Publicado el 16 de Junio de 2013, Domingo Lourdes Paredes Cuellas
Opinión -
La derrota de
la Alemania nazi en la II Guerra Mundial había supuesto la caída de una
construcción nacional basada en conceptos identitarios y étnicos, a través de
la conocidas proclamas de una supuesta superioridad de la “raza” aria sobre el
resto de pueblos de la humanidad. Las consecuencias de este proceso fueron
fatales, una guerra mundial, destrucción, millones de muertos, etc.
A principio
de la década de los años 80 el filósofo Jurgen Habermas, ante la nefasta
construcción ideológica de la nación alemana, empieza a extender un nuevo
concepto, el patriotismo constitucional, en la que proponía dotar a Alemania de
legitimidad como estado basándose en la libertad, los derechos humanos y la
democracia. Ante una conceptualización ideológica de elementos identitarios y
culturales que había provocado la aparición del fascismo, Habermas proponía
superar la antigua construcción del estado-nación por valores democráticos que
fuesen los configuradores de una ciudadanía universal.
En España
este concepto fue introducido a principios de los años 90, este fue tergiversado
y transformado para justificar posiciones ideológicas concretas. De manera que este concepto, que en sí negaba
la idea de identidad, fue precisamente utilizado para lo contrario, la argumentación y defensa de un nacionalismo
español frente a los nacionalismos periféricos, especialmente el vasco y el
catalán, es decir, los elementos étnicos y culturales como configuradores del
estado-nación.
El patriotismo constitucional es un concepto
que puede estar de absoluta vigencia. La propia constitución española de 1978
recoge numerosas referencias, a través de su articulado, que responden a los
valores propios del patriotismo constitucional, que son olvidados e
incumplidos. Artículos como, “los españoles son iguales ante la ley”, “los
ciudadanos tiene el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente
o por medio de representantes”, “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar
de una vivienda digna y adecuada” y “Toda la riqueza del país en sus distintas
formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”,
han puesto de manifiesto actualmente que la libertad, los derechos humanos y la democracia son elementos
prioritarios para la ciudadanía y , como tal, reflejarse en la normativa y
legislación de organismos y administraciones.
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