Publicado el 12 de Mayo de 2013, Domingo Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Los recientes datos que han sido publicados en los que se cuantifica la alta tasa de desempleo que se está produciendo en el país coinciden con la llegada de un día de reivindicación para la ciudadanía, el primero de mayo.
Esta festividad tiene su origen en la huelga que se inició el día 1 de mayo de 1.886 en Estados Unidos, en la que los obreros reivindicaban la jornada laboral de 8 horas, paralizando fábricas e industrias a lo largo de todo el país. Esta terminó de una forma trágica, con el asesinato de numerosos trabajadores. Esta fecha se ha consolidado y ha servido de referencia a lo largo de los años, llegando hasta nuestros días. El primero de mayo se ha extendido por el mundo como un día donde el movimiento obrero reivindica su existencia, su vigencia y su inestimable aportación a la sociedad de la que formamos parte. Por ello, es preciso dignificar la misma y darle la legitimidad que se merece, ya que aquí se encuentra el germen de las sociedades democráticas, el movimiento obrero y los movimientos sociales.
Ha sido el movimiento obrero y los movimientos sociales los que a través de sus luchas y esfuerzos a lo largo de los siglos han logrado avances y conquistas, personas anónimas integradas en la fuerza de una idea colectiva y un grupo social los que han dotados de mecanismos democráticos a las sociedades. Es en estos momentos de crisis del capitalismo, donde ante la desesperanza y dificultades del individuo, resurgen con más fuerza los colectivos sociales y cívicos. Ante este resurgir de los movimientos sociales, mayores son los furibundos ataques por parte de los poderes económicos y la oligarquía que intentan criminalizarlos y deslegitimarlos ante el resto de la sociedad. Son diarios los insultos y descalificaciones que desde los diferentes medios de propaganda se realizan, ejemplo de ello son organizaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, sindicatos, movimientos estudiantiles, activistas sociales y políticos que son portadas de diarios y protagonistas de platós de televisión con el objetivo de lograr el desprestigio y el desprecio de los mismos.
Los actuales momentos están marcados por una reforma laboral que deja a los trabajadores sin capacidad y que provoca altas tasas de desempleo, por la pérdida de derechos sociales y económicos, por los procesos privatizadores y por la criminalización. Por todo ello, legitimar y dignificar el primero de mayo es, a su vez, un acto de defensa de todos los movimientos sociales y, por ende, de la esencia misma de la democracia.
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