Publicado el 17 de Marzo de 2014, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Andarían
recogiéndose los serenos cuando los sobrios amenazábamos con zamparnos el
amanecer como desayuno. Había sido una larga noche, cadenciosa y sin demasiado
interés, en la que el humo de leche expandía el sabor amargo de los últimos
tragos. Sus vapores llegaban hasta la avenida de la soledad, en la que vagos
despertares se abrían paso entre la bruma en persecución directa de un nuevo
despertar. No sucederá lo de entonces, cuando la tenia eternamente hambrienta
reclamaba su trozo del pastel, pero sí, podríamos decir que estas hambres
corren en paralelo y abren sus fauces al mismo tiempo que ayer. Del audaz paso
del tiempo lo que queda es siempre lo más digerible, el acicate para nuestra
tenacidad, el ombligo de nuestro mundo cada vez más cerrado, los espurios
congéneres de cama que jamás nos amarán, la más devastadora obsolescencia de
los sentimientos. Comer y cantar. Coser y contar. Correr y cortar.
Me
asustan los ojos blindados porque no puedes ver de qué color sueñan, por muy
mediocres que sean sus estrías. Vi al diablo de la desolación en un reflejo
sutil que me puso el alma erecta. Es más bien una cuestión relativa al homo sapiens, pervertido de ignorancia a
medida que el cuerpo le permite una mayor visión general. A deshoras de los
minutos, permanezco alerta, vigilante, azorado. Escorado hacia el centro, para
encontrar un poco de calma. Comenzará la cuenta atrás pero a mí me encontrarán
sumido en un pozo de estricnina, expectorando la yugular entre convulsiones y
asestando puñaladas al aire que dejó de contaminarme. El mejor amigo del hombre
es siempre el peor que podamos imaginarnos, y lo que no quieras para tus hijos
quiérelo para ti. Sacrificios de la propia sangre. Huidas en común hacia la
salida más lejana. Puertas cerradas contra muros de hormigón desarmado.
Incertidumbre y desesperación.
Controlé
la amenaza de la propia especie y predominó el instinto de conservación. Vacíos
y abandonados a su propia suerte, no hubo astro que ofreciera la suficiente
resistencia. El ámbito sideral, ese va a ser el que nos otorgue un poco de
calma. Pero antes del después, permítanme presentarme: soy ese, el que no
parece hombre, el que a nadie le interesa, la maldición de los nombres, el que
besa para decir su verdad. Me autosatisfago a corazón abierto y el placer que
me brota a chorros impregna impregna la trastienda de la rabia, en un acto de
condolencia final que se aproxima a una suerte de don epicúreo e inexistente.
Solo fue un intento, sin prometer que la parte buena vendrá al final. No podría
comprometerme con ninguna gran certeza, tal es mi capacidad de negación. ¿Triste,
verdad? Más tristes son ellos.
También
sé soportar las confesiones de mi inseparable sombra. Sé a ciencia cierta que
se entrega a devaneos insalubres y que escucha música para que las penas pesen
menos y hace como que no la entiende. Debate con auténticos imbéciles por ver
quién posee la razón absoluta y encuentra absurdo andarse con rodeos si sabe
que todos acabarán llegando a la misma esquina y seguirán sin intercambiar ni
una sola palabra inteligente. Gente de ingente poder. Poderes fácticos y
tácticos. Sintácticos análisis sin aparente campo semántico. Sexo tántrico
contra seso práctico. Sincréticos apuntes sobre tétricos asuntos. Contractos
sin firma ni sello. Sellos con la boca sellada. Silladas sobre montes
inaccesibles. Acceso permitido, pasen y relean.
O
alguien nos sale al paso o tendremos que pagar juntos por pensadores. Cambien
las consonantes y tendrán la solución al enigma, no sin antes pagar el peaje
para que nos abran el semáforo en ámbar. Salimos, entramos, rodeamos,
atravesamos… odiamos, y nadie nos lo puede impedir. Ser las caretas que
asienten a las órdenes de la satrapía elegido por unos cuantos nos absuelve de
equivocarnos. El sugestivo poder de la ingenuidad nos abraza y nos confunde al
mismo tiempo de partir hacia otro aturdimiento colectivo. Cuando nos crucemos
lo más ilógico, y por tanto lo más común, es que no nos atrevamos a saludarnos
ni a gesticular con hipocresía. No sería descabellado apuntar una fecha en la agenda
para enfrentarnos en comunión al enemigo, pero si no le ponemos cara ni
apellidos me temo que será una batalla inabordable. Preparen las sombras chinas
y salgan al encuentro del ejército de palos y piedras que nos recibirán con las
flechas abiertas. Lancen su ira y esperen. Esperen. Esperen. Esperen…
Disco del mes: Paco de Lucía
– Almoraima
“Háblame cuando me abraces,
cuando me falte valor, solo háblame. Háblame por la mañana, cuando haga frío en
la calle”
‘Háblame’, La Costa Brava (Mushroom Pillow,
2007)
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