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Opinión
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR FÉLIX SUÁREZ
TIRÁNDOSE PIEDRAS EN EL PROPIO TEJADO (La Política del miedo)
Publicado el 17 de Agosto de 2016, Miércoles

Lourdes Paredes Cuellas

Opinión -

Milito en una formación política -a pesar de sus defectos-. Tengo una responsabilidad en ella, no cobro por ello y trato de buscar en el bien colectivo el bien individual, porque entiendo que si el conjunto no vive bien, yo mismo no tendré un mínimo de bienestar y menos siendo un currela.

He participado en cinco campañas electorales en dos años, una cada seis meses, quitándole tiempo a otras cosas y poniendo de mis menguados recursos con la esperanza de ver un cambio en este país, en la creencia de que si bien no hay un mundo o una sociedad perfectos, se pueden hacer las cosas mucho mejor, en beneficio de las grandes mayorías de nuestro país, de las cuales formo parte al igual que todos aquellos a quiénes conozco. Soy comunista, pero también soy realista. Tal vez no se pueda alcanzar todo lo que en los manuales de marxismo figura, pero no tengo duda de que parte de ello se puede llevar a cabo. La parte del mejor reparto del pastel económico, la parte de tener un futuro y un mínimo de comodidad en la vida, la parte de que a cada derecho corresponde un deber y a cada deber un derecho, la parte de que gobierne el pueblo y no esas oscuras figuras engominadas y con cuentas opacas en medio mundo engordadas a costa del sudor y las penurias de los trabajadores. 

Paisanos, daros las gracias de corazón a los y las que nos habéis apoyado, lástima que no hayáis sido mayoría, lástima. Tenéis mi respeto, los que no lo tienen son aquellos que se han dejado arrastrar por el discurso del miedo. Aquellos y aquellas que viendo como está la situación, padeciéndola en sus carnes, viendo sus derechos recortados y sus vidas con un futuro más negro que el carbón de Peñarroya, se han creído el discurso de que íbamos a acabar como en Grecia, de que la izquierda española iba a convertir a España en la acosada Venezuela, de que esto iba a ser el caos, el fin del mundo, el acabose o el puñetero Apocalipsis. Perdónenme que se lo diga asustados, acobardados compatriotas, eso es lo mismo que han logrado con su abstención (ejemplificada en el "tos los políticos son iguales, cagoentó" que ya estoy hasta las narices de escuchar) o su voto a los de siempre ("he votado a tal pa que no me quiten la paga", pensión es lo que no va a quedar con un gobierno del PP y compañía). Y si me equivoco, de aquí a unos añitos, por favor que me lo recuerden -es de sabios rectificar-, pero me extrañaría estar en este caso equivocado. 

Vivimos en un país donde la cobardía parece ser el denominador común, mientras que la crítica fácil, el gastar rodillera y el quejarse (sin hacer nada para cambiar las cosas) es la triste norma. Me putean, una rajada con los amiguetes en el bar o cuatro mensajes con las amigas en el whatsapp, me desahogo y hala, a seguir puteados, a seguir renegando y a que se sigan aprovechando de mi, eso sí, cuando tengo a oportunidad de que las cosas se hagan mejor, agacho la cabeza, me quedo en casita o le doy en voto a los que me vienen quemando la sangre desde que tengo uso de razón. Brillante, muy brillante esa actitud. Lo jodido es que lo pagamos esos que estamos ya hartos de dar la cara por aquellos que, como borregos y borregas, balan de su desgracia y se tiran piedras a su propio tejado haciendo caso de la política del miedo alentada desde la televisión. Eso sí, se nos exige respeto por el voto emitido por estas tipo de personas. Vale, respeto legal el que quieran, para eso no manipulamos las actas en los colegios electorales cada vez que hay votación yendo de apoderados, para eso respetamos escrupulosamente la legalidad. Pero moralmente no tenéis mi respeto, los y las cobardes no se lo merecen, se lo merecen los que luchan, se lo merecen los valientes y una parte importante de vosotros y vosotras me habéis demostrado ya en demasiadas ocasiones que no lo sois.

Así pues, al próximo o la próxima quejica, al próximo adulto o adulta con mentalidad política de crío de parvulario que se pegue una rajada en mi cara, no sé a donde lo voy a mandar, pero (como hay sol en el cielo) que estoy hasta las narices de tener que vivir en un país que se va a la mierda gracias a la actitud de este tipo de gente. 

Lo dicho, este artículo es un juicio moral, soy juez y fiscal. La sentencia está dictada: 

Daños irreparables al país,  con agravante de necedad y cobardía.

Buenos días.

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