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Cultura
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR J.J. CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 16 de Marzo de 2015, Lunes

Lourdes Paredes Cuellas

Cultura -

Al rescate, en lo más profundo del océano, naufragan los navíos que habrían de sacarnos de la más absoluta ruina. Los restos del desastre quedaron esparcidos entre un pobre brazo de mar y una agonizante bahía que muere un poco más con cada nacimiento de las olas. Resurgen las fuerzas de la naturaleza y tiemblan las almas cándidas que un día pensaron que nunca llegaríamos a hacerlo. Sí, por fin el día ha llegado, con su noche y su tarde y su mañana y su por qué, incluso su por dónde. A cuenta de quién arribamos a este puerto, al macerar de plantas que no tienen en cuenta el medro con el que subsisten, a sorbos de beber los vientos por nadie que merezca que perdamos un milisegundo pensándolo. No solo pueden ellos, también podemos prender la mecha en el mismo centro del pábilo, elevar nuestros antebrazos al cielo y cerrar nuestros tobillos en un esguince letal que diezmaría al peor de los enemigos. De haberlo pensado antes, todo habría sido diferente ahora. Tuvieron suerte de que las dulces drogas que masticamos aquella maldita madrugada tardaran tanto en hacer efecto. Al amanecer, las pieles se llenarán de nuevas y frondosas escamas. 

De la leche en polvo extrajimos el mineral precioso. De la cebada prometida exprimimos el líquido sanador. Del agua del cielo separamos las moléculas mágicas. Del fondo de la lengua descubrimos las palabras ocultas. Lo nunca dicho por labios que no se saben expresar. Es un lenguaje absurdo, más propio de un viaje astral por tierras de penumbra que de humanos con un pie en el otro mundo. El paralelo de la adversidad. El meridiano de la estulticia. El escalpelo que el cirujano rompe en el quirófano. El milimétrico desistir de la realidad. Repudio, odio, venganza y miseria en las noticias de portada. Magia regia en el baño. Estados alterados de conciencia. Melodías de perdición. Sabiduría inservible. Cualquiera que se atreva a hablar, que levante el dedo corazón o se saque las piedras del bolsillo, aquí nadie entendió nunca al de al lado y los vecinos huyeron a casa del tigre que vive en la esquina. Si esto era lo que queríamos, aquello es lo que obtuvimos en justa recompensa. Qué cansados y qué viejos parecemos, y en cambio cuánto tiempo y cuán tremenda inmensidad nos queda por vivir.

El batracio cantaba en el estanque con todos los recursos a su alcance cuando el fantasma de la vivisección cortó de raíz las piernas que le anclaban al follaje. Es eso, siempre lo mismo, es el miedo el que nos impide regresar. El momento perfecto pasó y volverá dentro de tres fines de semana, antes de que el asco nos haga deponer la actitud que otro día nos perdió dentro del agujero. Aquí tampoco se está tan mal, al menos el aire infecto no nos falta y el calor de los animales nos hace sentirnos como en la calle, escuela formal y maestra en la vida de todo monstruo que se precie de serlo. Está en juego el cuello de tu hermano y solo te preocupas de contar los departamentos de tu billetera, e inmediatamente después te encoges de orgullo y afirmas que no fuiste tú, que fue él, el de al lado, que no recuerdas su nombre ni su rostro, pero que sí, que toda la culpa es suya. No tienes agallas y llevas a gala tu respiración asistida. Caminas con vías ancladas a tu anatomía y arrastras pecados de madurez que superan a las pequeñas faltas de juventud. Sobrevives inconsciente y ajeno a todo perdón. Experimentas el repudio y gozas con ello. Impúdico y banal, te metes en el cuerpo todo lo que una vez soñaste meterte y revientas con todo lujo de detalles. Insultas en idioma vernáculo a la lluvia que te impide avanzar. Sabes, porque lo experimentas, que el tiempo te dará la razón. Y entre gota y gota, te miras en el asfalto y le escupes al reflejo. Eso no eres tú, y cuando el vituperio supera al amor propio, la cosa empieza a ponerse definitivamente fea. Pies en polvorosa. Polvo rosa en los pies. Telones de acero por romper. Aceros rotos en el telón. Cuadros de arte incomprendido. Artes comprendidos en cuadro. Catecúmenos instruidos para matar. Instrucciones muertas en el nuevo catecismo. Memorias de unas putas dulces. Dulces para putas desmemoriadas. Consecuencias de la bipedación ilustrada. Bípedos consecuentes con su ilustración.

Esto solo es triste epistemología sin avance ni ramificaciones. Más información, en la ventanilla de al lado. Pero no olviden que el funcionario ha salido a desayunar y no volverá hasta la hora de la cena, cuando todos nos hayamos ido a casa y llegue la hora de recapitular poco a poco. ¿Dónde nos habíamos quedado? Pero sobre todo, ¿qué más da?

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