Publicado el 16 de Enero de 2014, Jueves Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - La brevedad de los días eternos. O la eternidad de los
más simples momentos. Tanto monta… Es curioso cómo las luces, las muchedumbres
y las mansas palabras, cantadas o voceadas, pueden trastornar el devaneo de
cándidas almas que divagan entre bocado y trago. Tragar, qué curioso, así que
de eso se trataba. Con todo y con todos, ¿no es eso? Pues pongámosle remedio,
que no todo va a ser cuestión de tiempo y paciencia. Piano, piano. De cola
larga y mocil. De gentiles teclas en las que acunar un recuerdo. De suaves
caricias y soledades compartidas. De trizas corazón contento, de armas tomar un
café amargo, de vuelta de todo lo que acaba en nada. Hagamos árboles de las
leñas caídas, alimentemos al monstruo. Al trocear el pavo de la vergüenza se
nos caerá la propia, cayendo en la cuenta de las cuentas perdidas. Claro que
cuando el día acabe y con él las bombillas se apaguen, se agotará el crédito
remanente, curioso término con el que terminar una historia que apenas ha
empezado a repetirse.
Haronear es de débiles y solacearse en los logros más
propio de mentes proclives a la autocomplacencia. Al mirarnos el ombligo y ver
el cordón umbilical que nos desune solo nos convertimos en engendros de etnia
inferior. Ratificado el pecado y superada la penitencia, el diluvio final solo
podrá calarnos por una parte, nos cobije techo o nos desampare la intemperie.
Colegimos de tanto parabién una frase que nos sirva para no arredrarnos, para
encorajinar a los tibios de vocación y para aferrarnos a aquello de a la fuerza
ahorcan. Que nos fuercen a hacerlo si se atreven, que nos intenten paralizar de
miedo y que nos amenacen con una inanición nueva, permanente y despiadada. Si
no aprendimos ya, entonces sí, que nos escupan en el arcén de los olvidados y
nos reduzcan a cenizas. En esas brasas doramos nuestros víveres hasta que
adquieren el color que copará el mercado la siguiente temporada. Ya es
primavera en el coste extranjero, invierno en la cuenta doméstica y otoño en
las horas estivales. Nadie sabe cuánto nos ha costado pagarlo, son centenares
los que olvidan dar cuerda a las manecillas del juicio final y muchos más
millones quienes ignoran que ahí, en el tiempo que nos queda por vivir, está la
clave de nuestra propia reinvención. Vencer o morir, he aquí la condición. Temer
o vivir, así es la contradicción. Maten, mueran, vivan y venzan, y contemplen
su gran obra después. Sabios consejos del consejo de necios, lauros victoriosos
que ondean sus mieles debajo del podio e himnos de divide y perderás que rompen
tímpanos a su paso. Martillos y yunques servirán de consuelo, cual aceite de
vida empapando las manos que una vez mecieron las cunas de la desesperanza.
Sigue todo negro, ya podemos publicarlo.
Pensando y con el mazo dando, no podía ser de otra
manera. Aficionados de cuarta fila, cuánta sinrazón en vuestras quejas, qué
falta le hace al mundo un camino de baldosas amarillas iluminado por vuestra
voz, cuál fue el dispendio que os dispensó de menesteres mucho más mundanos e
innecesarios… y cómo suenan todas estas frases, cuán sin sentido y sin comas
que nos hagan respirar a tiempo. Va haciendo falta un poco de calma entre la
tempestad, una justa rémora que nos siga haciendo renquear a la pata coja. Coja
usted lo que guste. Guste de avanzar o no, retroceda a su antojo. Antojo que no
es socorrido, jamás será servido. Servido el postre, la cena ya no es
necesaria. Necesaria será una explicación antes de aplicar en antídoto
correcto. Correcto no es igual que recto. Recto al recto. Recto, sin curvas.
Curvas en los labios que amasan palabras de amor. Amor y odio. Odio al amor.
El vestido con el que despedir otra cifra es el mismo con
el que hospedar la siguiente. En el hueco de las manos no caben más arrugas de
las precisas y el agua se escapa sin haber dejado un solo rastro, ni siquiera
un mal olor nuevo. Se preguntarán cómo nos podremos lavar ahora. Se ve que no
han entendido ni una sola línea ni han lamido ni una mísera herida. Mucho
mejor, así no se arredrarán ante un nuevo envite del destino, porque tampoco se
leyeron el guión ni permanecieron atentos a la pantalla. Llegaron tarde a la
lectura del guión y no se enteraron del reparto de papeles. No hubo letrado que
defendiera su parte ante el tribunal, y el jurado popular estaba vendido mucho
tiempo antes de serlo. Esta es la ley del mercado, o la compramos o hacemos
cambalache regateando a pie de calle, no hay punto intermedio. El engrudo ya
nos llega hasta la cintura, estamos sumergidos hasta los hombros y empeñados
hasta más allá del sentido común, pero hacemos una piña colada con los recuerdos
y nos los bebemos en la comunión. Y si no, en la boda. En el bautizo mejor no,
que la vida se pega como una lapa si la celebramos en alto y los brindis pueden
contagiar otros cálices en los que abrevar. Saciemos la sed, vaciemos la mente
y sangremos en hermandad, como buenos cristianos… Venga, ya es hora de renegar
y de proclamar verdades como montañas: en el reino de los locos, tener dos
cabezas no implica que te ilumine más la luz del sol. Yo, por si acaso, ya me
he agenciado mi visera.
Disco del mes: Joan Manuel Serrat -
Mediterráneo
“Solo falta luz del cielo
aquí, me sobra el negro; algo raro está ocurriendo en mí, un sentimiento”
‘Bellas artes’, Cecilia Ann (Elefant Records,
2000)
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