Publicado el 16 de Octubre de 2017, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Cuando establecemos leyes en nuestro ordenamiento jurídico, sólo existe una cosa acatarlas, porque para ello se legitima a aquellos que las dictan, mediante las urnas y papeletas, que ahora están tan de moda. Cada situación tiene sus normas, y cuando es algo que afecta a toda una nación, debería consensuarse de manera global y no particular.
La deriva independentista ha cogido un rumbo hacia la locura, hacia la tozudez política o simplemente "el cuelga medallas" que tanto gusta en la política, aunque con ello no hagas otra cosa que fastidiar el orden establecido. Se reparten urnas y papeletas para un proceso, que además de no ajustarse a la ley ni a la Constitución, hace que se ponga de manifiesto que es algo de algunos pocos pero que afecta a todos.
Existen números que aun teniendo desconocimiento de ellos, se ponen de rabiosa actualidad. Ese es el 155, artículo de nuestra Constitución, la de todos los españoles, no sólo la de algunos; que determina acción cuando alguna situación atenta gravemente al "Interés General" de España. Permítanme que lo entrecomille porque lo que es de todos se aplica para todos y más como este acto flagrante como es el Independentismo.
Se califica las acciones del Gobierno como mano dura , pero aquellos que así se manifiestan no hacen otra cosa que poner en tela de juicio la ley, ya que la aplicación de la misma es que la debería defender el Estado y en los últimos día se está ejerciendo.
La mayoría silenciosa aquella que se mantiene latente pero con ardor en el corazón, aquella sociedad que nos dimos una Constitución en el 1978, que con sus luces y sombras, caracterizada porque era más lo que nos unía que los que no separaba. En esencia era la reconciliación de nuestro país, la necesidad de una anhelada democracia la que hizo de aquella Constitución un elemento clave en la Transición. Ahora la gente vuelve a las calles, como después del gol de Iniesta pero ésta vez enarbola sus banderas por su propio país, por aquellos que nos protegen; por ese sentir de democracia, en esencia aquello que les toca.
Quedamos a la espera de lo que ocurra, de lo que acontezca, en definitiva quedamos a la espera de evitar que nuestro país salga dañado por los ideales de algunos, ante estas derivas de locura… Por tanto sólo nos queda ley y Constitución.
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