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Cultura
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR J.J.CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 18 de Julio de 2016, Lunes

Lourdes Paredes Cuellas

Cultura -

Seamos dóciles, no hablemos de poderes ni poderíos y reservemos energía para después. Unos van al supermercado a proveerse de las últimas reservas de alma, otros al cementerio a recolectar las nuevas margaritas azules, entretanto los que saben hablar otros idiomas y se prestan al devenir de las lenguas ya saben quién y cuándo puede despistarlos de su camino. Lo único importante es que se sepa toda la verdad, ese es el objetivo al que entregarse de la forma más despiadada posible. Ya quedó dicho, seamos dóciles.

Menos es más. Casi nunca antes pasamos por esto, casi siempre ahora pagamos por aquello. Después ya será demasiado temprano y los que regresan del bar de la esquina suelen quejarse por el elevado precio de la cuenta, y en comparación con la calidad de las ingestas este bien pudiera ser pagado con sangre. Pagarán con la suya, aquí nadie quedará impune. Impugnaciones aparte, impregnaciones aporten, imposiciones aprieten. Subjuntivos e imperativos como armas prerrogativas de hoy, ayer y siempre. No hay ductilidad que valga ni canales que la soporten, de eso ya deberíamos habernos dado cuenta. Antes o después se sabrá toda la verdad, enciendan las linternas e iluminen el camino de vuelta a casa. Discutan de las cuestiones más elevadas cuando la luz se encargue de arrebatarles las vendas a sus ojos y las verdades sean de pronto dichas, por muy a chiste que les pueda sonar. Evapórense y enamórense al mismo tiempo. Emancípense y erradíquense a la misma vez. Enaltézcanse y embellézcanse al alimón. Mundos paralelos para un mismo resultado final, pinten los títulos de crédito de amarillo y de azul la música. Puertas al campo, ayuden a remar.

La nueva francachela está por venir, con los brindis al sol y los vendedores de humo dispuestos a engatusar a la última recién llegada de improviso. Por sus sonrisas los conoceréis, por sus enemistades los disfrutaréis. Todo depende del grado de implicación con la causa y de la patulea que a la que pertenezcan. Si han dejado en casa a la prole y bien engrasadas las mentiras la cosa les resultará mucho más sencilla. En cambio, si los tímpanos que a ellos les son inútiles se contagian al resto de la manada las palabras harán eco durante mucho más tiempo. Alguien se lo tenía que decir, sin mirarles a la cara pero afrontando sus miradas, despreciándolos como las piedras desprecian al sol. Desiertos de engaños. Despiertos de regaños. Descubiertos de estaño. Desencuentros de amaños. Si me contestas te araño. En esas estamos y a aquellas vueltas hemos vuelto a estar. Cojan el paraguas y arrímense a la hoguera. No tienen ni idea de lo que está aún por caer, solo busquen el mejor refugio y pónganse a cubierto, de todas las opciones buscaremos siempre la peor. Somos el penúltimo eslabón de la cadena trófica y hay alguien que todavía no sabe cuándo nos tocará comer en el nuevo reparto de viandas. Saben que se van a dar de bruces contra su propio destino y continúan en la senda equivocada; suponen que nadie va a descubrir sus cartas y siguen jugando con faroles de mala muerte; intuyen que jamás les llegará el sanmartín y se camuflan con otros cerdos camino de la matanza. Y nosotros aquí, viéndolas venir, convertidos en invitados de piedra y en meros espectadores de una competición absurda y demencial en la que todos compiten contra todos. Al cimar los cabellos del desagravio dejaron abiertas las puntas del final de la espalda, y eso ahora nos da alas para imaginar el terror que despiertan nuestras plumas al viento. De la plaga de la filoxera al temor a la hoja en blanco han pasado miles de estaciones y demasiados trenes vacíos a los que nadie quiso subirse en marcha. Pasaron los ídolos con más pena que gloria por la sementera de los deseos perdidos y miraron al suelo como si les importáramos un bledo. Oído cocina, no volverán a pasarnos por encima.

No hay remedio para los mendaces. No hay remiendo para los audaces. No hay remedo para los mordaces. Nada queda ya aquí por hacer ni nada que ofrecer que no tengan ya, incluso odio y rencor a raudales. Nos queda la cruel existencia de la cachipolla que no sabe qué hacer con su tiempo y se limita a inundar las aguas con su zumbido haciendo el máximo ruido posible. Así, para que se nos oiga donde incluso estaría prohibido hacernos oír, es como se conquistan y se pierden los imperios. Debemos comprar los pañales del que pretendemos formar parte, aún tenemos que limpiarle las babas al emperador.


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