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Cultura
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR J.J. CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 17 de Marzo de 2014, Lunes

Lourdes Paredes Cuellas

Cultura -

Andarían recogiéndose los serenos cuando los sobrios amenazábamos con zamparnos el amanecer como desayuno. Había sido una larga noche, cadenciosa y sin demasiado interés, en la que el humo de leche expandía el sabor amargo de los últimos tragos. Sus vapores llegaban hasta la avenida de la soledad, en la que vagos despertares se abrían paso entre la bruma en persecución directa de un nuevo despertar. No sucederá lo de entonces, cuando la tenia eternamente hambrienta reclamaba su trozo del pastel, pero sí, podríamos decir que estas hambres corren en paralelo y abren sus fauces al mismo tiempo que ayer. Del audaz paso del tiempo lo que queda es siempre lo más digerible, el acicate para nuestra tenacidad, el ombligo de nuestro mundo cada vez más cerrado, los espurios congéneres de cama que jamás nos amarán, la más devastadora obsolescencia de los sentimientos. Comer y cantar. Coser y contar. Correr y cortar.

Me asustan los ojos blindados porque no puedes ver de qué color sueñan, por muy mediocres que sean sus estrías. Vi al diablo de la desolación en un reflejo sutil que me puso el alma erecta. Es más bien una cuestión relativa al homo sapiens, pervertido de ignorancia a medida que el cuerpo le permite una mayor visión general. A deshoras de los minutos, permanezco alerta, vigilante, azorado. Escorado hacia el centro, para encontrar un poco de calma. Comenzará la cuenta atrás pero a mí me encontrarán sumido en un pozo de estricnina, expectorando la yugular entre convulsiones y asestando puñaladas al aire que dejó de contaminarme. El mejor amigo del hombre es siempre el peor que podamos imaginarnos, y lo que no quieras para tus hijos quiérelo para ti. Sacrificios de la propia sangre. Huidas en común hacia la salida más lejana. Puertas cerradas contra muros de hormigón desarmado. Incertidumbre y desesperación.

Controlé la amenaza de la propia especie y predominó el instinto de conservación. Vacíos y abandonados a su propia suerte, no hubo astro que ofreciera la suficiente resistencia. El ámbito sideral, ese va a ser el que nos otorgue un poco de calma. Pero antes del después, permítanme presentarme: soy ese, el que no parece hombre, el que a nadie le interesa, la maldición de los nombres, el que besa para decir su verdad. Me autosatisfago a corazón abierto y el placer que me brota a chorros impregna impregna la trastienda de la rabia, en un acto de condolencia final que se aproxima a una suerte de don epicúreo e inexistente. Solo fue un intento, sin prometer que la parte buena vendrá al final. No podría comprometerme con ninguna gran certeza, tal es mi capacidad de negación. ¿Triste, verdad? Más tristes son ellos.

También sé soportar las confesiones de mi inseparable sombra. Sé a ciencia cierta que se entrega a devaneos insalubres y que escucha música para que las penas pesen menos y hace como que no la entiende. Debate con auténticos imbéciles por ver quién posee la razón absoluta y encuentra absurdo andarse con rodeos si sabe que todos acabarán llegando a la misma esquina y seguirán sin intercambiar ni una sola palabra inteligente. Gente de ingente poder. Poderes fácticos y tácticos. Sintácticos análisis sin aparente campo semántico. Sexo tántrico contra seso práctico. Sincréticos apuntes sobre tétricos asuntos. Contractos sin firma ni sello. Sellos con la boca sellada. Silladas sobre montes inaccesibles. Acceso permitido, pasen y relean.

O alguien nos sale al paso o tendremos que pagar juntos por pensadores. Cambien las consonantes y tendrán la solución al enigma, no sin antes pagar el peaje para que nos abran el semáforo en ámbar. Salimos, entramos, rodeamos, atravesamos… odiamos, y nadie nos lo puede impedir. Ser las caretas que asienten a las órdenes de la satrapía elegido por unos cuantos nos absuelve de equivocarnos. El sugestivo poder de la ingenuidad nos abraza y nos confunde al mismo tiempo de partir hacia otro aturdimiento colectivo. Cuando nos crucemos lo más ilógico, y por tanto lo más común, es que no nos atrevamos a saludarnos ni a gesticular con hipocresía. No sería descabellado apuntar una fecha en la agenda para enfrentarnos en comunión al enemigo, pero si no le ponemos cara ni apellidos me temo que será una batalla inabordable. Preparen las sombras chinas y salgan al encuentro del ejército de palos y piedras que nos recibirán con las flechas abiertas. Lancen su ira y esperen. Esperen. Esperen. Esperen…

 Disco del mes: Paco de Lucía – Almoraima

“Háblame cuando me abraces, cuando me falte valor, solo háblame. Háblame por la mañana, cuando haga frío en la calle”

 ‘Háblame’, La Costa Brava (Mushroom Pillow, 2007)

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