Publicado el 14 de Octubre de 2023, Sábado Félix Suarez
Opinión -
En la actual tesitura política,
con mayorías insuficientes para las investidura de un Gobierno de uno u otro
color, cabe preguntarse si habrá o no un segunda convocatoria electoral.
Veamos. Su Majestad escogió a
López Feijoo como candidato a la investidura, pero las líneas rojas con el
nacionalismo vasco conservador bloquean la misma. Por su parte Pedro Sánchez,
cuenta con los apoyos de Sumar, PNV, BNG, ERC y Bildu, pero le faltan votos
igualmente y necesita el apoyo de los conservadores del independentismo
catalán, Junts.
Se han hecho gestos por parte del
PSOE y Sumar, algunos tan controvertidos como la reunión de Díaz con Piugdemont
en Bruselas (mientras la vía judicial contra el susodicho sigue abierta). No
obstante, a la mayoría de la ciudadanía le pueden parecer inaceptables la
condiciones del independentismo conservador catalán: amnistía por la
convocatoria del referéndum ilegal de 2017 (jurídicamente inviable si bien se
pueden conceder indultos individuales), poner sobre la mesa la independencia de
Cataluña con visos de un nuevo referéndum sólo en el ámbito de Cataluña y para
el mismo propósito (la secesión, algo inconstitucional) y, para remate, la
supuesta deuda de la Administración Central del Estado de 450.000 millones de
Euros (algo así como casi la mitad del PIB de toda España) con la Generalidad
de Cataluña. Las condiciones son draconianas para cualquier Gobierno nacional,
tal vez es que exigiendo lo inexigible busquen desde Junts una repetición
electoral, sólo explicable por el hecho de intentar rascar cuota de mercado a costa
de ERC. Pero con lo que se pueden encontrar es que el electorado, harto de
tanta repetición electoral y de gobiernos débiles, dé la mayoría al tándem PP-Vox.
O lo que es lo mismo: que Junts,
lejos de tener la sartén por el mango, lejos de obtener algo – sea lo que sea
que pretendan realmente lograr-, acabe por obtener centralismo del duro, y que
además, guste a la mayoría del electorado a nivel nacional y no sólo sean
cuatro años, sino ocho.
Además, ante las perspectivas de
crecimiento económico, es más que posible que el nacionalismo independentista
en el Principado, pierda fuelle, con lo cual, el ex Presidente de la
Generalidad se encuentre no sólo sin rédito político alguno en su feudo, sino
con que además, la justicia consiga que dé con sus huesos en la cárcel.
Por tanto hay dos opciones: o
Puigdemont y los suyos rebajan el tono y las exigencias (abriendo el camino a
ciertas concesiones e indultos individuales) o hay elecciones con un resultado
previsible.
Napoleón decía que imponer unas
condiciones muy duras libera al que ha de cumplirlas de su cumplimiento, por
abusivas. Se ve que el gerundense, a pesar de tener aires de líder, no presta
mucha atención a los grandes líderes de verdad, ahí se ve su amplitud de miras.
Pero ustedes tranquilos: en un par de meses, tendremos la solución al dilema.
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Noticia redactada por :  Félix Suarez
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