Publicado el 20 de Abril de 2022, Miércoles Felipe López del Rio
Opinión - En
pleno siglo XXI, ninguno de vosotros o yo podríamos haber imaginado que podría
sucederse una guerra que removería los cimientos del mundo, o quizá, si era de
esperar que algo así sucediese. Estamos acostumbrados a una guerra de precios,
de productos, informática, aeroespacial y otras tantas guerras que se libran a
diario sobre todo entre el liberalismo de EEUU y la comunista china, pero pocos
imaginábamos un desenlace como el que está sucediendo en Ucrania.
Desde
que EEUU decidiera abandonar Afganistán y los talibanes tomaran de nuevo por la
fuerza el poder del país, ante la mirada imperturbable de EEUU, la OTAN y el
resto de países del mundo, como si aquellos barros, no encaminaran al mundo a
estos lodos. En aquel momento el acto de la retirada de las tropas
estadounidenses de Afganistán y la posterior toma por las armas del movimiento
político-religioso talibán sin que nadie hiciese nada, haciendo este hecho que
se vulneraran los derechos de miles de ciudadanos de ese país, sufriendo este
castigo sobre todo las mujeres, vulnerables ante estos miserables. En ese
momento ni una sola asociación feminista se puso en pie ante tal atrocidad, ni
ONG que defendieran los derechos de todos los seres humanos que estaban en
manos de estos bárbaros. Es por ello que, ante un hecho sin precedentes hasta
el momento, EEUU y La OTAN, demostraron una debilidad, una vulnerabilidad que por
muchos fue aplaudida pero que otros muchos vieron como una oportunidad para
hacer lo que siempre quisieron y desearon. Gobernantes narcisistas que desde
hace mucho venían dando pinceladas de lo que querían y que ese hecho hizo que
reafirmara su idea de expansión al más puro estilo nazi.
En
ese momento aparece Vladimir Putin, presidente de Rusia en dos épocas
diferentes con un presidente entre una etapa y otra que era una extensión del
mismo Putin, época que aprovecho para hacer una ley para hacerse perpetuo en el
sillón presidencial. Recordemos que su idea de expansión empezó con Crimea, una
vez más ante la pasividad del resto del mundo, demostrando una vez más la
escasez empatía ante los problemas de países vecinos, temiendo las posibles
represalias que puedan sucederse. Es por ello que hoy disfrazamos esta falta de
empatía, nuestra impasividad ante los hechos que pasan a nuestro alrededor,
llamando loco a este dictador, cuando lo que le sobra es cordura en su lucha
fehaciente de lo que quiere de su pensamiento de su idea de expansión. Él solo
ha aprovechado esta coyuntura, este debate de occidente entre la utilidad de
los ejércitos y su necesidad en conflictos de cualquier índole y el buenismo de
aquellos que creen que destinar dinero para armamento y ejército es inútil.
El
resultado de todo este conflicto es estar al borde de una 3ª guerra mundial,
una inflación que si antes era grande ahora es desorbitada y una huelga de
transporte propiciada por los altos costes en el combustible que ha generado un
revuelo considerable en nuestra sociedad y que ya estamos notando en nuestros
supermercados y por ende en lo que podemos o no comprar, y, ¿Qué hace nuestro
gobierno para evitar los altos precios y evitar la huelga de transportistas?
Echar la culpa a Putin de una cosa sin solucionar el problema y llamar
ultraderecha a estos autónomos que estaban trabajando perdiendo dinero.
Por lo tanto, cuando se
suceda un hecho que parece no tener importancia acordaros de que por culpa de
aquellos barros vendrán lodos.
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Noticia redactada por :  Felipe López del Rio
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