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Cultura
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POR J.J.CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 17 de Octubre de 2019, Jueves

Lourdes Paredes Cuellas

Cultura -

Estamos pero aún somos. Pensamos sin tener pensamiento alguno. Contravenimos las leyes de la física con la metafísica de la ley más atrabiliaria. Que no se enteren los que nos leen a hurtadillas, olisqueando con los ojos detrás de la puerta entreabierta y entornando las mejillas para que no se nos noten los colores. Del blanco y negro al gris se sale con facilidad, no tanto cuando se trata de ocultar el sonrojo con tonos beige. Las huellas de la batalla marcadas en el cuello y con la espalda encorvada por el peso de la conciencia, que una vez más nos llevará a un peregrinaje absurdo, al sinvivir del sinsentido de los sin nombre ni condición social. Quieren que nos sumemos a la sumisión y a la misión de la suma de las partes partidas por la mitad. Mitades a medias. Medias negras y piernas abiertas. Abiertas las ventanas al aire cada vez más fresco. Frescor que no refresca ni refrenda, sino que remienda y repiensa. Pensamiento único a la inacción.

Son todos los palimpsestos inútiles cuando tratamos de sobreescribir la nueva verdad. Impresionar las viejas impresiones con la presión de las prisiones renovadas. Mentir y sentir. Comer y carcomer. Salir y soler. Por la vía más rápida o la más corta, para llegar al principio reculando desde el final. Reclamos de juventud ante el signo de los malos tiempos que les legamos aun sin quererlo. Septiembre es la mejor época para ello, justo antes de que los malos deseos se adormezcan a la fuerza y los presagios de bienestar se alejen definitiva y lentamente. Es como un opúsculo a medio hacer, dominado por la pereza y la certeza del dominio absoluto. A los que riegan y niegan, a aquellos que forman y deforman, a todos los que envejecen y envilecen, les llegará la hora de decidir. Es injusto saber que nunca seremos seres trivalentes porque carecemos de valentía, pero también de empatía y de amnistía. Los pecadores pedirán perdón por los delitos no cometidos y los criminales escaparán por las faltas no explícitas. A la manera del sexo sin deseo, como una mosca en el suelo o una rata en la cama. Sin más ambages ni respuestas forzadas.

Vivir en el interregno de sanedrines sin destrezas debería convertirse en el nuevo estado del bienestar. Las nuestras ya las conocen, aunque carezcamos de ellas. Sin ánimo de ofender ni defender, puede que las mejores citas las hayamos tenido ya, y no solamente con propósitos lúdicos. A una fiesta sin música es prescindible acudir. A la llamada a la acción es justo contestar con la más pura inoperancia. Son solo prebostes sin importancia, bañados en la falsa abundancia de quincallas a medio comprar, sin sentido de la propiedad ni sensación de entereza alguna. No debemos engañarnos sin antes desentrañarnos ante lo que está por venir. Es un mercadillo de entretiempo al que solo acudimos como remedio de emergencia, con las marcas en la piel aún recientes y las manos en la cabeza del vecino. Ellos nos conocen y nosotros los desconocemos por completo, y al paraíso al que llamamos patria le faltan tres hervores y un salto al vacío. No soy yo, sois vosotros. No somos nosotros, eres tú. Impersonalidad como garantía de nada y de todo.

Pamemas que pasan por gemas. Temas que se equivocan al ser teoremas. Esquemas para no llegar a los lemas. Lo máximo a lo que aspirar siempre es lo mínimo en lo que inspirar. Los deseos, por ejemplo. O lo que nunca está ahí pero se intuye y jamás desaparece. Empeñados en fulgores argentíferos que disimulen lo inalcanzable de nuestros sueños nos sumimos empecinados en lo inabarcable de nuestros miedos. No es broma, sino cosa muy seria, saber dónde está el límite y la velocidad adecuada para tramo del camino. Ante la evidencia del peligro la mirada ha de preservarse impávida, detenida en el punto sin retorno que nos llevará más allá, hacia las gollerías aún por degustar y las fruslerías ya por desechar.

Son escaramuzas diferentes, encaminadas al mismo fin. Bucles espontáneos que no se transformarán en un nuevo orden, ni falta que hace. El mundo puede ser maravilloso y mañana puede ser un gran día, planteémoslo así. Si nacen más signos de admiración que interrogantes verdaderos es porque algo estaremos haciendo bien. Mientras tanto, que nadie se atreva a mirar. Puede que el negro se vaya desvaneciendo en hilos de esperanza para los que aún nadie nos ha preparado.

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