Publicado el 16 de Junio de 2013, Domingo Lourdes Paredes Cuellas
Opinión -
En el fondo a nuestros mandatarios: ni
la educación, ni el sistema sanitario les importa un bledo. ¿Su intereses?
llenarse los bolsillos de sobres y sus cuentas suizas de dinero negro. A base
de exprimirnos consiguen llevar a su prole a un colegio privado multilingüe,
previa cuantiosa transferencia bancaria y engordado sobre clandestino. ¿Y si
necesitan un médico? Siempre habrá un avión financiado por las arcas públicas a
su disposición para llevarles al mejor hospital del mundo. Sanidad a la carta.
No hace falta que enumere el sinfín de
pruebas que avalan mi teoría, basta abrir un periódico para darse cuenta del
expolio: recortes en sanidad, educación, investigación, empleo. Dinero
recortado porque se ha ido al extranjero o se encuentra en una bolsa de basura
bien escondida debajo de la cama de alguien.
No soy experta en nada, pero soy
consciente de ello. Y eso ya es bastante. Dispongo del suficiente sentido común
para saber que no puedo enfrentarme a determinadas tareas. Nada más fácil que
llamar a alguien que domine el tema. Cuando se estropea un grifo…
¿A alguien se le ha ocurrido congregar
a un grupo de expertos en economía para buscar soluciones a una cada vez más
hundida España? Digo expertos de verdad, técnicos y técnicas con formación y
sin “carrera” política. ¿Alguien le ha preguntado al médico/a de cabecera en
qué se puede ahorrar y en qué no se debe jamás escatimar? ¿Alguien se ha
acercado a un colegio para que el claustro le informara de las bondades y de
las deficiencias de nuestro sistema educativo? … En realidad poco le importamos
a la clase política. Le gusta codearse con banqueros y empresariosexplotadoressinescrúpulos: encuentros con un pactado
quid pro quo.
¿Alguien le ha preguntado al ciudadano
o a la ciudadana?
Se reúnen para hablar, en diferido, de
déficit y dinamismo, de mercado laboral y de hándicaps. Discursos vacíos de
contenido que quizá aplaquen al ignorante. Fruto de estas reuniones donde no se
tienen en cuenta los colectivos que hacen posible esta sociedad y sólo
prevalece el vicioso trío político-banquero-empresario (con la bendición de la
iglesia en la mayoría de las ocasiones) se toman decisiones y se llevan a cabo
medidas cuyas consecuencias resultan claramente devastadoras para las personas
que soportamos el peso del sistema. Y yo me pregunto, ¿cómo alguien que no sabe
lo que es madrugar, sacar adelante una familia, hacer malabarismos con el sueldo … se sienta en su escaño, con un
impecable traje, por el que no ha pagado, pero que es de firma “made in
Bangladesh”, para decidir qué es lo mejor para mí y para mi familia?. EREs
fraudulentos que cuentan con la complicidad del empresario, el político y el
amiguísimo: “¡Yo no he sido!”. Irresponsables sonrisa en boca, a la hora de
anunciar las medidas por las que se va a regir mi vida (y la de 42 millones de
personas más) a partir de ahora… me parece que se están riendo de nosotros/as.
Sin tener ni pajolera idea de lo que es vivir al día, de lo que es vivir con el
miedo a perder el trabajo, con la angustia de que se acabe la prestación, con
la vergüenza de tener que pedir dinero prestado… intentan convencernos con
lágrimas de cocodrilo que tenemos que apretarnos el cinturón. Austeridad dicen,
con el dedo en alto, dejando entrever la manga de la camisa, un ostentoso
rolex.
Desde el primero hasta el último,
examen de conciencia. Esta gente decide con desgana cosas importantísimas de
nuestras vidas (de hoy y de mañana) y no parece consciente de las consecuencias
de sus acciones. Nos empujan por la plancha, maniatados, carnaza para los tiburones,
ante nuestra desesperación. ¿Cuándo va a parar esto?
Un sistema cuyo máximo representante,
desgañitado defensor de la vida animal ante las cámaras pero diestro y
experimentado cazador de safari en sus múltiples ratos libres, no tiene
credibilidad ninguna; un sistema donde hasta el chófer comparte cocaína y
fulanas con un político de tres al cuarto; un sistema donde los fajos de
billetes son recibidos con alegría o donde una tarjeta de crédito de dinero
público financia la lascivia de su portador sin el más mínimo pudor, sin un
asomo de culpabilidad. El cinismo y la doble moral están a la orden del día.
Éstos y éstas no debieran darnos
lecciones de nada, simplemente porque no pueden permitírselo.
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