta.
Kiev, capital de Ucrania, allá en la otra
punta de Europa, disturbios entre los manifestantes y el Gobierno. Se nos
cuenta que los opositores están a favor de la entrada del país en la Unión
Europea, que el Gobierno está en contra y que es pro-ruso. Poco más. Se nos da
una sola causa para el conflicto entre gobernantes y gobernados y, de paso, se
nos deja caer que los rusos (en plan de malos de la película) están de por
medio. Miren ustedes, a mi me parece muy raro que por la entrada o no en la UE
haya disturbios de semejante tipo. Aquí lo que está en juego es el grado de
influencia que tiene Rusia en los asuntos internos de Ucrania y, en función de
eso, que Ucrania sea o no una colonia más del gobierno de Berlín como somos
nosotros ahora. Es un conflicto entre los intereses de una Alemania en
expansión y una Rusia que no quiere tener a la UE en sus fronteras por ese
mismo motivo. ¿Eso no nos lo cuentan en la tele verdad? No interesa.
Siria, enésima noticia donde se nos cuenta lo
cruenta que es esa guerra. ¿Se nos cuentan cuales son los intereses que están
en juego? Respuesta: no. Sólo se nos repite machaconamente que el Gobierno es
el malo y los “rebeldes” los buenos. Vaya, una información muy detallada y
completa, muchísimo, hasta el cuento de “Caperucita Roja” tiene más contenido
de fondo, más información, que las noticias de la guerra civil siria. Eso sí,
que nos quede claro: el gobierno sirio es muy malo y muy opresor y por eso hay
una guerra. Una explicación demasiado fácil y más para una guerra civil. Lo que
no se nos cuenta es que medio mundo está metido en ese conflicto, cada actor
con sus propios intereses egoístas e ilegítimos. Siria sólo es un teatro donde
zanjan a tiro limpio sus conflictos de intereses Estado Unidos, Qatar, Arabia
Saudí, Israel, Irán, Francia y Rusia, eso sí, los muertos los ponen otros y el apto
lo pagan los ciudadanos de a pie, para variar. Pero eso tampoco interesa
contarlo.
No obstante, aparte de que no nos cuenten en
la tele toda la verdad sobre lo que pasa fuera, no dejo de quedarme de piedra
cada vez que a los que organizan una revuelta o revolución fuera de nuestras
fronteras, en dicho medio de comunicación, los califican poco menos que de
valientes y heroicos luchadores por la libertad, eso sí, si la gente de aquí
está cabreada, disgustada y le da por salir a la calle a protestar porque los
españolitos/as estamos ya hasta el cuello de tanto tragar, ello se califica de
“acto vandálico” o incluso de “acciones terroristas” en la televisión. Pues
señores y señoras, si un ucraniano/a está hasta el gorro de su gobierno, un
gobierno elegido en la urnas y con transparencia pero que no gobierna para sus
ciudadanos sino para otros intereses y, por ello, el que sale a las calles es
un héroe o heroína, no entiendo porque España, según nuestros propios medios de
comunicación televisivos, está llena de “radicales”, “terroristas callejeros” e
“incontrolados” que hacen cosas mucho menos violentas que en Ucrania pero por
motivos que podrían ser homologables: un gobierno legítimo que no cumple lo que
prometió y que se dedica a machacar (según ellos por nuestro bien) al
ciudadano/a de a pie. Pero en fin, por si algún miembro de las fuerzas de
seguridad lee esto, que quede bien clarito que no pretendo enaltecer ni
fomentar los desordenes públicos en nuestra España, simplemente pretendo dejar
claro que me choca que los medios de comunicación televisivos, ante dos actos
similares, hagan un tratamiento de las noticias de manera tan distinta en
función de donde ocurran. En fin, ya se sabe, quien paga manda así que,
queridos lectores, no me pongan la tele a la hora de comer, les puede dar por
pensar y eso no está de moda, como en tiempos de la dictadura.
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