Publicado el 16 de Diciembre de 2013, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - En uno de los pasajes
del Quijote, Cervantes, siempre magistral, recoge el soliloquio de Don Quijote
donde el personaje afirma: “la razón de la sinrazón que a mi razón se hace”. Es
decir, Cervantes nos da a entender que no hay quien entienda nada sobre los
razonamientos de un loco, puesto que justifica con sus razonamientos enfermizos
sus propias chaladuras. Pues parece que nuestro sistema socioeconómico está más
ido que el pobre don Quijote, pero sin gracia ninguna. Porque no hay razón que
justifique la sinrazón que ahora les voy a comentar, aunque, como el ingenioso
hidalgo, el sistema trate por todos los medios de justificar sus disparates con
más disparates.
Cuando comenzó la
actual gran recesión, el hombre de la calle no podía ni imaginar lo que se le
venía encima: cierre de empresas, paro masivo, quiebra del sistema financiero,
recortes a mansalva, degradación del nivel de vida… Pero, a la hora de
enfrentar una situación, se pueden optar por varías vías y, la nuestra, como la
de Don Quijote, es dramática a la vez que disparatada. Cuando fueron cerrando
las empresas vinculadas al ladrillo ello provocó que la banca fuera detrás. A
las empresas vinculadas al boom inmobiliario especulativo se las dejó que
quebrar, hasta ahí nada nuevo, lo peor no fue eso, lo peor fue no haber dejado
quebrar a los bancos. Como lo oyen, se podían haber garantizado los depósitos
de la mayoría de la ciudadanía (cosa que se hizo porque poca gente tiene más de
120.000€ en el cartilla) y después haber nacionalizado una banca quebrada como
mero conjunto de de cuentas de ahorro y poco más. Podríamos también haber
renegociado las hipotecas impagadas en manos de estas entidades en quiebra
evitando cientos de miles de desahucios. En suma, nos podíamos haber ahorrado
muchos dramas.
Por el contrario, qué
hemos hecho: inyectar decenas de miles de millones de euros (si lo calculamos
en pesetas nos salen billones) para rescatar a unos bancos con la esperanza de
que presten ellos el dinero para reactivar la economía. Pero no la reactivan.
Por el contrario no hemos inyectado, comparativamente, casi nada en mantener
vivo el tejido productivo, lo hemos dejado morir simplemente, no hemos hecho el
esfuerzo de una reconversión. Con la enorme cantidad de fondos que hemos
proporcionado a la banca se podrían haber salvado millones de empleos si
hubiéramos invertido el dinero en salvar a las empresas productivas (con
condiciones) en vez de a los bancos. He ahí la primera sinrazón, hemos interpuesto
el intermediario bancario (que sólo busca su lucro y beneficio) entre el Estado
que financia y el tejido productivo, que ahora tendremos que reconstruir si
queremos salir de ésta. Pero ay, ay señores, aquí tenemos la trampa, ahora se
nos dice que estamos creciendo, segundo sinsentido, hemos destruido para volver
a rehacer, a rehacer lo que un día estuvo vivo: el tejido productivo. Pero,
mientras se ejecuta el milagro, tenemos: millones de parados, el país
endeudado, derechos expoliados, los servicios públicos destrozados, la gente
pasando hambre.
Lo dicho, esta manera
de funcionar del sistema es propia de los razonamientos de Don Quijote, de
locos, pero en vivo y en directo. Así pues me pregunto ¿Hasta cuándo nos
dejaremos estafar con las milagrosas recuperaciones? ¿Hasta cuándo nos
creeremos la versión oficial que trata de justificar lo injustificable? ¿Nos
toman por tontos o qué? Estimado lector, dejo las respuestas a su criterio.
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