Publicado el 17 de Mayo de 2016, Martes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Estimados lectores ¿No han tenido a veces la sensación de que son marionetas impotentes en manos del destino? Ya sé que puede quedar muy rebuscada la pregunta, pero creo que no es extraño que a nivel individual nos sintamos a veces impotentes ante el panorama que se abre ante nosotros. ¿Por qué será?
No me considero un conspiranoico, Dios me libre, pero uno sabe que los grandes medios están para lo que están: para hacer ganar dinero a sus dueños y para crear estados de opinión, vamos, para condicionar al prójimo y que no se haga preguntas incómodas. La objetividad informativa, es lo de menos. Eso está muerto, si es que un día lo hubo.
Hace casi siete años tuve el honor de servir como casco azul de Naciones Unidas en el Líbano. Durante cuatro meses prácticamente viví aislado de lo que ocurría en España, de hecho, aún teniendo televisión nacional a nuestra disposición casi no la veía, si acaso algún documental o El Intermedio (he de admitir que Wyoming me hacía y me hace reír con su humor a medio camino entre el sarcasmo y el humor negro). Aparte de eso no vi un informativo en todo aquel tiempo, ni programas de entretenimiento aparte de lo ya citado. Al volver a la madre patria y poner la tele tuve la sensación de que, perdón por la expresión, sólo ponían gilipolleces y de que en los informativos sólo daban malas noticias y, las pocas buenas que daban, era para intentar poner al mal tiempo buena cara con el tema de esa crisis que empezó en 2007 y todavía tenemos encima. O sea que las buenas noticias estaban manipuladas y el resto de lo que ponían era poco menos que basura, como la comida rápida: llena, engorda y no te aporta nada bueno.
Estamos en 2016 y tengo la misma impresión que en 2009.
Pero mis sospechas se han acrecentado a raíz de la psicosis terrorista que los medios están difundiendo desde los atentados de París a los de Bruselas. Conociendo los precedentes algo me huele mal. Mucho.
Ya voy para los cuarenta y recuerdo que los ocho largos añitos que Aznar y el PP gobernaron en España comenzaron con ETA y terminaron con el 11-M. El terrorismo acaparó los informativos esos ocho años, de hecho, las encuestas del CIS ponían al terrorismo como la principal preocupación de los españoles. Verán, no es que ETA o una serie de fanáticos islamistas no perpetren o perpetrasen actos deleznables, si no que se les da un bombo desproporcionado en los medios en comparación con (a nivel general, no voy a entrar en el drama de las víctimas, que se merecen todo nuestro respeto) otra clase de información. A ver, en esos ocho años aznarianos la población fue mantenida en la ignorancia de la corrupción, los sobres que iban a Génova 13, el hecho de que el Euro iba a ser una desgracia más que una bendición, de que la gente se hipotecaba por 50 años y de que esa misma gente (la mayoría) tenia trabajos de mierda que no daban para llegar a fin de mes y que encima no eran ni estables. En aquellos años surgió el término mileurista ¿Se acuerdan? Pues nada de eso salió en los medios. Eso sí, tuvimos terrorismo y telebasura toda la que pudimos tragar y más. La telebasura atonta y las noticias macabras atemorizan y lo hacen a uno sentirse impotente ante tanta barbarie. ¿Casualidad? ¿Seguro que es casualidad?
Después de Aznar vino ZP. Entonces nos vendían que todo iba de puta madre y que estábamos en la champions de la economía. Todo era genial y de color de rosa hasta 2008. De lo que se fraguaba tampoco dijeron ni mu en los medios y eso que el ex ministro Miguel Sebastián admitió públicamente que sabían que la economía no iba a dar mucho más de sí. En aquellos años tuvimos telebasura, "terrorismo" machista (ya que ETA estaba casi K.O. había que inventar nuevos terroristas según parece y que mejor que meter en el saco de potenciales terroristas al 50% de la población), guerra de Iraq y fútbol a más no poder. ¿Casualidad?
Estos últimos años hemos tenido un variado menú informativo: corrupción, crisis, terrorismo islámico y guerras. Muy motivador, vaya. Con semejante panorama, aunque te estés muriendo de hambre, antes te sientes impotente e incapaz de creer que otro mundo es posible. Cuando reventó Wall Street echaron la culpa a los mercados (nada de nombres y apellidos), cuando lo de la deuda soberana y la crisis del Euro lo mismo. Cuando sacaban las masacres fuera de nuestras fronteras uno tenía la sensación de que tenía que estar agradecido por no tener un duro pero por lo menos tener paz. Lo mismo con la crisis en Grecia: viendo el panorama, virgencita que me quede como estoy. Cuando la gente salió a la calle a partir del 15-M, los pusieron de fanáticos y perroflautas que no había por donde cogerlos a los pobres. Y cuando la corrupción, fueron los políticos y empresarios de poca monta los que se comieron todo el marrón. En todo este panorama ¿No echan a nadie en falta? Yo sí. El refrán dicen que a río revuelto ganancia de pescadores. Cuando Aznar los hubo que se forraron a nuestra costa, con ZP igual y con Mariano tres cuartos. Esos mismos que pueden ser dueños de los canales de televisión, de los bancos, de las empresas que venden armas por medio mundo sin importar a quien y para qué. Ésos que hacen que en el mundo haya cada vez más pobres, ésos que no salen en la tele y cuyos nombres y apellidos ignoramos. Ésos a los que llamamos ricachones, los que cortan el bacalao o reparten la pana. Ésos que no tienen patria ni escrúpulos y se cuidan de permanecer en el anonimato, esos que -a diferencia de los currelas del mundo- siempre han estado unidos.
Permanecen en la sombra (cual mafiosos), compran voluntades, rapiñean todo lo que pueden y, mientras, tienden cortinas de humo por la tele y fabrican chivos expiatorios a punta pala, vaya a ser que un día averiguásemos quiénes son y nos diera, en vez de dejarnos llevar como hasta ahora, por ponerlos en su sitio: tras las rejas. Mientras, ellos y ellas siguen a lo suyo, que (espero que les haya quedado claro) es joder vivos al resto de los siete mil millones y pico de personas que habitamos el planeta. Antes de poner la tele otra vez reflexionen sobre lo que les he contado, tal vez no sean más felices, pero es lo que hay. Por ahora, que mañana -como dicen los corchúos- será otro día y el tuerto verá los espárragos
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