Publicado el 16 de Abril de 2009, Jueves Lourdes Paredes Cuellas
Peñarroya-Pueblonuevo - Opinión - DEFECTOS DE NUESTRO TIEMPO
La avaricia:
Este defecto que no es otro, que el afán de poseer riquezas de todo tipo, mayormente monetarias, es con mucho el que con el paso del tiempo, se acentúa de forma gradual e irrefrenable, en las personas que lo padecen. El/la avaro/a, solo vive para engordar su cuenta corriente; para agrandar su propiedades, sean rústicas o urbanas; así como multiplicar su negocio. Siempre con ese deseo vehemente de ampliar su patrimonio y de tener cuanto más mejor, sin importarle en le mayoría de los casos, el mal que pueda causar a terceras personas, con sus ansias de enriquecerse.
Que se nace con la avaricia es innegable, pero como ya se ha comentado, el paso de los años, hace de estas personas; una mezcla de egoístas, poco caritativas, desconfiadas e insolidarias para con los demás. Induciéndole esta manera de ser, a vivir obsesionadas en poseer cuanto más mejor, hasta extremos de creer que la riqueza acumulada, jamás será administrada por otra persona que no sea ella misma, de ahí que no se fíe de nadie. Si alguien les sugiere, que después otros disfrutarán y gastarán en poco tiempo lo que a el/la le a costado tanto recaudar, responderá de forma huraña, “Por mucho que ellos disfruten gastándolo, yo disfruté más ahorrándolo”. Pero siempre, convencido/a de que ese día nunca llegará (pobre iluso/a).
Al parecer, este tipo de gente suele darse con más frecuencia en la raza hebrea y aunque los Reyes Católicos tras la Reconquista creyeron (con razón o sin ella) “limpiar” España, cuando los expulsaron. Lo cierto es, que algunos quedaron en el territorio patrio y hoy, más de cinco siglos después, se dejan ver sus descendientes de manera inequívoca, por cualquier parte de nuestra geografía. Algo, que no se si nos beneficia o nos perjudica, por la opacidad que existe a la hora saber como se administran y que destino tienen algunas fortunas muy considerables.
Lo cierto es, que el avaro/a con su manera de ser, su vida es muy singular y sobre todo austera, pero en ocasiones y no por solidaridad hacia los necesitados, suele hacer ciertos dispendios reservados y difíciles de controlar, que no se entienden, puesto que si el familiar, el vecino o el conocido pasa hambre a el/la le da lo mismo, lo que denota una cierta crueldad, por la falta de caridad, sobre todo, ante los que son sabedores de su holgada situación económica, la cual puede ser mucho más extensa y placentera de lo que a simple vista parezca.
Dado que la avaricia es más compleja de lo que a simplemente parece, solo nos queda pensar, que personas con un proceder tan raro y poco solidario, su trato y sobre todo su amistad, es prácticamente imposible. Siendo lo más aconsejable, dejar que sigan en su mundo, sin inmiscuirnos en el mismo. Mientras, los demás y en la medida que nos sea posible, debemos ayudar a tantas personas necesitadas que son muchas, en estos tiempos de crisis, bien directamente o través de organizaciones dedicadas a tal fin, en ciudades de nuestra tierra, donde familias enteras castigadas por el paro y en muchos casos sin ningún tipo de ayuda, están pasándolo muy mal. Así, de alguna manera, nos haremos eco de la frase de Martin Luther King, “Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”.
Juan Vázquez Hernández
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