Publicado el 13 de Septiembre de 2018, Jueves Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Dicen los datos que España, después de Camboya y los Jemeres Rojos, es el país con más desaparecidos: en cunetas, detrás de una tapia del cementerio, en veredas o en cualquier cortijo pueden apilarse cuerpos masacrados. Apelar a la memoria histórica, a la dignidad de los desaparecidos, incluso a la piedad cristiana, tan ligada a esta atrocidad, no debería causar ninguna extrañeza en un país democrático como el nuestro. Porque además, hay una ley al respecto. Aunque sea cierto también que esta ley patizamba y creada al albur del espíritu de la Transición, establece un modelo de memoria basado en el mantenimiento de la impunidad y en la inhibición de los poderes del Estado para ejercer directamente las actuaciones de reparación.
Por otro lado, este verano que ya acaba, nos han entretenido con el caso del dictador: ahora sale, ahora no sale; ahora la familia se opondrá, ahora la familia lo reclamará; ahora la Fundación Francisco Franco nos insulta a todos, ahora sabemos que incluso recibe patrocinio del Estado; ahora 600 altos mandos militares firman un manifiesto que amenaza la decisión de un gobierno elegido por votación libre, ahora hacemos como que nada pasa… En fin, historias para no dormir o para quitar la tele y descansar abriendo las ventanas y que corra el fresquito. (Por cierto, y entre paréntesis, no tiene precio que PP y Ciudadanos se opongan por primera vez a un desahucio, supongo que conocen los datos oficiales, según Consejo General del Poder Judicial, desde el inicio de la crisis económica se han efectuado 350.000 ejecuciones hipotecarias en España, y las estadísticas indican que 34% de los suicidios que se producen son por los desahucios, blanco y en botella).
Y, sin embargo, el del culo blanco sigue dando por culo como el Cid, después de muerto y bien muerto. Y luego dirán que la bandera no se la apropian unos cuantos frente al resto. Son pocos, pero ruidosos y existen todavía, porque muchos son jóvenes, idiotas y violentos, por si alguno lo dudaba. Pero no sorprende del todo estas gamberradas, lo que más sorprende es el silencio atronador de Felipe VI. Ha tenido una oportunidad de oro para salir en defensa de la democracia, dejar atrás, por fin, el íntimo lazo que une su puesto con el dictador, matar al padre de una vez, que pidió explícitamente con la rúbrica YO, EL REY, que los restos del fiambre se fueran a la sierra de Guadarrama. Pero no, eso no pasará, porque España todavía puede hacerlo peor que Camboya, estamos trabajando en ello.
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