Publicado el 16 de Diciembre de 2013, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Querer y no poder. Esperar sin solución de llegada.
Acontecer sin progreso ni interacción. Suenan las alarmas de incendios mientras
jugamos la última partida y miramos por la ventana cómo se increpan los de la
acera de enfrente, esos mismos que mañana se olvidarán por completo y se
convertirán a su vez en nuestros observadores. Los lobos siguen al acecho, a la
espalda y a los flancos, estrechando el callejón por el que se escapan los
sueños sin salida, dando cobijo al desamparo, bailando la desesperación en el
juicio final de los finales sin comienzo. Quien escribió este guión
desconcertado debe estar durmiendo la siesta eterna por unas horas, y los
actores que deambulan por la platea solo estorban sus propias réplicas en un
vano intento por elevar la voz sobre las multitudes del pánico. Mucho estado
policial, muchas virtudes cercenadas y muchos libertinajes liberados. En la
libertad está el gusto. Lo simple y lo correcto compiten en buena lid hasta que
el arbitrio decida dónde está el límite entre el pasado y el presente.
¿Necesitaremos nuevos trajes de lucha para dirimir diferencias? A este paso, la
guerra de la calle nos salpicará, explayándose en el mal cariz de los
acontecimientos. A la sedición por el camino más corto, sin atajos anestésicos
ni hatajos aún más tétricos. Soltando lastre, sobreviviendo al desastre,
olvidando si alguna vez amaste. Matando el hambre.
Cuentan que a los grandes males siempre les encuentra el
destino una sonrisa burlona, mezcla de desprecio y buenos augurios, que dibuja
en el cielo la egregia figura de un dios todopoderoso e infecto, preñado de luz
y circuncidado de emoción. A esos altares acudimos genuflexos, una y otra vez y
otra vez más, sin contar el tiempo de espera y los siglos que sucederán al
sacrificio. Denme algo en que creer y dejaré de brindar al sol con copas
vacías, aunque si no me creyeran les diría que es un rudimento perfecto en la
construcción de bienestares venideros. Si no nos replegamos, ¿qué nos queda?
¿Quedar libres de absurdos vagabundeos? ¿Vagabundear en busca de recompensa?
¿Recompensar a quien no lo merece? ¿Merecer otro amanecer oscuro? ¿Oscurecer el
ánimo sin causa? ¿Causar lesiones reparables? ¿Reparar otro pinchazo en el
hígado de la incomprensión? No comprender. No esperar comprensión alguna. La clave
del éxito, en efecto.
Pertenezco a un hato de canallas sin piedad, a una ralea
no asiente con facilidad. Donde fueres, haz lo que hieres. Husmeo el rastro de
unas frases sardónicas que no cazo con la asiduidad que debiera, atempero el
fluir de la sangre para que mis hematíes sepan hacia dónde van, adivino el
color del vitriolo fresco en la mañana recién peinada. Cuando la escarcha
abandone el verdear de las flores, mis dientes mascarán la derrota de saberse
fuertes otro atardecer, por muy duro que se les haga llevarse algo a la boca de
lo que hablar al día siguiente. Trabajo me cuesta tragarme las palabras que más
odio. Lo mismo una primavera me da por reventar y no dejar huella. Es de de
dominio público que los mayores inmortales están bajo tierra, y sus cenizas
perdidas, como todo lo demás, en el viento del cambio que nunca llega. La
palabra no dicha duele a cada momento, como si no le importara respirar
mientras pueda seguir causando tanto sufrimiento. Lo difícil es engullir su eco
y no confundirlo con el de tus propios pasos. Hay demasiadas aceras, sobra
pavimento y faltan huecos por rellenar. No hay teléfono de emergencias,
comunican entre sí y los cables están quemados. Huele a azufre, pero no es el
final. Aún.
Todo ese poso, el peso que cada uno de nosotros dejará en
la historia, será desecado hasta reflorecer con un traje nuevo. Menos
pintoresco pero pegado al suelo, sin los sueños inanes que nos perjudicaron
tanto. Antaño era otra cosa, a nadie importaba si lo podríamos conseguir o no. El
porqué de las frases interrogativas se confundía porque no sabía terminar la
pregunta. Ahora todo es mucho más fácil, ya no hace falta ni detenerse a
revisar las frases escritas. Las habladas tal vez, pero sin que nos pidan
responsabilidades que no somos capaces de afrontar. Quien esté sobrado de
pecado, que mire la primera piedra. A partir de ella, que desande el camino
correcto y siga el bueno, que no es otro que el equivocado, el que nos
conducirá al fin de la especie. Sagas que se perpetúan hasta el aburrimiento.
Especies congregadas que deciden subsistir. Fantasías en mate.
Háganme un último favor: desistan de entenderme, si es
que no lo han hecho ya. Paso las horas muertas dando vueltas sobre mí mismo sin
llegar a ninguna conclusión. Puede que la realidad me haya pasado de largo, o
puede que aún ni siquiera la haya encontrado. En cualquier caso, no duden de
que desde el momento en que pueda mirarla a los ojos le espetaré la verdad en
nombre de todos. Sé que su respuesta, de haberla, nos podría herir de muerte,
pero nunca se sabe hasta dónde podremos llegar con el corazón saliéndonos por
el pecho.
Disco del mes: Bob Marley & The Wailers – Exodus
“Hace frío en nuestra
casa, aunque te quiera en el alma, o tú a mí; la cama está helada, contigo es
una antártida. No temo perderte, temo dormir en el sofá”
‘Simpatía’, Deneuve (Grabaciones en el Mar,
2002)
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