Publicado el 12 de Enero de 2013, Sábado Lourdes Paredes Cuellas
Opinión -
No, con el título no aspiro a imitar a Carlos Marx (no, no era pariente de Groucho, lo suyo no era la comedia), mis objetivos son distintos. Quiero explicarles cómo afecta el capital al españolito medio, por lo menos en algunos aspectos. Coloquialmente confundimos capital con dinero, cuantas veces no habremos dicho hablando con un conocido “fulanito tiene capital, se ha comprado un cochazo que “pa” que” o “menganita no veas que vidorra se pega, la tía tiene capitales”. Pues no, fulanito o menganita han hecho o hacen gasto, consumen cosas, gastan su dinero, eso no es el capital. El capital es ese mismo dinero, pero cuando se invierte, no cuando se gasta para comprar algo para satisfacer una necesidad o, simplemente, darnos un gusto. Ahora bien, señores y señoras, ¿Qué es invertir? Invertir no es tampoco hacer un gasto cualquiera, invertir es, hablando llanamente, gastar nuestro dinero en bienes o servicios para que haya más dinero en nuestros bolsillos. La mayoría de nosotros no lo hacemos, somos simples asalariados, mano de obra que se compra y se vende, no tenemos medios propios para hacer que nuestro dinero crezca, para que se convierta en capital. Eso es patrimonio de unos cuantos. Cuando esos cuantos tienen poco capital, son autónomos o pequeños empresarios, eso sí, cuando tienen mucho capital se convierten en un problema para el resto, son grandes empresarios o financieros y, gracias a esas grandes cantidades de capital, imponen sus condiciones al resto: quitan y ponen gobiernos, fijan los precios de compra las cosas (incluido el de la mano de obra, nuestros sueldos, vamos) y determinan qué se produce y cuál será el precio de venta de lo producido. Vamos que son los amos del cotarro. Se supone que los gobiernos democráticos están para evitar que estos grandes poseedores de capital hagan lo que les dé la gana. Pero no, no se engañen, en un sistema donde el capital es la base, las instituciones en mayor o menor grado están a su servicio y la personas, la gente corriente como Vd. o como yo, somos lo de menos, porque, como decía el poeta Francisco de Quevedo en el siglo XVII “poderoso caballero es don dinero”, porque ese dinero cuando se emplea como capital también sirve para invertir en la compra de voluntades, lo que llamaríamos corrupción, que se puede hacer también de manera legal, porque los que poseen el capital ponen a los suyos en disposición de hacer las leyes ¿Quiénes creen ustedes que financian las campañas electorales?¿Los afiliados a los partidos?¿Los clubes de senderismo?¿Los jubilados del hogar del pensionista? No se engañen, una campaña electoral cuesta muchos millones de euros, dudo mucho que un club senderismo los tenga, por no hablar de los afiliados y mucho menos de nuestros abueletes. Así que veamos, recapitulando, los que tienen mucho capital (en España apenas 1500 personas) hacen con el resto lo que les da la gana, hasta el punto de que, a través de las televisiones (que son de su propiedad) nos dan la información que ellos quieren que tengamos y, lógicamente, no les va a perjudicar denunciando su tropelías, más bien al contrario, porque, si se fijan, los anuncios de la tele (que se comen la mitad de la programación) no son otra cosa que un bombardeo de información que nos anima a que consumamos, es decir, a que nos gastemos lo poco que estos señores nos pagan en cosas que ellos producen, vamos que encima quieren que les hagamos más ricos. El negocio les sale redondo, normal, el mundo está hecho a su medida. Y hablando del mundo, el capital no sólo hace que España sea así, sino el resto del planeta. Es lo que se llamó la globalización, que nos la vendieron como un beneficio para la humanidad, el libre intercambio de productos (coches, lavadoras o gominolas) y de capitales (vaya, otra vez los capitales). ¿Saben Vds. damas y caballeros lo rápido que se puede mover el capital? Tiren de imaginación, no hacen falta señores con maletines y furgonetas blindadas, es menos peliculero: basta con darle a un botoncito del ordenador. El capital se mueve gracias a internet a la velocidad de la luz, es un visto y no visto, miles de millones se pueden mover allí donde invertirlos sea más rentable y, no se hagan ilusiones, no es en España, pilla un poquitín más lejos, digamos que en Extremo Oriente. Allí la gente cobra una fracción de lo que cobramos aquí, pero es que además sus fabricas disponen de la misma tecnología que aquí (claro, había gente interesada en vendérsela, entiéndase que grandes multinacionales) con lo que producen tanto o más aquí pero por cuatro duros (en comparación). Además en estos lugares no se paga seguridad social, no hay normativa medioambiental y se trabaja hasta la extenuación, luego producir sale muy barato, demasiado. A todo lo anterior hay que unir que no hay trabas para importar lo que se produce allí, los peces gordos han comprado voluntades políticas para que así sea, eso sí, con gobiernos teóricamente democráticos. Por tanto, se llevan el capital de los países desarrollados a un lugar tercermundista donde fabrican cosas por cuatro duros y además quieren que les compremos lo producido, eso sí, con precios de aquí. Resultado: ganan un pastal y nosotros vamos al paro, sí al paro, porque como producir fuera les sale más barato ¿Para qué van a montar fábricas aquí? Eso sí, como he dicho antes pretenden que les compremos lo que producen. En mi tierra (que es la suya, querido lector) a eso lo llamamos timo. Señores y señoras nos están timando, nos quitan el pan y pretenden hacerse más ricos a costa nuestra. Pero aquí no terminan los abusos, no, no he terminado. Como hay un paro galopante y la gente no tiene donde ganarse el sustento en su tierra, pues emigra (eso seguro que lo han visto hace cuarenta años y lo ven ahora, aunque no verán a un rico emigrar). No queda otra, o eso o te mueres de hambre. La emigración no es buena, ni para los que se van, ni para los que se quedan, ni para los que acogen a otros en sus lugares de destino. Los que se van se mueren de nostalgia y además tienen que aceptar en destino los trabajos que los lugareños no quieren (los peor pagados, así que no viven mucho mejor), los que se quedan van envejeciendo y sus lugares de origen entran en declive y al final desaparecen y, en los lugares de destino, pues como comienza a haber mano de obra de sobra bajan los salarios, así que la mayoría de la población vive peor que antes (eso sí, los que compran la mano de obra incrementan sus beneficios, los ricos cada vez más ricos, como aquí hasta 2007). Ahora bien, ¿Qué es mejor y menos traumático? ¿Mover el capital o mover a las personas? Lo lógico sería mover el capital (porque el capital bien empleado es positivo y es muy fácil de mover) a los lugares más necesitados de inversiones, pero moverlo para el bien de la gente, moverlo para que se puedan ganar la vida decentemente y sin hacerle la puñeta a los que viven en cualquier otro lugar del mundo, para que no hubiera desarraigos, sufrimientos, desequilibrios para la mayoría y sólo beneficios para una élite inhumana, insensible y egoísta. Suena bien ¿Verdad? Pues olvídense, esto el sistema capitalista, hecho a la medida de cuatro desaprensivos y así lo hemos querido y así lo hemos votado, no se engañen.
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