Publicado el 18 de Enero de 2016, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Explotan las calles y el candor cotidiano diverge en olas de calor y frío, de cintas lanzadas al aire, de burbujas y globos a pie de esquina atados a dedos infantiles, apenas formados, cegados de ardor e inocencia. El cielo sobre todos, y más alto que nosotros solo él. No han visto nada aún, lo peor espera a la vuelta de la esquina y la sola idea de que la próxima vez nos resultará más difícil hace que volvamos a intentarlo sin pureza de ánimo, con el ímpetu de la debilidad y la conciencia de ser más ansiosos que nunca. Estados convergentes.
Nefasta era la de los descendientes que ven cómo envejecen sus antepasados. Las voladuras de ayer son las ruinas de hoy y el anticipo de las lluvias de acero de mañana. Es el manantial del amor el que fluye y nos contagia sin quererlo, confluye en el río de la vida y nos inunda al secarnos la sed, distribuye el odio y el amor a partes desiguales, construye la antracita frágil antes del huracán, rehúye la concordia final después de cada etapa y restituye el orgullo dañado por no poder decir ni una sola palabra de las pensadas. Nos quieren pisoteados, amansados como fieras circenses, capados de verbos y furia, lamentados al anochecer antes de meternos en la cama, reducidos a cenizas por la conspicua mano del poder que todo lo sabe, del saber que todo lo ocupa, del brillar que todo lo oscurece. Todavía no inventaron la cera fría que fulmine toda erupción capilar ni el mejunje que cubra la caspa del mundo. Maquillaje de urgencia para los nuevos tiempos. Correaje de consistencia suficiente para dudar del porvenir. Maridaje de deferencia y resquemor para las masas inconscientes. Brebaje de indecencia que no habremos de catar. Oleaje de indiferencia que cubra capa a capa y copo a copo la realidad que todo lo contamina. Correaje de incontinencia.
La imagen voltaica de la resaca, la de la bajamar, perdura en el recuerdo durante varios días. Son muchas horas, demasiados días e incontables años de observación, y las gafas siguen estando sin graduar la miopía que nos acecha. Antes o después se ha de saber la verdad, pero ¿qué es exactamente eso? Un sortilegio de recuerdos habidos y por haber, una amalgama de fotografías difuminadas y un océano de palabras sin significado, como estas, que se juntan de manera aleatoria en busca de una comprensión aleatoria y esporádica. Entes manumisos que buscan identidad propia en la recién estrenada libertad, manos temblorosas que gobiernan con brazo de hierro, pies en el suelo que clavan las uñas en el limbo, gases innobles en pos de la definitiva licuefacción, barros honestos transformados en fangos inmundos. Poder y poderío.
Las capacidades se demuestran andando, cuando las cuestiones surgen ante la hoguera del reposo y después, en el lecho improvisado del desierto. Los cuerpos se interrogan a sí mismos y las mentes responden a su manera, aportando las células muertas en la batalla perdida del día anterior. Cómo regenerar neuronas, ese es el gran problema en la época del reciclaje indiscriminado. Sorteamos los disparos que no iban dirigidos a nosotros y nos vestimos con el traje usado del vecino desaparecido en otro barrio, en busca y captura desde hace un mes. Se hace eterna la espera una vez más, y la única manera de soportarla es convirtiéndose en seres berrendos, de policromía adquirida y metamorfosis natural, abriéndose paso en la selva del desarraigo con una guadaña prestada y unos zapatos sin suela ni cordón. Proporciónennos un emético de largo efecto, la farmacia de guardia está cerrada y ahora somos los de este lado los que tenemos problemas de consideración. Y permítannos seguir el festín dentro de unas horas. Falsedad gritada en falsete.
En la escápula no, por favor. Por cualquier parte menos por ahí. Las puñaladas, de frente y a bocajarro. Sin necesidad de ingerir el morapio reparador ni de participar en ningún debate a infinitas bandas. Del agujero brotará la hipertrofia que nos acompañará durante el resto del nuevo año y que nos servirá como arma y defensa para disfrazarnos de triunfo. El resto será historia dentro de tres centenares de soles y solo cuando los libros hablen de ello las buenas nuevas serán propagadas. No antes. Tampoco después. Puede que durante. Ante todo, todos a cubierto, cubiertos con la duda, dudase quien dudase. Mírennos: Estamos cantando al amanecer. ¿Quieren saber quién escribió la letra?
|
 Disco del mes: The Waterboys - Modern blues Cultura : Últimas noticias El Consejo de Gobierno acuerda la actualización del precio del comedor del primer ciclo de Infantil DESDE EL JERGÓN TORRIJAS |