Publicado el 15 de Diciembre de 2015, Martes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Con éste título tan categórico quiero empezar este artículo, rindiendo un homenaje a la democracia, a aquellos que perdieron la vida una noche de Noviembre mientras disfrutaban de sus momentos lúdicos truncados por el silbar del temido Ak 47.
Silbidos que enmudecen a la democracia, recordando un fatídico momento en nuestro país. Alejándonos de las comparaciones, porque cada uno tenemos una respuesta, adquiriendo cada sociedad su idiosincrasia, su forma de ver la vida, pero ya sabemos "los buenos no son tan buenos y los malos no tan malos".
La respuesta ante dicha afrenta, recae como un gran estruendo sobre un mando ejecutor sobre una mesa, por una parte criticada y otra ajusticiada, al fin y al cabo el orden establecido ¿cómo se aplica? Mi respuesta está enfrentada o como coloquialmente se dice "tengo el corazón dividido", porque está el dolor de unos frente al de los otros, pero sin olvidar que hay que hacer algo ante dicha situación.
La guerra de religiones se han sucedido a lo largo de los tiempos, pero en ocasiones y leyendo mucho sobre el tema, siempre ha sido un aliciente a lo político y económico. En la base de las religiones, casi ninguna establece en sus preceptos el utilizar la fuerza frente al prójimo, sino todo lo contrario… ¿qué ocurre? Que el hombre tiende a corromperse, cuando los principios se van de su interior y lo que es más peligroso es la interpretación de las palabras.
Una verdad puede ser modificada por la interpretación de la información que tenemos de ella, por tanto debe establecerse un criterio general, todas las vertientes para adaptarse al mensaje. La solución no está en el enfrentamiento, pero es una solución, sin olvidar que el terror debe atajarse lo más rápido posible pero sin olvidar que no pueden pagar justos por pecadores.
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