Publicado el 15 de Julio de 2013, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Llevo
sumida en una “crisis existencial” cerca de un año. Había perdido la fe en mis
congéneres, que sin atisbo de insurrección, había dado por conformistas y amodorrados. En poco menos de un mes, he
recuperado la esperanza de que una sociedad diferente es posible. La artífice del cambio es una niña y tiene 8
años. Esta es una niña especial, porque no comparte las preocupaciones de sus
amigos y amigas del cole, porque aprecia cada uno de los pequeños detalles que
le ofrece la vida a diario. Y es que a pesar de su corta edad, a María le ha
tocado llevar en la vida una carga que pesa. Una carga que pesa mucho.
Sin
embargo, a pesar del lastre, ella es símbolo de fuerza. Pero sobre todo, de
valentía. Esta niña ha conseguido que una comarca entera se solidarice con
ella. Miles de personas se han volcado para que alcanzara la llave de la puerta
de su libertad. Somos testigos de cómo al grito de ayuda han acudido pueblos
enteros. A pesar de las dificultades de nuestro día a día, la gente ha
colaborado con mucho esfuerzo a la vez que satisfacción para ayudar a una niña
que no conoce.
María
encarna la esperanza, la lucha y la conquista. Y ese es el sentir de todo un
pueblo que la acompaña hasta la puerta del quirófano, a ella y a su familia. Y
yo contemplo admirada y emocionada cómo, ante una causa tan importante, las
personas aúnan esfuerzos para combatir la injusticia. Recuperada de mi “crisis”
comparto deseo con muchos vecinos y vecinas de la comarca, que María se
desprenda de esa losa y corra muy pronto junto a sus amigos.
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