Publicado el 15 de Diciembre de 2014, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Solo los lactantes de mejores mantos seremos conscientes
de cuán apremiante se torna la sentencia final. El juicio por habernos robado a
nosotros mismos se celebrará ante jueces sobornados de por vida, con la muerte
pisándonos los talones y al socaire de la juventud pasajera que nos da el
derecho a ebullición perpetua. Somos aventados discípulos de un tiempo que no
volverá, que se entrecorta en su propia respiración apaciguada y terminal, que
necesita de otros pulmones aún más contaminados para expulsar su propia
nicotina de penurias. En los pliegues se hallan los vértices y en las cenizas
las ascuas de otra revolución. Ahogados y medio arcabuceados, valientes por
defecto y desalmados por definición, los pingajos de la muchedumbre muestran el
lado oculto de cada luna particular. En los patios traseros se agolpan los
cachivaches y los parches de las prendas que ya no vestiremos jamás. Hagan
juego, se agolpan las últimas ofertas. Entren sin llamar, llamen sin entrar y
allanen sin penetrar. Como quien le da la mano a su verdugo, los pasos
cojitrancos que embozan nuestras piernas anulan el delirio de la noche
anterior, en la que un predicador ciego y manco nos daba la extremaunción con
el tobillo. Hemos desentonado como antes lo hicieron los músicos borrachos, incapaces
de dar con la nota más fina de todas.
Bracear en aguas residuales. Desmenuzar las cataratas del
peligro. Enterarse de quién y cuándo van a dictar sentencia. Serenar la piel y
las agallas que siempre nos faltaron. Conjugar verbos sin participio ni final
perfecto. Comenzar libros que nunca olvidaremos. Protegernos de ellos, de todos
y de nadie. Armarse de valor contra la venganza. Contrariar a quien se ponga
por delante. Convencer a quien se acerque por detrás. Cuchichear y perecer.
¿Hay más formas impersonales? Personalmente, no me interesan. Conocí el germen
de la filaria y desde entonces todos me fijan sus ojos elefantiásicos sin
posibilidad de réplica. Bastante tengo con sobrevivir entre sus piernas y
apostarme ante el yugo que me lanzan con cada mirada. Alguien me susurró que no
es bueno ser bueno, que sabe más el malo por bueno que por viejo y por malo, y
que todo el mal que es capaz de caer sobre ti significará que algo bueno está
por venir. Lo que aún no sé es cómo ni dónde, ni acaso por qué. Porque no es
bueno esperar nada malo, mal que le pese al buen pensador. Pienso que existo en
la propia existencia de mi pensamiento y me enroco en otra jugada de auto
referencia. Quien quiera paces que enjuague el cubo y lo arroje al pozo del
corazón, mejor sin sajar y a punto de ser vertido al albañal de mentiras que lo
limpia cada cierto tiempo. Precisamente lo que necesitamos.
En un perfecto ejercicio de inanidad, nada es suficiente
para llegar al todo. O todo basta para quedarse en nada. Sí, es desorbitada la
cantidad de letras que se precisan para reunir el coraje suficiente, y pagarlas
a plazos no entra dentro de nuestras posibilidades. Hemos vivido por encima de
la tercera parte de las suyas y todavía vemos cercano el momento de rendirles
tributo. Los innombrables, los que nunca descansan ni cejan en el empeño, los
que rara vez se empeñan en rectificarnos el entrecejo, los que nombran sin
apellidos a aquellos que tampoco tienen nombre ni dirección. El folio en blanco
desvela sus verdaderas cualidades, ahora tenemos que reunir los signos de vida
suficientes entre el encefalograma plano del planeta, las inundaciones rojas
que regarán las articulaciones del valle y la encarnadura divina que reparará
el paso de tantas cicatrices acumuladas. Somos conscientes de que estamos
bendecidos por un don que escapa a nuestro control, sin el cual el tiempo
moriría en mitad del camino sin billete para quedarse a dormir dentro del
vagón. Los vientos espartanos, suaves y abundantes, anuncian la cosecha del
futuro bebedor, y a su olor rellenamos las copas y subimos los brazos en señal
de acuerdo. Solo por eso merecerá la pena volver a vernos.
Muéstrate sobrio, manifiéstate atento al rumor de las
olas y no dejes de asomar el codo de tu jactancia ante el mundo. No es odio, es
interacción. No se trata de sonreír sino de refulgir. No sabemos si somos
grandes o son los demás los que se nos quedan pequeños. Tampoco nadie vendrá a
rescatarnos del totémico monstruo salvaje que nos reclama. Como nuestro
progenitor, debería saber que los muertos no debemos acordarnos de él salvo en
contadas excepciones y solo para aplaudir su falta de piedad. En plena lucha,
en el fragor de las trincheras y el rumiar de los incisivos gastados, poco
importa más que saber elegir tus alianzas. Aunque al poco descubras que ni a
eso deberías haberte aferrado.
Disco del mes: Los Íberos
“No me des a elegir, que prefiero soñar, no me basta este
mundo real”
‘Costilla de
Adán’, Single (Elefant Records, 2006)
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