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Opinión
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR FÉLIX SUÁREZ ESCOBAR
REFUERZO POSITIVO
Publicado el 16 de Julio de 2015, Jueves

Lourdes Paredes Cuellas

Opinión -

Dice el refrán que a nadie amarga un dulce. Esos dulces pueden venir de múltiples maneras, pero hoy voy a centrarme en el plano emocional y en como los refuerzos positivos  refuerzan conductas y en cómo aquellos/as que los proporcionan son compensados a cambio. 

Sí, hoy el artículo está dedicado a los/as trepas, pelotas, aduladores, serviles, seguidistas y, perdónenme la expresión, lameculos varios. Hoy me toca despacharme a gusto, habida cuenta de que a mis treinta y cinco añitos ya he visto suficiente de este género de individuos. 

Los y las trepas, proliferan por doquier, nos los hemos encontrado desde pequeños (quién no se acuerda del típico niño o niña repelente que hacía méritos de cara a la "seño" en el cole) y nos los estamos encontrando de adultos. Nos los encontramos en el curro, en la familia y casi en cualquier reunión de más de dos personas. El trepa, el gastador de rodillera, por desgracia, es un elemento que nos lo vamos a encontrar a lo largo de toda nuestra vida. 

Esta clase de individuos son supervivientes natos, pues saben instintivamente arrimarse al fuego que más calienta y a la sombra que mejor cobija, son pues una clase de personas que se han adaptado perfectamente al hábitat humano por excelencia: las sociedades humanas; por tanto, lamentablemente vamos a tener que seguir tragando con ellos por siempre jamás, habida cuenta de que no existe nada en este mundo que no tenga una razón de ser, por desagradable que sea.

La razón de ser del trepa tiene un fundamento biológico fuertemente arraigado: toda forma de vida, cuando hace algo que garantiza su supervivencia, se siente a gusto, fabricamos endorfinas, la hormona del placer en base a esos refuerzos positivos. Y por lo visto, el halago, el cumplido y el "si, amo, lo que usted diga" causa a nuestra especie un placer similar al de un buen almuerzo, el ejercicio físico, ciertas drogas o el sexo. Sí, tal como el sexo, la erótica de poder existe, la adicción al mismo existe y el trepa refuerza, con su asquerosa actitud, dicha adicción.

Pero la adicción al poder es doble, porque los que ostentan el poder, ocupan (después de haber peleado por él) una situación de preeminencia sobre el resto de individuos que los hace sentirse reforzados, más fuertes y, gracias al pelota, más tranquilos, porque así como el poder se toma, el poder también se pierde y precisamente los que tienen el poder disfrutan con el mismo porque supone imponer la voluntad propia a los demás, da  ver los propios deseos realizados a costa del colectivo, da sensación de control en un ambiente (originalmente el medio natural, hoy el medio social) potencialmente hostil, y por tanto, los hace -a los que detentan el poder- volverse recelosos frente a todo lo que pueda suponer una amenaza -real o imaginaria- a su posición, porque lo interpretan como una amenaza a la propia existencia, tal es el peso de nuestro pasado biológico en los humanos, y además no se puede variar en dos días lo que la evolución de la especies ha tardado en hacer millones de años. 

Así pues el trepa, con sus cumplidos, sus halagos y su baboseo, proporciona al poderoso un chute, al mismo tiempo tranquilizante que excitante, porque al calmar sus miedos le relaja los nervios  y le permite seguir sintiéndose fuerte para poder seguir enganchado a la droga del poder. Es como el drogadicto que es politoxicómano y primero se mete un pico de caballo para después meterse una raya de coca. 

Pero ¿qué saca el trepa con todo esto? Su miserable supervivencia, son como la rémora enganchada al tiburón: comen de las migajas que se le caen de la boca al escualo después de descuartizar una presa. El pelota hace lo que hace para sacar algo, su cumplido no es gratuito. Se arriman al poder por su propia necesidad de seguridad, que el poderoso les garantiza a cambio de obtener lo que ya se ha descrito anteriormente, de lo que se deduce que, tanto el poderoso como su corte de rémoras peloteras son, con diferencia, una atajo de cobardes que temen a la vida mucho más que el prójimo que vive sin esas actitudes. El amo y el pelota son con diferencia débiles, muy débiles, la pega es que lo disimulan bastante bien. 

También hay excepciones, hay gente que desde el poder desprecia ese tipo de actitudes serviles, son los auténticos líderes, con sus miedos y sus miserias como cualquiera de los demás, pero con el suficiente valor como para afrontarlas por ellos mismos. Sólo una pega: son los y las menos. ¿Saben ustedes por qué?  Porque en realidad no ambicionan el poder, no les hace falta, tienen suficientes arrestos como para enfrentarse a la vida por su cuenta son, en suma, una excepción que confirma una triste regla. 

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