Publicado el 16 de Enero de 2017, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Lo peor es no saber nada. Ni quién ha efectuado el disparo ni quiénes son el supuesto objetivo. Se imagina, después de todo lo que nos ha tocado vivir, que los más resentidos son los que reciben el ataque y los menos diligentes los que lo llevan a cabo, porque el mundo está del revés desde hace demasiado tiempo, pero ni aun así consigues aceptarlo. Será que la incomprensión está dirigida por bala de fogueo y que en nuestras cabezas ya solo hay cabida para la autodefensa. Las clases de baile ahora son más caras y no sabemos cómo esquivar los pasos que nos arrastran por el gigantesco salón. ¿Alguien pensaba que podríamos aprender a dejarnos llevar por el brazo del enemigo? Para eso ya vivimos con él.
Dormir y soñar con dormir para que el alba llegue lo más tarde posible. Las ventanas están corridas y cerradas a discreción. En las paredes se filtran manchas de humedad que las hacen parecer cuevas llenas de deseos que se manifiestan en rostros deformes, rejuvenecidos por nuestros propios ojos y amenazantes de deseos insanos. Al techo le hace falta otra mano de pintura, puede que se la demos en lugar de estrechársela, la cortesía no está reñida con la necesidad. Negar lo evidente para fregar lo estridente. Comprar la patente para cobrar el incidente. Segar lo eficiente para sesgar lo corriente. Mentes enfermas.
La humana siempre fue una raza escarnecida y escarmentada, excepto de sí misma. Animales de costumbres, cohibidos y arremangados cuando la ocasión lo propicia solo para proteger su espacio natural y no salir con demasiada frecuencia de su zona de control. Controlarse para evadirse. Evitarse para conocerse. Condenarse para saberse. Reflexiones que matan y certezas que asustan, el eterno sino de los tiempos. La desaparición de las sombras y la proximidad de la noche eterna son solo otra contradicción más. En carne viva las recibiremos y en alma muerta nos condenaremos. Esto es a todo a lo que podremos aspirar, hermanos. Y alguien debería pensar: ¿Así es como se fabrican los propósitos de enmienda? A respuesta es no, así es como se conjuran los presagios de contienda. Si fuera precisa una intervención amortiguada con novocaína, ya está tardando demasiado la primera dosis. Tápennos la boca y amordacen nuestros labios con las cuerdas de la lucidez, será la única forma que tengamos de escapar del penúltimo desastre. Al abrir los ojos solo quedará un muro blanco centelleando orgulloso como si una multitud lo admirase, y algo de eso hay en la actitud ciega y sorda de los que juraron ayudarnos cuando aún no existíamos como contribuyentes al disturbio. La modestia de los que molestan. El cansancio de los que se estancan. El incendio de los quemados. La furia de los silenciosos. Mejor mirar para otro lado y hacer como que no nos conocemos ni a nosotros mismos.
Dicen que no dolerá. Que si lo intentamos con cuidado, paso a paso y centímetro a centímetro, seamos bardajes u otro tipo de sujeto pasivo, el teórico daño se transformará en gozo. Sentirse invadidos sin permiso y sin previo aviso, esa es la opción, sin duda. Ahora que somos entes asténicos, derivados de la indefensión y proclives a la indolencia, las flamantes perspectivas de negocio con las que pretenden jugar de nuevo la partida infinita tienen más visos que antes de resultar definitivas. Como el golpe de gracia al galope de la democracia. No nos dijeron en ningún momento dónde había que depositar los objetos personales y solo nos preguntaron si estábamos dispuestos a deshacernos de ellos. Era solo por unas horas, pensábamos, y no tendríamos que preocuparnos de nada puesto que el suministro sería completo. Completamente ignorantes. Parcialmente inconscientes. Totalmente evidentes. Si al descender por el jaro pasamos por el aro, no será nada raro que todo sea más caro. Se puede hacer una mala canción con todo esto, sí, pero sonaría impostada y apenas serviría de posta para sustentar un trayecto que necesitaría muchas más provisiones. Previsiones aparte.
Que traigan un linimento a no mucho tardar, que los días vuelan y el frío empieza a instalarse a sus anchas en la cama. Cuando las pesadillas sean menos leves y el sudor nos envuelva la cabeza miraremos el humo de las chimeneas y pensaremos que el presente es el porvenir del futuro, que se ha enroscado en la serpiente eterna del universo y pretende asfixiarnos con toda la fuerza de sus cartílagos. Sabremos escapar, no lo duden, solo para volver a constatar que el progreso no sirve de nada y que seguimos aquí, preparados para no ser escuchados pero fuertes para gritar. Eso nos queda, nada más y nada menos.
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