Publicado el 15 de Abril de 2019, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - En el pasado para sobrevivir nos hacía falta, tan solo, una pequeña granja en la que cultivar y criar animales para nuestro sostenimiento, ahora las granjas se llenan de deditos arriba. Eso con la manga azul y guante blanco, que no hacen otra cosa que ver más allá de los bits y poco más allá de los corazones.
Las redes se llenan de contenido, no debemos olvidar que éste se configura como el rey de la fiesta. Dicho contenido, en muchas ocasiones, se cocinan en ordenadores de empresas, que se establecen como un lobby para la sociedad, ya que infunden noticias que vienen acompañadas por su propio apellido, falsas o "FAKE NEWS", y con un corolario de distintas acciones posteriores pero todas con un fin influir en la sociedad y ello genera dinero.
Sí dinero, ese que se acumulan y en ocasiones, no sabemos cómo un influencer o youtubers puede generar millones al mes, por hacer de sus andanzas un estilo de vida. Hace unos días, leí un artículo dónde la chica que lo suscribía decía, que aquello de las redes es aparente pero no real, que todo era una realidad ficticia, lo que podemos demostrar que no es más que fachada con artificio. Al estilo del mejor prestidigitador, vemos lo que quieren que veas… ¿pero acaso el o la influencer es feliz?
Es en el mundo femenino donde más se ve, coger una maleta fingir que se hace un viaje o coger una maleta llena de "modelitos", cambiarse de ropa y hacer infinidad de fotos para llenar dicho ego, y si de paso nos llevamos un regalo o ropa, pues mejor que mejor. En el mundo de los hombres tampoco se queda atrás, donde un chico que hace de malo, parodiándose a sí mismo, pone en evidencia que todo es más que fachada, ya que la realidad es otra, muy alejada de esa realidad social, que se presenta cuando el individuo pone un pie en el suelo al despertarse.
La red se ha configurado como una máscara de tragicomedia de la antigua Grecia, ya que existe una gran catarsis en las personas, dónde detrás de la pantalla muchos de ellos no son felices, y buscan a través de los gigabites, la respuesta de la idea de ser o no ser. En ésta reflexión nos queda solo una cosa, ser auténticos, sobre todo que esa autenticidad pase por lo real, lo genuino, lo único y eso si es lo que lleva a la felicidad personal y social.
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