Publicado el 16 de Diciembre de 2019, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión -
Vistos los resultados de las elecciones generales el país
vive un desencanto claro con la izquierda que le ha movido a tal punto de
desesperación que, por primera vez en décadas, la extrema derecha tiene una
representación significativa en el Parlamento.
Ahora bien, cabría preguntarse de dónde han salido todos
esos votos: por un lado son los votos que ha perdido la derecha tradicional y
el sector del nuevo liberalismo (es decir, PP de una parte y Cs por la otra) y
lo que no es nada sorprendente visto el panorama, antiguos votantes de Unidas
Podemos, es decir, los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad pero aún
con alguna gana de ejercer su derecho al voto.
Esto, como he dicho no debería sorprendernos en absoluto.
Ante la falta de expectativas generadas por un discurso que hasta las dos
últimas campañas electorales (es decir, de 2016 hasta las penúltimas generales)
se ha centrado a nivel mediático (que en definitiva es lo que percibe el
electorado) en temas fuera de los servicios públicos, las prestaciones del
estado del bienestar en declive (y que hay que recuperar), la precarización
laboral, la mala distribución de la riqueza en general y la fiscalidad injusta
con un peso cada vez mayor de los impuestos indirectos, por tanto, los
problemas de las mayorías, todo combinado ha provocado un "efecto
rebote" fruto del desencanto. Es decir, lo mismo que ha pasado en Francia con el
Front National, Trump en Estados Unidos o Salvini en Italia, por citar algunos
ejemplos.
Eso por un lado, por otro, no hay que negar en absoluto la
magnífica campaña que ha montado todo el sistema establecido contra Unidas
Podemos: el intento de desacreditar a su dirigencia por medios turbios, el
airear a bombo y platillo las divisiones internas dando imagen de fragilidad y
pérdida de rumbo (hasta conseguir una escisión, táctica usada infinidad de
veces cuando la amenaza era IU) o el machaconeo informativo en los grandes
medios sobre temas en los la formación ha mostrado poco acierto por ahora en
medir la sensibilidad del público en general (sí, Cataluña). Eso y cierto error
de su dirigente máximo en cuanto al uso de sus finanzas en la compra de cierta
propiedad. No discuto la legitimidad de dicho acto (en absoluto, cada cual se
entrampa como puede), lo que me parece de poca vista es haber afirmado que
seguiría residiendo en un zona obrera de Madrid y haberse mudado a un lugar que
no es precisamente eso, cosa que sus votantes ni entienden ni entenderán,
porque el prototipo ideal en nuestra sociedad del político comprometido con los
obreros es: vivir modestamente y sin ninguna clase de comodidades más allá de
las del españolito medio. Y quien no entienda esto último debería mirar a Pepe
Mugica en Uruguay, el cual tuvo en la modestia material y personal una de las
claves de su éxito electoral: una casita (que no es ni suya, si no de su
compañera) y un VW escarabajo con muchos años y kilómetros. Lo primero que el
votante de izquierdas critica al político de izquierdas es que no comparta sus
penurias, simple, básico, pero real como la vida misma. Y si no pregunten fuera
de los ambientes de las formaciones
políticas.
En todo caso, entre los errores propios de la coalición y la
ayudita del sistema a sacar a la luz sus contradicciones, más el apoyo
descarado y decido de los grandes medios (propiedad del gran capital nacional y
extranjero con intereses en España) a la extrema derecha dándole minutos
(aunque sea criticándola: "más vale que hablen, aunque hablen mal"),
nos han llevado a la situación actual: un posible gobierno de coalición en
minoría entre PSOE y Unidas Podemos que si por algo destaca es por su
fragilidad por falta de apoyos, lo que posiblemente le lleve a una notable
inoperancia, a arreglar poco y a pagarlo tan caro en las urnas que, como no se
produzca un cambio importante y a mejor durante su mandato, aumentará el
desencanto y la desesperación de unas mayorías que, si una cosa está clara, es
que están hartas y dispuestas a votar a lo primero nuevo que haya en el mercado
mediático. Quien avisa, no es traidor
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