Publicado el 16 de Diciembre de 2019, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Las rapaces se empeñan en parecer ángeles cuando, al amanecer, olisquean la sangre de la desmemoria, tanto tiempo alentada por el sueño de los justos que deberíamos estar durmiendo a estas alturas. Son solo los restos, los alimentos caducados que nos ofrece la nevera del descontento al abrirla antes de irnos a dormir. Las trapacerías de los empecinados en poder ser, estar y parecer nos abocaron a esto sin que les diéramos tiempo siquiera a notar su presencia. En otro momento, preferíamos sentir su respiración en el cuello a su nuca en nuestras manos, y ahora tal vez sea el deseo frustrado de hacernos a nosotros mismos el que nos asfixie y ahogue a la vez muchos otros igualmente nobles. No hemos sobrevivido a otro capítulo en blanco, y eso nos pasará factura.
En la televisión otra nota fundida a negro nos recuerda que no, que hoy tampoco saldrá el sol más allá de las nubes, y en los epinicios y sus poblados versos podremos recrear la métrica de los vencidos. Una victoria pírrica y empírica, ejemplar y simpar, medida y comedida. Tras los restos de la rendición surgen los del naufragio, desaparecidos o rotos. En algún lugar las aves que antes contemplaban el mundo a sus garras ahora se recrean en el submundo de marras. Marrones los fetiches de siempre. Manchones en los derviches de antes. Túnicas que son tónicas de comportamiento. Monsergas que son vergas de consentimiento. Si quieren más rimas romas por las ramas engañen a las raíces. Donde las dan las toman. Es lo que nos han enseñado y nunca nos interesó aprender nada que se saliera del guión. Como un monstruo hirsuto, lleno de odio por sí mismo, nos empecinamos en que volver a caer en la tentación no nos librará del mal sino que lo perpetuará por los siglos de los siglos. Amén.
Es hora de invocar a los ídolos hercúleos que hicieron la vida un poco más fácil. Ni frágil ni estéril, sino todo lo contrario. Ni en el lodazal ni en el lupanar, sino al contrario. Ni saben ni contestan, sino contradictorios. Las veces que pasamos por aquí había más posibilidades de quedarse, ahora en cambio solo priman las ganas de huir. Del esfuerzo hercúleo por sobrevivir solo quedan cenizas, apagadas por el receso del tiempo y el exceso del contratiempo. Época de estiaje, de caudales mínimos, de luces grisáceas y veneno en la piel. Al plástico fino y al tacto divino le complementan el jarabe de ricino y el regomeyo en el alma cuando no se encuentra el paracetamol en la farmacia de la esquina. La inquina de los desencuentros. La esquirla de los desentindimientos. El placer de saberse deseado sin saber por quién. La inherencia de miles de herencias. El arrebol del revoloteo de un pájaro. Tantas y tantas cosas que podrían decirse con la boca cerrada y la mirada bien alta. Peces de colores en un mundo y blanco y negro, luchando por salir a la luz perdida de la luna. Sabemos perfectamente de lo que hablamos aunque haya que descifrarlo en estas y las siguientes líneas. No hay que desesperar aunque parezca lo contrario.
Este discurso tan lleno de digresiones no puede jamás conducir a camino alguno. Ni correcto ni recto. Lo turbio del asunto es que aún tenemos sospechas de que se puede enturbiar más, y no se sabe si eso sería realmente bueno. Es agradable mantenerse al margen y escribir en líneas paralelas, donde se refugian los versos alternativos y las carreteras perpendiculares, con sus caminos adyacentes formando una geometría imposible. El análisis de los resultados nos lleva a puntos de encuentro cóncavos y convexos, con nombres en clave y desciframientos imposibles. Es divertido comprobar cómo unos y otras se empeñan en conversar sobre lo verdaderamente intrascendente, mientras otros y unas se ríen a carcajadas y se llenan las manos de sonrisas diabólicas y los ojos de sabores indecentes. La lacerante limosna que nos arrojan a diario es suficiente para la holganza semanal, y los números no cuadran al final del mes siguiente, pero eso nunca importó demasiado. Siento la disensión y presiento la distensión. Atención: Todo es susceptible de ser cuestionado.
Deglutir en silencio las sobras de la reunión es como buscar el fondo del plato de sopa con un tenedor. Arrastrarse hacia las ciénagas cuando se tiene hambre de siglos es igual que encontrar el hueco ideal para el sepulto. Pulsar el timbre de la actualidad es parecido a perderse en horas de sueño sin tregua para el descanso. A las miradas encontradas también se les llama condición humana: En esas pupilas subyace el miedo a pertenecer a una especie determinada.
|
 Disco del mes: Standstill - Adelante Bonaparte Cultura : Últimas noticias El Consejo de Gobierno acuerda la actualización del precio del comedor del primer ciclo de Infantil DESDE EL JERGÓN TORRIJAS |