Publicado el 17 de Julio de 2017, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Mi abuelo me decía que cómo se iban a poner de acuerdo cuarenta millones de españoles si éramos siete en la casa y no nos poníamos de acuerdo. Y vaya si era un reto.
Llevo cinco años metido en el particular mundillo de la política (sin cobrar y sin ambiciones, que quede claro lo que a mi me mueve) y la verdad es que he visto casi de todo, bueno y malo. Pero a la hora de ponerse de acuerdo, en una asamblea, en una simple reunión, ¡Qué Dios nos asista! Basta que haya dos que tengan sus opiniones más firmemente arraigadas de la cuenta -hablando en plata: que tengan o la cabeza como un adoquín o un ego grande como la torre Eiffel- para que surjan facciones y disputas, a veces por las cosas más absurdas. Y eso dentro de la misma formación.
Por tanto miedo me da el pensar en negociaciones a dos o más bandas cuando el poder está en juego. Vamos a hablar claro -para variar-: como haya entre la dirigencia gente que sea profesional del gremio (o sea toda su vida viviendo de la política y que los y las hay que piensan seguir así hasta el infinito y más allá) o que quiera serlo, estamos jodidos. Tal cual. El plato de lentejas, revuelto con la ambición hacen muy malas juntas. Y de eso hay ¡Vaya si lo hay!
Y entonces que ocurre: que por lo general los listillos y listillas de turno azuzan a unas bases (que perfectamente se pueden entender por tener mucho en común) las unas contra las otras. Y bueno ¿Qué es eso que tienen en común? Que son gente normal que quieren resolver los problemas de la gente normal (trabajo, techo y servicios sociales), es claro y sencillo, pero no hay que subestimar la capacidad de persuasión y difamación de los vividores (y vividoras, por supuesto) de la política, sea de los presupuestos públicos o de la burocracia partidaria. Como no, ¡ojo! también hay gente entre los cuadros y los aparatos honesta y buena, me consta que la hay, pero como ya he dicho, la ambición y las lentejas son una combinación explosiva y, al final, la gente honesta queda fuera de combate en cuanto las camarillas de turno empiezan a mover ficha.
La militancia, que en muchas ocasiones suele tratar en política sólo con militantes de su misma formación, al final se traga que los potenciales aliados son unos herejes y el mismo Satanás en persona si hace falta. Y de esos polvos estos lodos: gobiernan los de siempre y al pueblo llano que le den dos duros (por no mencionar donde la espalda pierde su digno nombre). No es que el pueblo, la gente del común esté exenta de culpa por apoyar a quien apoya y votar lo que vota, pero los medios y el miedo juegan también su parte en el asunto y, en un país donde la gente sabe de sus problemas pero le cuesta tela situarlos en su contexto, los poderosos juegan con ventaja, con las cartas trucadas como en un timba de póker.
Volviendo el tema de ponerse de acuerdo, si un asunto queda claro es que hay que echarle valor, porque se tiene mucho en contra, entre otras cosas que te linchen tus propios correligionarios, azuzados por "las mentes preclaras de turno". Por lo pronto, lo primero: déjate de prejuicios con respecto al potencial aliado, con o sin instrucciones de arriba trata de conocerlo, ve de buenas y lo más seguro es que te lleves una sorpresa en el mejor de los sentidos y eso no es traicionar a nada ni a nadie. Lo segundo: por más cariño que le tengas a tus siglas y creas que son lo más bonito del mundo mundial, no seas como la gente con su equipo de fútbol (que se ponen hechos unos becerros/as a veces) y que es así: parecen a veces más que gente con conciencia social, hinchas de equipos, damas y caballeros, esto no es un derby Sevilla-Betis o Madrid- Atlético, aquí nos jugamos nuestro presente y nuestro futuro y el de los que vengan detrás, ¿Acaso en el fútbol, en los derbys, no son todos o sevillanos o madrileños, incluso del mismo barrio? Nuestro barrio, es el mismo, porque nosotros estamos todos y todas en contra de lo que hay, que no es poco, eh. Y si la facción podrida de nuestros cuadros y los cuatro exaltados/as a los que les gusta oírse y soltar bilis no están por la labor, a perder el miedo y ponerles las cosas claras: juntos somos más fuertes y que oficios hay muchos con los que ganarse la vida además de la política, es más, es lo que hace el 99,9% del resto de la gente. Y a los y las que les gusta oírse: a casa delante de un espejo y dejad al resto en paz construir algo útil y provechoso para las mayorías.
O eso o que admitan de una vez que le están haciendo, con sus egos, sus disputas, sus ansias de poder, sus sectarismos y su olla de lentejas, el juego al sistema a diario y traicionando con ello el pueblo y a los militantes que los apoyan y que creen en un proyecto que, misteriosamente -mira tú por donde-, nunca se acaba de cumplir porque siempre hay "alguna pega esencial e indiscutible" "líneas rojas que no se pueden cruzar" o cualquier otra parida que a las castas internas y camarillas de mesa camilla de los partidos antisistema se les pase por la pelota para seguir divididos y, mientras, el país jodido.
O unidad popular, a nivel local, regional y nacional, o si no punto en boca y a fastidiarnos con lo que nos toque en suerte si no se consigue. No será porque no estáis advertidos que el que avisa -a diferencia de otros/as- no es traidor
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