Publicado el 16 de Agosto de 2017, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Estimados señores jefes de sus respectivos ejecutivos, decirles una cosa: se equivocan. Y se equivocan adrede.
Queridos lectores se preguntarán ustedes en qué narices se están equivocando estos dos políticos (por no usar adjetivos con peores connotaciones). En el cambio climático.
Verán, uno estudió climatología y meteorología siendo mozo en la muy de aquí Universidad de Córdoba. Allí me explicaron que cíclicamente y de manera natural el clima pasa por extremos cada cierto tiempo, cada cinco o diez años.
Pero esto no es normal. ¿Cómo demonios es posible que en 2015 nos tirásemos un mes completo a 40ºC o más y que este año hayamos batido el récord de temperaturas altas desde que hay registros fiables? Eso acompañado de precipitaciones de risa en primavera y de un otoño de 2016 que se retrasó a más no poder, por no hablar de un invierno relativamente suave.
Pero no nos vamos a quedar anclados en nuestra provincia, región o en la Península. Fuera de nuestro entorno natural hay cosas que no cuadran este año. En Rusia están teniendo un verano que parece una primavera fresquita o un otoño flojo, y me dirán "pero si en Rusia hace un frío que pela", señores y señoras, ni de coña, eso son cuatro meses al año porque en verano no es raro que cojan los 35ºC día sí y día también y eso en Moscú, que en el sur del país se cuecen como nos cocemos nosotros. Pero ahí no terminan las anormalidades (se ve que Trump y Rajoy no ven los informativos ni leen la prensa) porque en el Cono Sur, nuestros hermanos argentinos y chilenos se están helando en pleno invierno austral, como lo oyen. En Santiago de Chile (que viene a tener un clima idéntico al de aquí) han tenido la peor nevada en décadas, pero es que en la Patagonia se ha declarado el estado de emergencia en ambos países por una ola de frío polar antártico como no han visto en su vida.
Mientras, Trump se desvincula de los tratados internacionales de control del clima y empieza a cepillarse las renovables en Estados Unidos. Aquí ese trabajo ya está hecho, llevamos seis años peperos donde las renovables (única manera de controlar el cambio climático junto con las nucleares, sí las nucleares, que no emiten gases de efecto invernadero por si no lo sabían) están muertas e incluso tenemos el "magnífico" (para las eléctricas, con la privatizada -por Aznar- Endesa a la cabeza y con el síndrome de la puerta giratoria socialista-pepero encima) impuesto al sol y al viento. Pon una placa solar o un molino de viento y verás como viene un simpático inspector de tu compañía eléctrica favorita a denunciarte. Pero ahí no termina el cachondeo. Como las viviendas están construidas en los núcleos urbanos sin aislamiento ninguno, la gente tira de electricidad o calefacción para poder sobrevivir a los vaivenes del clima. Se produce más electricidad a base de quemar gas, petróleo y carbón. Negocio redondo: los bancos participan de las eléctricas, las petroleras y las constructoras y a su vez financian las campañas electorales (vía créditos) de los dos grandes partidos. ¿No habían caído en el detalle? Pues deben de estar haciéndolo ahora. Los banqueros se forran, los politicastros de las direcciones nacionales de los dos grandes se recolocan en las empresas energéticas y aquí el resto nos cocemos o nos congelamos en unas viviendas mal construidas y con un hipotecón del diez. Así que al planeta y a la gente que le den morcilla.
Ya ven, el cambio climático "no existe", mientras que unos se llenan los bolsillos y sus mandaos viven a la sopa boba del contribuyente primero y después, de las puertas giratorias. Vivimos pues en un "mundo feliz" y viva la pepa.
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