Publicado el 18 de Enero de 2016, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - "Un cuento de Navidad" se escribió apenas 5 años antes del "Manifiesto Comunista". Dos panfletos, al fin y al cabo, si me lo permiten, que han sufrido desigual suerte en la historia de la literatura. Es conocido que Dickens se sentía indignado con la realidad social que le tocó vivir: pobreza, abusos de las clases dirigentes, miseria estructural al servicio de los poderosos. Un mundo, en fin, que no está muy lejos, en esencia, del que inspiró a Marx y Engels. El indignado, a diferencia de estos últimos, optó por la literatura. Y mucho antes que los Braudrillard, Lipovetsky, escribieran sus panfletos: "Pantalla Total", "La era del vacío", etc., ese cuento de navidad perdió su fuerza reivindicativa, bajo los focos del teatro primero, y más tarde del cine y la televisión.
El sistema sabe como entretenernos en la era del espectáculo.Y en eso estamos todavía: todo, un cuento de navidad. Incluso la misma navidad. Una celebración que es una amalgama de mitologías mezcladas, mentiras consabidas y adornadas con confetis, extraños adornos, árboles, y buenas intenciones que no dejan de ser un cuento en la superficie y en el fondo. Incluso estos días pululan con éxito de público y venta los mercadillos solidarios: la gran mentira no se detiene ante nada, y menos ante el corazón susceptible de cambiar buenos sentimientos por pulseras keniatas.
Nuestro mundo es un continuo cuento de navidad. Lo malo, lo trágico, lo bochornoso es que el origen de la obra del inglés y del Manifiesto Comunista sigue estando vigente. Hasta que se acabe el cuento.
SEMPER NOCUIT DIFFERRE PARATIS, (siempre perjudica la tardanza cuando ya se está presto) Lucano dixit
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