Publicado el 15 de Septiembre de 2023, Viernes Félix Suarez
Opinión -
Como tantos de ustedes uno ya
está en la mediana edad. Hay quien lo lleva mejor y quien lo lleva peor. O
-directamente- quien no lo lleva.
Uno se da cuenta de que aunque es
más sabio (o eso espero) ya no tiene las fuerzas de antes. Has ido viendo cómo
se te caía el pelo, te salían canas, se te iba fastidiando la vista, cogías
peso (sin llegar a barriga cervecera ni de lejos) comiendo lo de siempre en la
cantidad de siempre y -de regalo- tienes menos aguante físico. Los años no
pasan en balde.
Has perdido la pasión y el
idealismo, pero has ganado en seguridad en ti mismo, las inseguridades del
pasado han ido quedando atrás (lo que no quiere decir que no sigas teniendo tus
miedos y tus precauciones). En suma, el paso del tiempo deja su huella
indeleble, para bien (en lo mental) y para no tan bien en lo físico.
Las prioridades han cambiado, ya
no miras hacia hacerte una carrera profesional, miras hacia tu jubilación y el
futuro, no ya el propio, sino el de tus hijos.
Y es que los seres humanos,
conscientes del concepto de futuro y del concepto de la muerte, vamos cambiando
nuestra manera de actuar, de planificar y de razonar conforme va pasando el
tiempo.
Tiempo, eso que se nos escapa
entre los dedos a través de nuestras cotidianeidades, es algo que de jóvenes a
veces desperdiciamos y que de adultos se convierte en un bien escaso. El paso
del mismo se puede encarar de varias maneras. Hay quien se lamenta de que ya no
está igual que antes, de que se va haciendo viejo y de que cada día está más
hecho un trasto, pero sin cambiar hábitos y costumbres para que el proceso sea
un poco menos duro. Hay quien trata de combatir su paso a toda costa (gimnasio,
estética, dietas milagro…) intentado evitar lo inevitable. Hay quien se va
preparando para lo que viene: el insoslayable decaer, pero sin entrar en
excesos, o lo que es lo mismo, aceptando lo que hay y lo que habrá pero sin
llegar a alcanzar la vejez falto de luces o cayendo en la apatía y el
sedentarismo mental y físico.
Personalmente creo estar en el
último grupo: el decaer no se puede cambiar, es biológicamente imposible, los
humanos tenemos caducidad como cualquier otro ser vivo. Ahora bien, una cosa es
bastante cierta: mientras más te apoltrones, mientras menos razones, mientras
más te dejes arruinar por la sociedad y sus exigencias, mientras más seas un
sujeto pasivo y alienado, peor pasará el tiempo y antes se degradarán tus
facultades, especialmente las vinculadas a la mente. Si no quieres tener una
mala vejez, no dejes de aprender, de descubrir, de ser curioso, de darle a tu
mente nuevos retos asumibles y, a tu cuerpo, una dieta más ligera y una
actividad física moderada. Obviamente no siempre es posible, pero por lo menos
hay que hacer lo que se pueda.
He visto gente envejecer con la
claridad de juicio y el cuerpo en condiciones muy razonables, con algún que
otro despiste y algún que otro achaque, pero en su juicio y siendo autónomos.
Eso es lo que nos resta, el
tiempo, su paso, es una constante, ya como lo llevemos, es cosa de cada cual.
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Noticia redactada por :  Félix Suarez
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