Publicado el 16 de Marzo de 2015, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Al rescate, en lo más
profundo del océano, naufragan los navíos que habrían de sacarnos de la más
absoluta ruina. Los restos del desastre quedaron esparcidos entre un pobre
brazo de mar y una agonizante bahía que muere un poco más con cada nacimiento
de las olas. Resurgen las fuerzas de la naturaleza y tiemblan las almas
cándidas que un día pensaron que nunca llegaríamos a hacerlo. Sí, por fin el
día ha llegado, con su noche y su tarde y su mañana y su por qué, incluso su
por dónde. A cuenta de quién arribamos a este puerto, al macerar de plantas que
no tienen en cuenta el medro con el que subsisten, a sorbos de beber los
vientos por nadie que merezca que perdamos un milisegundo pensándolo. No solo
pueden ellos, también podemos prender la mecha en el mismo centro del pábilo,
elevar nuestros antebrazos al cielo y cerrar nuestros tobillos en un esguince
letal que diezmaría al peor de los enemigos. De haberlo pensado antes, todo
habría sido diferente ahora. Tuvieron suerte de que las dulces drogas que
masticamos aquella maldita madrugada tardaran tanto en hacer efecto. Al
amanecer, las pieles se llenarán de nuevas y frondosas escamas.
De la leche en polvo
extrajimos el mineral precioso. De la cebada prometida exprimimos el líquido
sanador. Del agua del cielo separamos las moléculas mágicas. Del fondo de la
lengua descubrimos las palabras ocultas. Lo nunca dicho por labios que no se
saben expresar. Es un lenguaje absurdo, más propio de un viaje astral por
tierras de penumbra que de humanos con un pie en el otro mundo. El paralelo de
la adversidad. El meridiano de la estulticia. El escalpelo que el cirujano
rompe en el quirófano. El milimétrico desistir de la realidad. Repudio, odio,
venganza y miseria en las noticias de portada. Magia regia en el baño. Estados
alterados de conciencia. Melodías de perdición. Sabiduría inservible.
Cualquiera que se atreva a hablar, que levante el dedo corazón o se saque las
piedras del bolsillo, aquí nadie entendió nunca al de al lado y los vecinos
huyeron a casa del tigre que vive en la esquina. Si esto era lo que queríamos,
aquello es lo que obtuvimos en justa recompensa. Qué cansados y qué viejos
parecemos, y en cambio cuánto tiempo y cuán tremenda inmensidad nos queda por
vivir.
El batracio cantaba en el
estanque con todos los recursos a su alcance cuando el fantasma de la
vivisección cortó de raíz las piernas que le anclaban al follaje. Es eso,
siempre lo mismo, es el miedo el que nos impide regresar. El momento perfecto
pasó y volverá dentro de tres fines de semana, antes de que el asco nos haga
deponer la actitud que otro día nos perdió dentro del agujero. Aquí tampoco se
está tan mal, al menos el aire infecto no nos falta y el calor de los animales
nos hace sentirnos como en la calle, escuela formal y maestra en la vida de todo
monstruo que se precie de serlo. Está en juego el cuello de tu hermano y solo
te preocupas de contar los departamentos de tu billetera, e inmediatamente
después te encoges de orgullo y afirmas que no fuiste tú, que fue él, el de al
lado, que no recuerdas su nombre ni su rostro, pero que sí, que toda la culpa
es suya. No tienes agallas y llevas a gala tu respiración asistida. Caminas con
vías ancladas a tu anatomía y arrastras pecados de madurez que superan a las
pequeñas faltas de juventud. Sobrevives inconsciente y ajeno a todo perdón.
Experimentas el repudio y gozas con ello. Impúdico y banal, te metes en el
cuerpo todo lo que una vez soñaste meterte y revientas con todo lujo de
detalles. Insultas en idioma vernáculo a la lluvia que te impide avanzar. Sabes,
porque lo experimentas, que el tiempo te dará la razón. Y entre gota y gota, te
miras en el asfalto y le escupes al reflejo. Eso no eres tú, y cuando el
vituperio supera al amor propio, la cosa empieza a ponerse definitivamente fea.
Pies en polvorosa. Polvo rosa en los pies. Telones de acero por romper. Aceros
rotos en el telón. Cuadros de arte incomprendido. Artes comprendidos en cuadro.
Catecúmenos instruidos para matar. Instrucciones muertas en el nuevo catecismo.
Memorias de unas putas dulces. Dulces para putas desmemoriadas. Consecuencias
de la bipedación ilustrada. Bípedos consecuentes con su ilustración.
Esto solo es triste
epistemología sin avance ni ramificaciones. Más información, en la ventanilla
de al lado. Pero no olviden que el funcionario ha salido a desayunar y no
volverá hasta la hora de la cena, cuando todos nos hayamos ido a casa y llegue
la hora de recapitular poco a poco. ¿Dónde nos habíamos quedado? Pero sobre
todo, ¿qué más da?
Disco del mes: Golden Smog - Another fine day
"Y mi nueva idea se
toca con la vieja por las puntas y se separa por el vientre"
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