Publicado el 16 de Enero de 2019, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Hay detalles de la gente que no dejan de sorprenderme. La mayoría del personal no lleva una vida fácil: nos suben los impuestos indirectos (llenar el depósito es un sofocón), nos suben la luz, nos privatizan los servicios públicos (y después suben las tarifas), las nóminas no crecen (al contrario, como suben los precios y no suben los salarios, cunde menos el dinero), las pensiones en el aire, los desahucios que siguen ocurriendo, las hipotecas a treinta y pico de años (si te conceden una) y entrampando a tus padres, el futuro incierto (por no decir que tirando a negro).
Ante este panorama la gente, las más de las veces, calla. Sí, puede resultar sorprendente, pero calla, ya se han acostumbrado, sus penurias diarias son asumidas como naturales y el personal se resigna a su destino mansamente. Por lo menos de puertas para afuera.
El caso es que uno se va dando cuenta de que cuando el malestar aflora de alguna manera, al poco, cosa curiosa (aunque uno cada vez cree menos en las casualidades) en los grandes medios de difusión nacional aparece un crimen o hecho trágico, uno grave (sea un acto terrorista, un asesinato o, inclusive una tragedia natural en la otra punta del globo) que le toca a la gente la fibra sensible y hay oleadas de indignación o de solidaridad. Afloran los sentimientos contenidos ante el malestar diario a raudales y, una vez pasado el desahogo, de nuevo a que vaya subiendo el malestar. Parece casi un ciclo programado que se repite de manera cíclica a lo largo del año.
No es que uno no esté libre del pecado de verse envuelto en estas oleadas de indignación, pero mi postura es otra, el poco agradecido papel de Pepito Grillo: recordarle al prójimo que todas esas tragedias en el fondo poco o nada van a cambiar sus vidas, que lo que las hace menos vivibles es lo que se ha descrito en el primer párrafo y que lo más lógico es que canalizasen su frustración hacia los causantes de dichos males a fin de poner fin a los problemas y alumbrar una sociedad más justa para la mayoría.
¿Por qué hago este recordatorio? Fácil. Los mismos causantes de las penurias de la mayoría de la población, son los propietarios de los grandes medios de comunicación que realzan noticias trágicas (durante una temporada a todas horas en televisión, prensa y radio) para que la gente tenga por donde canalizar sus frustraciones y no dirija sus esfuerzos contra ellos, contra los amos.
Se me va a hacer caso: NO.
Sólo soy uno y pobre contra unos cuantos y bien equipados para difundir su mensaje. No obstante, no me acabo de quedar tranquilo si no doy la voz de alarma, es como ver venir un tren o una apisonadora que va contra una multitud y la multitud no se aparta, es más, pide más y me resulta inconcebible. ¿Está el mundo loco? Puede, lo que sí tengo seguro es que está muy manipulado más allá de la razón: lo está a partir de los sentimientos, de lo más básico, primario y elemental.
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