Publicado el 02 de Diciembre de 2008, Martes
Opinión - Aquí, en los Madriles, donde como decía un cura muy querido de mi pueblo: Paso mis cortas y merecidas vacaciones, y éstas le duraban todo el verano. Pues en este pueblo tan grande toda la vida cultural de la gente que pisa la calle transcurre en la boca del metro. Las bajadas al suburbano son como las puertas del infierno. Todo el mundo va con prisa y allí te entregan el periódico gratuito, que si fuera más amarillo lo colocaban en la bandera. Te reparten propagandas de videntes, de compradores de oro, de ordenadores de ocasión y de algunas cosas que no te imaginas nunca que se puedan anunciar. El periódico te dura un viaje y no suele traer crítica cinematográfica. Los "cagaprisas" que usamos el metro sabemos que esa sección no hay que leerla, con echarle un vistazo al mantero de los CDs piratas, que estrecha el pasillo, te enteras de que películas son buenas y cuales malas. La manta es despiadada. Sí tu eres director de cine, y tu sueño es hacer una película y luego un chino en un sótano de Lavapiés no te la copia de forma pirata y te la manda a la boca del metro; está claro que has fracasado.
Nosotros, la gente de barrio, aquí en Madrid, solemos tener nuestro moro o nuestro negro mantero de cabecera. Perdón, nuestro señor musulmán o nuestro subsahariano. Corrijo este desliz, porque aunque los dos hayan venido en patera, hay que ser con ellos, a la hora de citarlos, políticamente correctos. Pues bueno, corregido el tiro, yo también tengo a mi muslime de cabecera que me informa como está el patio del pirateo. A veces lo veo corriendo con la manta al hombro perseguido por una plétora de municipales. Casi siempre gana el del Rif.
Esta mañana, una vez pasada la hora punta, esa en que si te pones en la boca el metro, te meten para adentro aunque tu no quieras, me he ido a la manta a buscar "El libro de la represión de la guerra civil española en la provincia de Córdoba". Allí me he encontrado todo menos pero de ese libro ni sombra.
Le pregunto al beréberere por él y me pone una cara, como de subirse a la patera de vuelta. Y me responde con esa manera aspirada que tienen de hablar destrozando los tiempos de los verbos: " Aquí vender sólo películas".
Le aclaro que en el libro se habla de hechos acontecidos en mi pueblo Peñarroya Pueblonuevo o en mi comarca del GUADIATO en la posguerra. Cuando los señoritos andaban fastidiando al personal.
¿Y que ser el GUADIATO? Me responde el aljamiado. Y yo me freno en seco porque le iba a decir que es una comarca de Andalucía, de Córdoba, donde se vive mejor que en ningún otro sitio y dónde sus gentes son peculiares, demasiadas peculiares diría yo. Y si no le llamo moro, tampoco tengo porqué nombrarle el "galufo". Así que opto por la vena culta y le digo: "El fhats al Ballud", el famoso "Llano de las Bellotas". Una tierra donde tus antepasados beréreberes estuvieron jorobando cristianos más de treinta años. Algunos de ellos se fueron con la guerra hasta Egipto y fundaron un reino en la Isla de Creta, otros se unieron a los Almas de Tumbuctú.
Los ojos del beduino se abrieron como platos. Me miró asombrado, y de no ser por la situación que tenía, seguro que llama a la policía o a los loqueros, y sin darme tiempo a que le soltara otra pedantería cultural me dijo: - Si tu querer libro, esto es lo que hay. En bolsa, más de lo mismo. Pero Libro GUADIATO no tener, ni conocer yo ni chino que lleva cotarro.
Una losa se me cayó encima. La desolación se apoderó de mi espíritu. De camino a casa me pregunté: ¿Qué mala suerte he tenido?
Y en mi desesperación me resigné como pude, porque es un varapalo muy fuerte que te gastes, en tiempos de paro, despidos y vacas flacas, un dinero para leer anécdotas y hechos verídicos de tu tierra y luego veas, como ese libro no le venden ni en el top manta.
El Crítico.
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