Publicado el 17 de Agosto de 2020, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - 2020 está siendo un año atípico donde los haya. Una enfermedad altamente contagiosa ha transformado, mejor dicho, alterado, nuestras vidas. El primer embate lo pasamos entre marzo y junio. No es ningún secreto que la economía del país se ha visto duramente golpeada, tampoco somos el único de nuestro entorno en padecer un golpe en ese sentido y magnitud. Italia, Francia y Portugal han tenido secuelas del mismo grado, e inclusive el Reino Unido (donde en un primer momento se intentó poner la economía por encima de la salud, para cambiar después ante los hechos) va a sufrir una notable recesión.
Desde 1945 Europa en su conjunto no vive un golpe semejante a nivel económico. Eso va a tener sus repercusiones sociales si la epidemia continúa: paro, descrédito de las instituciones, auge de los radicalismos…
Pero todo apunta a que va a continuar, a que
estamos esperando una segunda ola. Las autoridades no lo tienen fácil, especialmente el Gobierno. Si se vuelve a actuar con un confinamiento total como durante el primer embate, la economía se vendrá abajo definitivamente, si no se actúa así, se pondrá en riesgo la salud de la población y subirá la mortalidad. En cualquiera de los casos, el Gobierno no tiene una solución perfecta, tal vez no exista.
Una cuestión sí está clara: tome la decisión que tome, la actual coalición se va a ver bajo presión, una intensa presión de una oposición que critica pero no propone, que azuza pero no argumenta, una oposición que, durante la desescalada y la gestión posterior, allí donde gobierna, no ha mostrado mejores soluciones. No obstante, seguimos dale que dale con la crispación, con enfrentar a la gente en vez hacer que el país afronte el reto que se le viene encima en el inmediato futuro de manera unida y coordinada. ¿El objetivo? Tomar el poder con una convocatoria anticipada de las elecciones, comicios en los cuales a ver quién puede votar en una situación de confinamiento, si se vuelve a imponer.
¿Se volverá a imponer el confinamiento? Posiblemente. ¿La escala del mismo? No se sabe, presumiblemente tendrá que ser una solución de compromiso entre mantener la producción y el consumo y reducir la movilidad individual, si no estaríamos ante una debacle económica que no hay dinero europeo que pueda pararla y, sin estabilidad social, no hay Gobierno que gobierne, ni de izquierda ni de derecha, sería un cóctel explosivo que pondría en peligro la democracia y sólo se podría contener a mediante el uso de la represión en mayor o menor grado.
Ya veremos este otoño, pero la situación no se presenta clara salvo en una cuestión: el virus -muy posiblemente- volverá a atacar con fuerza. Esperemos que más pronto que tarde den con la vacuna o con un tratamiento eficaz, por el bien de todos.
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